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La peor metida de pata que me mandé viajando (y la de 11 viajeros más)

por Maru Mutti

Por alguna razón muchos creen que si viajaste mucho o si conocés demasiado un lugar nada puede salir mal, pero hay algo que nadie puede evitar: meter la pata. Todos, alguna que otra vez, nos mandamos alguna, nadie se salva. Y si no, el que esté libre de pecado que lance la primera piedra. Por eso, para reírnos un rato y para que veamos que todos nos podemos equivocar alguna vez, 12 viajeros escribimos sobre una misma consigna: «cuál fue la peor metida de pata que me mandé viajando«.

LA PEOR METIDA DE PATA QUE ME MANDÉ VIAJANDO

Lo que más nos preocupaba cuando estábamos organizando nuestro viaje a Australia – el viaje que dio comienzo a nuestra vida de viaje – era conseguir trabajo y como eso lo solucionamos incluso un mes antes de dejar Argentina nos relajamos.

Nuestro destino inicial era Sidney, donde pasamos 10 días increíbles empezando a conocer un poco sobre la vida en Australia y recorriendo lo más que pudimos de esa ciudad. Pero desde allí teníamos que irnos hasta la otra punta del mapa y llegar a Derby, el pueblo del oeste australiano que sería nuestra casa por cinco meses. No nos quedaba otra que ir en avión, así que sacamos los pasajes sin ni siquiera mirar los horarios y cuando ya los teníamos nos dimos cuenta de que el vuelo era super temprano. No nos preocupamos demasiado, ya habíamos dormido en aeropuertos antes y esta vez no tenía por qué ser diferente.

Excepto que nunca se nos ocurrió mirar si el aeropuerto estaba abierto las 24 horas (en realidad, nunca se nos ocurrió que podía no estarlo) así que teníamos dos opciones: gastarnos una fortuna pagando una noche extra en el hostel para tener que tomarnos un taxi a las 2 de la mañana o ir al aeropuerto de todas formas. Obviamente elegimos la segunda opción, Australia no es reconocido por ser un país barato así que no había mucho que pensar.

El tema fue que esa noche hizo un frío tremendo y nosotros no teníamos más que un buzo como abrigo así que terminamos durmiendo casi congelados en la puerta de Departures y dimos tanta lástima que hasta un guardia de seguridad decidió abrirnos el aeropuerto un rato antes para que pudiéramos entrar.

la peor metida de pata que me mandé viajando

LUCAS Y LUDMILA (MOCHILAS EN VIAJE)

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Nos pasó en Kazajistán. En el remoto pueblo de Kostanái, a unos 200 kilómetros de Rusia. Teníamos 700 kilómetros por delante para llegar a Astaná, capital kazaja y un plan muy ambicioso: llegar ese mismo día y haciendo dedo.

Comenzamos a hacer dedo. Nuestro poco ruso y nuestro inexistente kazajo no nos ayudaban en la comunicación con nuestros posibles conductores. Finalmente un coche frena, logramos entendernos, no nos quiere cobrar, tiene lugar para los 2 y para las mochilas. Todo parece perfecto. Nos subimos.

Al cabo de unos kilómetros, el hombre nos pregunta a dónde vamos. No entendemos que nos dice, nos quiere hacer bajar, frena el coche. Sacamos nuestro comodín “Messi, Maradona, Argentina” para que nos quiera llevar unos km más. Avanzamos. Pero vuelve a preguntarnos a dónde vamos. No nos entendemos. El hombre se compadece y llamá por teléfono a un sobrino que chapuceaba inglés. El chico nos explica que Astaná queda para el otro. Ups.

Vuelta a hacer dedo. A nuestros 700 kilómetros tuvimos que sumarle 100 km más por no haber mirado bien el mapa. Ese día, luego de 5 autos más llegamos a la capital Kazaja.

El detalle: en 3 años de viajes, 61 países visitados juntos (y la mayoría a dedo) fue la única vez que Ludmila estuvo encargada de mirar el mapa. Ese día Lucas estaba enfermo.

FEDE Y SOL (ARGENTINA Y EL MUNDO)

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La primera anécdota que se nos vino a la mente fue en Nueva York. Era nuestro último día del viaje y teníamos vuelo hacia Buenos Aires aproximadamente a las 8 de la noche, por lo cual habíamos pensado en que teníamos que salir del hotel aproximadamente a las 4:30 para llegar unas 3 horas antes al aeropuerto.

Por la mañana habíamos ido a presenciar una misa gospel en Harlem y después de eso habíamos decidido ir a patinar al Central Park. Nuestro primer error fue posponerlo para el último día sabiendo que nos íbamos a querer quedar por bastante tiempo. Cuando llegamos a la pista ya eran casi las 2:30; teníamos menos 2 horas para patinar algo e irnos. Nosotros pensamos «no hay problema, total más de 2 horas no vamos a patinar».

Resulta que no nos dimos cuenta y se nos pasó la hora y eran más de las 4 y seguíamos patinando. Salimos corriendo (unas 15 cuadras), terminamos de armar todo y fuimos para el metro para conectar con el tren. Hasta ahí más o menos estábamos complicados con el tiempo pero llegábamos bien. Pero lo peor de todo fue que cuando llegamos a la estación de tren justo se había ido y el próximo salía media hora después.

Nuestro segundo error fue no haber salido a tomar un taxi que nos llevase directo al aeropuerto. Así que esperamos que llegara el tren y durante el recorrido al aeropuerto cada 5 minutos decíamos «no llegamos, no llegamos». Faltaban 30 minutos para el despegue cuando llegamos al mostrador. Por suerte ya habíamos hecho el check in y solo teníamos que despachar valija. La persona que estaba para ayudar lo hizo de muy mala manera y hasta nos quería hacer pagar exceso por 1 kilo. Nos tuvimos que poner a desarmar las valijas. Cuando las despachamos nos fuimos corriendo al avión.

Pero al llegar a seguridad nos cerraron el acceso y nos dijeron que debíamos ir por otro lado. Tuvimos que pedir en inglés (y en Estados Unidos que no es nada fácil) que nos permitieran pasar por ahí. Nos dejaron pero como la fila era bastante larga tuvimos que pedirle a uno por uno que nos dejara pasar porque perdíamos el avión. Entre algunos que nos ayudaban y gente que no nos quería dejar pasar alguien de seguridad se apiadó de nosotros y nos dejó adelantar.

Finalmente llegamos al avión 5 minutos antes de que cerrara la puerta, casi por morirnos. Así que nuestra recomendación es que nunca dejen nada interesante para el último día y tomen todas las precauciones para evitar perder un vuelo. Nosotros somos bastante organizados con todo esto y tomamos miles de vuelos pero pensamos que por un ratito más no iba a pasar nada y pasó… Hoy lo tomamos con mucha gracia porque nos acordamos nuestras caras de sufrimiento pero el momento fue horrible y tampoco olvidaremos más haber patinado en el Central Park. Realmente valió la pena!!!

PAMELA (LA BRÚJULA VIAJERA)

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Era mi última noche en esa ciudad que sufre un severo caso de hermosismo: Praga. Tomé el metro y pagué por el ticket más barato cubriendo mi ida y mi vuelta.

Al regreso estaban los controladores y yo orgullosa mostré el mío. El problema es que no había visto la letra chica y debía haber vuelto ¡hace dos horas!

El tipo se puso medio nazi y no me quería dejar ir. Cometí el error de darle mi pasaporte y no me quedó otra que pagar una multa carísima. Pero no andaba trayendo plata suficiente conmigo así que volver a la hostal con dos policías a cada lado dió bastante que hablar en mi habitación esa noche.

TOFI Y LETU (PINTANDO KILÓMETROS)

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A comienzos del 2017 hicimos un viaje a Europa y como buenos viajeros argentinos que viven buscando los vuelos más baratos encontramos uno que salía de Foz do Iguazú en Brasil. Como está cerca de la frontera con Argentina, decidimos ir antes a Puerto Iguazú a ver las Cataratas y hacer unas compras.

Aprovechando que el día anterior al vuelo a Barcelona era el cumple de Letu, queríamos cruzar la frontera por tierra ese día y festejar allí. Todo venía normal, entramos a la oficina de migraciones en la frontera, lugar donde habíamos estado un año y medio antes sin complicaciones.

Eran las 23:30 de un viernes y arrancamos con caras largas del otro lado del mostrador. Nosotros con sonrisa de oreja a oreja  entregamos documentos argentinos y la empleada nos pregunta que vamos a hacer en Brasil en un portugués cerrado que nosotros casi no entendíamos. Le contamos que íbamos a tomar un vuelo al otro día, nos pidió los pasaportes y ahí comenzó el problema.

Dato importantísimo: le dimos un pasaporte argentino y uno norteamericano. Sí Letu es made in USA.  La empleada miró el pasaporte argentino así nomás, luego revisó bien el otro, miró hoja por hoja, nos miró y nos preguntó:

Sra. de inmigraciones: E o Visto?
Letu (mirándome desorbitada): ¿Qué? ¿visa dijo? ¿Qué visa? ¿De qué habla?

Nos pusimos los dos pálidos, después rojos de ira, después discutimos, peleamos, pedimos explicaciones, todo un desastre, que fue pura y exclusivamente responsabilidad nuestra – pero el enojo es ciego (?) -.

Finalmente la dejaron pasar pero solo esa noche, porque no podía salir de Brasil hacia otro país sin la visa, que no es lo mismo la reciprocidad que ese país le cobra a EEUU. Esto nosotros no lo sabíamos, como ya habíamos pasado por ahí antes sin problemas no se nos ocurrió averiguar antes del viaje.

Mochilas, calor intenso, de noche un viernes…jajaja todo era gris!

Fue una noche larga. Fuimos al hotel que teníamos reservado cerca de la frontera, y ¡bingo! No tenían nuestra habitación no sé por qué problema y nos mandaron a otro hotel muy lejos de ahí. No había nada de nada, no teníamos comida, pero teníamos hambre…fórmula maléfica para un viajero en situación de trance. Estábamos de cumpleaños pero nosotros para ese momento ni lo registrábamos ya. La idea era festejar y festejamos sacando un vuelo a Buenos Aires para el otro día a primera hora para que de ahí Letu volara a España el sábado.  Lo más gracioso fue avisar a la familia que hacía unas horas nos había despedido para que fueran a buscar a Letu que ya estaba de vuelta, imagínense madre de un viajero que sufre cuando su hijo se va…ella se iba en un día dos veces! 

Nos encontramos en Barcelona el domingo y pudimos empezar nuestro viaje sin contratiempos… Al menos por un rato, porque como Letu no usó el vuelo de ida, no le permitían usar el de vuelta a menos que pagáramos US$2.000!!! No way! Al final tuvimos que comprar otro vuelo para ella y viajar separados también a la vuelta… hoy exactamente un año después recién terminamos de pagar todos esos pasajes!!

Moraleja, siempre siempre averigüen por las visas en los países a los que irán y con una tarjeta de crédito vigente. En unos días, Letu tendrá su visa de Brasil por 10 años.

VANI Y MATI (VANI & MATI DE VIAJE)

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Antes de empezar, aclaramos que esta no es una de esas anécdotas que, a pesar de haber sido una metida de pata, es divertido recordarla… ¡Pero, les advertimos que por lo menos tiene un final feliz!

Somos una pareja viajera con algunos años de experiencia (9 años viajando juntos aproximadamente), y nos tomamos muy en serio la preparación previa y esto de ser precavidos. Por eso, tratamos que los detalles estén librados al azar lo menos posible. Sin embargo, en este último viaje, dejamos nuestra mochila de la cámara arriba de un tren (con todos las cosas con las que registramos nuestros viajes), el último día de Taipei, Taiwán, camino al aeropuerto.

Nosotros somos fanáticos de Asia. No solo por su exquisita comida, sus edificios estrambóticos o por la eficiencia de sus mega-ciudades (ese caos tan increíblemente organizado). Sino más bien por su idiosincrasia: lo que es del otro, es del otro, una costumbre olvidada por nuestros pagos. Quizás por esto esta anécdota termine bien: luego de algunos angustiosos minutos (que fueron eternos), la pudimos recuperar.  Gracias a la chica que trabajaba en la estación de tren, que se comunicó con la gente que se encarga de limpiar los vagones y dejó que Mati volviera a subirse al tren para ir a buscarla a la siguiente estación esto pasó a ser solo una anécdota.

Si no hubiera sido en el tren directo al aeropuerto que tenía la estación terminal en la siguiente parada, y si no hubiera sido en Taiwán, probablemente no hubiera tenido final feliz…

Así, la conclusión que sacamos es, que por más experiencia de viaje que tengamos, siempre hay espacio para los imponderables. Y por sobre todas las cosas, estas situaciones viajeras nos hacen más sabios.

JANIRE Y JACOBO (CRÓNICAS DE UNA MOCHILA)

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A despistados a nosotros no nos gana nadie: Podíamos contarles la vez que estuve de vacaciones y perdí un avión para hacer el último examen del curso de la uni. O la vez que siendo una adolescente viajando a Boston a aprender inglés, perdí mi pasaporte en el aeropuerto un rato antes de subirme a un transatlántico. Pero preferimos contar una historia reciente.

Hace cosa de un mes, tuvimos que ir a la isla vecina de Koh Samui para extender el visado y poder estar un mes más en Tailandia. La idea del viaje era muy sencilla: tomar un ferry, un taxi hasta inmigración y tomar otro taxi de vuelta al ferry. Pero nosotros, que a veces somos un poco tacaños y nos gusta vivir al límite, quisimos ahorrar el dinero del taxi y alquilar una moto que nos salía más barato. Además, así nos daba tiempo a ir a comer una hamburguesa en el Mc Donalds (es lo que tiene reencontrarte con la civilización).

Pero lo que parecía muy bonito se puso negro de repente. Ya íbamos tarde para recoger los pasaportes (¡íbamos a perder el ferry!) y no se nos ocurre otra cosa que pinchar rueda. Perdimos media hora arreglando una rueda que encima nos costó el doble de lo que valía, y por tardar tanto llegamos a inmigración cuando habían cerrado: tuvimos que esperar otra media hora a que volviesen a abrir.

Estábamos ansiosos por llegar al ferry de una vez (un amigo que estaba arriba nos iba retransmitiendo en directo cómo iban las cosas) así que cuando llegamos a la peluquería donde habíamos alquilado la moto, tuvimos que suplicarle a la chica que por favor nos llevase de tres. Y cuando por fin llegamos todo contentos pensando que lo habíamos conseguido, nos llegó la noticia: el barco seguía en tierra pero no nos dejaron entrar. Habían vendido nuestras plazas por no hacer el check in. ¿Moraleja? No seas rata, lo barato puede salirte caro.

TAMI Y LUCAS (VIAJAR ES VIVIR)

la peor metida de pata que me mandé viajando

Estábamos en Vietnam y compartimos excursión con una familia coreana compuesta por 3 personas: padre, madre e Hija. Estuvimos todo el día con ellos pero siempre hablaban en su idioma. Resulta que el padre era literalmente un desastre. Comía con la boca abierta, eructaba, se tiraba pedos…

Como bien argentinos que somos los bardeamos porque no podíamos creer la situación. En un momento, nos toca compartir mesa con ellos… y nosotros pensando que no nos entendían el español, seguiamos bardeando…

Hasta que la hija dice “hola chicos, yo fui profesora de español por más de 4 años, así que los entiendo bien”. No les puedo explicar nuestras caras… Al final quedó todo bien y al otro día los volvimos a encontrar en un micro, pero lo que nos reímos contando esta anécdota no tiene nombre.

CECI Y SEBA (HOLA MONDO)

la peor metida de pata que me mandé viajando

Conseguimos hospedarnos gratis en una mansión en Singapur sólo a cambio de cuidar un perro. La cuestión es que los dueños me pidieron estar ahí entre las 3:30 y las 4:00 de la tarde antes de irse de vacaciones. Me tomé un bus nocturno, llegué a la frontera a las 7 de la mañana, con suficiente tiempo. Quería desayunar tranquilo, trabajar en unas cositas, almorzar sin apuro, ir caminando despacio escuchando música, cosa de no aparecer a las apuradas y transpirado. No. Quería llegar relajado y que me muestren su casa, jugar un poco con su perro, tomar juntos un café, charlar unas horas de la vida y despedirlos calurosamente, haciéndolos sentir seguros de dejarme su casa y su mascota.

Qué ingenuo fui. No contemplé que los fines de semana la frontera se llenaba a la mañana y estuve horas para que me pusieran el sellito. Tampoco contemplé que cuando al fin crucé me metí en un hall de salida creyendo que era para salir de la frontera cuando en verdad era para salir de Singapur. Le pedí al de seguridad si me podía abrir pero, desconfiado de mi pasaporte abarrotado de sellos me llevó a un piso aparte donde un policía me interrogó hasta que se cercioró que no era un traficante sino simplemente un pelotudo. Salí de la frontera, corrí, tomé un bus, corrí, tomé un tren, corrí, corrí.

Eran las 4:05 de la tarde y estaba a doscientos metros. Por primera vez en el día respiré relajado. Fui a un costado de la calle, me saqué la remera empapada de transpiración, me puse una nueva. Agarré el teléfono y empecé a grabar una story para nuestro Instagram riéndome de todo lo que había pasado. Pero en la mitad de una carcajada frenó abruptamente una moto a mi lado.

“¿Sebastián?” me dijo el que manejaba. “Te estuve buscando por todos lados,» agregó. Miró a mi teléfono, todavía en mi mano en posición de selfie y me miró de nuevo, con desconcierto y frustración y enojo. Consideré prudente guardarlo. “Te pedimos entre las 3:30 y las 4:00,” dijo. “Hola, ¿pero no son las 4?” “Sí, y a las 4 nos teníamos que ir al aeropuerto. Nuestro vuelo sale en una hora. Seguime.” Y arrancó en moto y yo salí corriendo atrás. Terminé llegando a su casa transpirado, con cara de loco, con demasiado poco tiempo para pedir disculpas y hacer preguntas. Mientras nos despedimos era claro que se arrepentían furiosamente de dejarme su casa y su mascota. Pero buéh. Me puse la malla y me metí en su pileta.

LINA Y ANDRÉS (RENUNCIAMOS Y VIAJAMOS)

la peor metida de pata que me mandé viajando

–          “¿Cuántos días piensan estar en Belice?”, preguntó el oficial de migración.

–          “Uno. Necesitamos renovar la estadía en Guatemala pero después pensamos regresar”, respondió Lina.

Era nuestra primera vez en Melchor de Mencos, la frontera que separa a Guatemala de Belice.  Los días para que se venciera nuestro permiso de viaje por los linderos guatemaltecos estaban llegando a su fin, y registrar una salida del país nos garantizaba renovar la estadía para poder exponer nuestras fotografías viajeras por invitación de la embajada de Colombia en Guatemala. Entonces nos fuimos para Belice poseídos por la inocencia de creer que en esa frontera encontraríamos un giro en un mágico renovador de sellos en los pasaportes.

Pero…

–          “Esto es una falta de respeto para nuestro país”. “Habrase visto”. “Regresen por donde vinieron”. “Váyanse que en este momento están de ilegales en nuestro país”.

Todo en un inglés regañado y gritado que más bien parecía un trabalenguas.

Entonces regresamos a Guatemala y enfrentamos horas de citas y filas para renovar la estadía. Cincuenta días pasaron y allí estábamos de nuevo: haciéndonos como que nosotros no éramos, esperando que las miles de personas que transitan por esa frontera hubieran sepultado en el olvido el día en que llegó una pareja de majaderos colombianos creyendo que aquello era una puerta giratoria.

No hubo problema en el momento. Aprendimos la lección tras la metida de pata. Belice es una belleza.

FLOR (VIAJE Y DESCUBRA)

la peor metida de pata que me mandé viajando

Soy una persona organizada pero también me gusta dejarme llevar. En octubre pasado fue nuestra primera vez en Asia y queríamos vivir uno de los festivales más importantes, el Ye Peng en Chiang Mai (Tailandia), donde todos lanzan las «linternas» al cielo pidiendo deseos. Fui precavida y reservé el alojamiento con meses de anticipación PERO colgué con el transporte desde Bangkok. No lo podía creer.

Nos dimos cuenta unos días antes y no conseguíamos NADA. Me sentía una novata y fue mucho peor cuando «confiamos ciegamente» en una tailandesa de una agencia que nos estafó olímpicamente. Terminé llorando en la estación de trenes, desilusionada sobre todo porque la mujer me había dicho «you are my friend» cuando nos vendió tickets de tren inexistentes y yo ya la quería. La buena noticia es que terminamos viviendo el festival, unos días más tarde, pero la metida de pata terminó con final feliz.

FLOR Y CHRIS (MALABARES DE VIAJE)

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Tenemos todo planeado, a pesar de no tener un itinerario, tenemos todo calculado, sabemos de vuelos, de hospedajes, de ciudades, de quién de los dos se encarga de cada cosa. Hasta que un día, cambiamos las mochilas de mano.

Y llegó el día que nos pasó lo que nunca quisimos que nos pase. Dijeron nuestros nombres por altoparlantes de un aeropuerto.

En Siem Reap, nos llamaron, mal pronunciados, y con todo el temor qué nos recorrió desde los pelos hasta la uña más larga de nuestros pies, fuimos hasta el mostrador. Al llegar había 2 policías y 3 empleados del aeropuerto con algo que nos resultaba muy familiar, y muy amablemente, nos hicieron algunas preguntas personales y todo eso era para devolvernos nuestros pasaportes que nos habíamos olvidado en el baño.

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