Wayan, el primogénito (o por qué decidí tener un gato después de viajar por Asia)

Como en cada rincón del planeta, Indonesia tiene sus costumbres. En este país, más precisamente en Bali, aunque también en otras regiones como Lombok, existe una tradición para identificar a los hijos de cada familia. Según el orden de nacimiento, cada uno tendrá un nombre que será repetido por todas y cada una de las familias. En la isla no te preguntan si sos el hijo mayor, menor o del medio te preguntan tu nombre.

Wayan es el nombre con el que se reconoce a todos los primeros hijos de las familias balinesas (aunque también puede ser “Putu” o “Gede”, pero éste es el más conocido). Y Wayan es el nombre con el que muchos de los vendedores del mercado local de Ubud me llamaban cuando me preguntaban si tenía hermanos o cómo estaba compuesta mi familia. Sí, yo soy Wayan y Wayan también es mi gato, el que hoy cumple su primer añito y que desde hace 11 meses comparte su vida conmigo.

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Si bien nunca fui muy amante de los animales, durante mi adolescencia llegué a convivir con tres perros y un gato. Sin embargo, nunca imaginé ser yo la que decidiera adoptar una mascota. Soy una persona muy independiente e inquieta y eso de tener que pensar en cómo acomodar los tiempos porque tenés que cuidar de un animal, no encajaba mucho con mi estilo. Sin embargo, algo durante mi viaje a Asia hizo que cambiase de opinión.

No puedo decir qué fue lo que hizo que de repente quisiera tener un gato como compañero de departamento pero sí puedo decir que lo decidí durante los 10 días que pasé en Ubud. Por eso lo bauticé con ese nombre, porque fue la cultura balinesa la que me terminó de convencer y porque, en definitiva, vendría a ser como mi primer hijo (no virtual, porque en ese caso este blog vendría a ser el primero 😛 ).

Ya desde el principio de mi viaje por Asia empecé a tener una conexión diferente con los gatos. En Ko Phi Phi, por ejemplo, iba a un restaurante no sólo por la comida excelente que hacían sino también porque estaba lleno de gatos grandotes, gordos y súper mimosos. ¿Se acuerdan de los que dormían en la heladera? Me volví loca con ellos, empecé a prestarles cada vez más atención y el sentimiento de querer uno para mí iba creciendo con el correr de los días.

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Y se intensificó mucho más cuando al llegar a Roma, descubrí que una de las chicas con las que iba a vivir tenía un gato. Aunque vivía encerrado en el dormitorio de su dueña, cuando estábamos solos en la casa yo lo dejaba salir para que nos hiciéramos compañía mutuamente. Ahí, recordé lo que era tener un gato y entendí cuántas ganas tenía de volver a tener uno.

Y así fue, tres meses después de haber vuelto, Wayan llegó a mi vida. Había sido abandonado en la calle junto a dos hermanitos, no tenía mamá y la persona que lo cuidó hasta que yo lo adopté lo crió como a un bebé, ¡con mamadera incluida! Lo prepararon para que sea una mascota mimosa y apegada, juguetona y dulce.

Fue amor a primera vista. Era un gatito bebe super chiquito de pelo y ojos grises. Apenas quise abrazarlo no lo dudó ni un minuto y vino conmigo como si hubiese sido yo la que lo rescató de esa caja en la que lo dejaron. No lloró ni quiso escaparse, simplemente dejó que lo cargáramos en brazos y lo lleváramos con nosotros. Era del tamaño de una mano, tal vez apenitas un poco más grande y parecía sentirse torpe cuando pisó su nueva casa por primera vez.

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Hoy ya es un señor gato. “La Bestia” lo apodó Nico cuando empezó a mostrar que su personalidad era tan inquieta como la de su madre adoptiva. Es revoltoso, juguetón, inquieto y rebelde. Es mimoso, compañero y sobre todo sociable. Le encanta llamar la atención, que lo miren y que lo mimen. Es curioso y a veces, hasta parece ser pensativo. Le encanta quedarse horas mirando por la ventana y por momentos creo que está deseando salir a descubrir el mundo, a ver qué hay más allá.

Así es Wayan y así es como yo quería que fuese, como lo imaginaba cuando caminando por las calles de Ubud me dije a mí misma “sí, cuando vuelvas vas a tener un gato”.

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9 comments

  1. CLAUDIA 15 noviembre, 2013 at 13:02 Responder

    me encanto, y porque no decir que somos los abuelos adoptivos para los findes y los dias que estan de viaje. Hermoso wayan, un gato dulce, sencillo, sensual, cariñoso y revoltoso como su dueña. besos

  2. Leandro 24 junio, 2014 at 22:05 Responder

    Cuanta conexión entre las personas que gustan de viajar y los gatos! Conozco más de un ejemplo (hastaprontocalatina), aniko y la lista de amigos/amigas viajeras sigue. Yo también tengo un gato desde que volví del sudeste asiático, y es muy parecido al tuyo! Algunos dicen que los gatos son más independientes,tienen menos compromiso afectivo (algunos afirman que los gatos ni nos quieren en cambio los perros si), y nos cuesta menos dejarlos en su casita mientras viajamos. Acabo de conocer tu blog, ya me interiorizaré mas del mismo. Saludos viajeros! Lean

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