De viaje por la Costa Este de Australia

Dejamos Brisbane el lunes a las dos de la tarde. El micro con rumbo a Noosa salió repleto de viajeros como nosotros que, después nos daríamos cuenta con el correr de los días y las paradas que fuimos haciendo, tenían el mismo objetivo que nosotros: recorrer toda la Costa Este de Australia con destino final en Cairns.

Cuando empezamos a planear este viaje con Nico y Carla pensamos en todas las alternativas que teníamos para hacerlo. Yo, particularmente, tenía ganas de hacer un Road Trip (o un viaje en ruta) manejando. Quería que nos alquiláramos un auto o una van (si era una de esas combis todas pintadas con mensajes de amor, paz, felicidad y libertad mejor aún) y saliéramos a dejar que la ruta guiase nuestro camino. El único detalle, no menor, es que de los tres yo era la única que tenía permiso para manejar en otro país pero nunca había manejado al estilo inglés (o en este caso australiano).

Pasamos días debatiendo si si o si no. Me dijeron que la ruta era fácil: “dale todo derecho y llegás a Cairns”. Eso me convencía. Tampoco podía ser tan complicado manejar del otro lado, ¿no? Pero un día, mientras caminábamos por Brisbane, Nico me mostró cuál era el camino que tenía que tomar para agarrar la ruta (él es que se encarga de la orientación como podrán ver) y ahí me di cuenta de algo que, por todas mis ganas de agarrar un auto, había pasado por alto. “Tengo que manejar en la ciudad”, pensé. Ahí fue cuando me empezó a agarrar un no sé que. A ver, experiencia manejando tengo. Empecé a manejar cuando tenía 12 años, con toda la santa paciencia de mi papá que me enseñaba a usar su camioneta en calles de tierra y a veces barro. A los 17 saqué el registro y manejé por la General Paz en viernes previos a fines de semana largo. Pero Australia es diferente. No conozco sus reglas, sus rotondas me marean y vamos a ser sinceros, todavía no sé bien para que lado tengo que mirar cuando cruzo la calle y ¿todavía me quedan ganas de hacerme la viva y manejar?

Claramente, desistí. Y menos mal que lo hice porque cuando empezamos el viaje y vi que para entrar a cada pueblito tenía que girar por lo menos tres rotondas y después volver a guiarme en la izquierda-derecha o donde sea que van los autos por acá, supe que me hubiera puesto más nerviosa de lo que pensaba y más que disfrutar iba a pasar el camino completamente estresada.

Así que buscamos opciones y el bus nos permitía parar en los pueblitos que habíamos elegido y volver a subirnos para seguir al siguiente, por apenas un poquito más de plata de lo que habíamos pensado. No lo dudamos. El viernes compramos el pasaje, elegimos el primer destino y a los tres días empezamos nuestro viaje por la zona más famosa (y turística) de Australia.

Primera Parada: Noosa

Llegar a Noosa fue más o menos como llegar a Cariló o Pinamar. Casitas modernas, que muestran su personalidad. Barrios lujosos y hostales de precio bastante elevado. Prometía mucho y cumplió. Al menos ese fue el primer sentimiento que nos generó. Aunque no encontramos el mar de agua turquesa que nos mostraban las fotos de las agencias de viajes o Internet, tampoco nos encontramos con una playa sucia ni nada por el estilo. Más bien todo lo contrario. Se nota que en Noosa la gente se preocupa por mantener su lugar limpio y ordenado.

Fue uno de los pocos lugares donde el mar estaba libre de redes. Las ya famosas Jelly Fish no andaban de paseo por esta zona, así que Nico y Car pudieron disfrutar del agua sin preocupaciones (para mí, el agua de este lado de Australia es demasiado fría así que me le escapé durante todo el viaje).

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Lo más lindo, para mí, de este lugar fue la caminata que hicimos dentro de su Parque Nacional. Según dicen, este es uno de los puntos estratégicos para ver koalas. Apenas llegamos a Noosa le preguntamos a todo aquel que se nos cruzaba si había podido verlos. Nadie dudó. Todos nos lo confirmaron: en Noosa se ven koalas.

De hecho, el día que decidimos sumergirnos dentro de los recovecos del parque leímos un cartel enorme que nos contaba exactamente en qué lugar los habían visto el día anterior. Nada podía fallar. Al parecer, ver koalas era más fácil que no verlos. “Si ven gente mirando para arriba, es una buena señal. Quédense ahí que seguro los encuentran”, nos dijeron cuando fuimos a pedir el mapita del parque.

No solo no vimos ni un solo koala (igualmente, después nos dijeron que solo hay dos habitando todo el predio), sino que tampoco vimos gente que pareciera muy obsesionada en buscarlos. Excepto por nosotros tres, claro. Creo que estuvimos más cerca de tropezarnos con un tronco por mirar hacia arriba incesantemente que de ver uno de estos animalitos. Pero el recorrido por el parque estuvo lindo. Por momentos pasaban cosas raras como ser los únicos haciendo un recorrido repleto de árboles y escuchar como si estuviesen abriéndose y cerrándose puertas en sus copas. Cuando algo así pasaba nos quedábamos quietos como estatuas para poder entender mejor el sonido que, por supuesto, no se volvía a repetir hasta que dábamos el paso siguiente. Yo estoy segura de que eran los koalas espiándonos como si estuviéramos jugando a las escondidas mientras se reían jactándose del buen escondite que encontraron para despistarnos.

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Segunda Parada: Rainbow Beach

Cada vez que pienso en Rainbow Beach siento que fue la gran decepción de este viaje. Aunque no sabía prácticamente nada del lugar y no podía imaginar con qué nos íbamos a encontrar, la atmósfera de este pueblito sumada a los precios excesivamente elevados de los comercios que se aprovechan de que es uno de los puntos más famosos para ir a Fraser Island (una isla según dicen paradisíaca por la que cobran tours carísimos y de la que muchos vuelven sin recordar nada por el exceso de alcohol), no me gustó para nada.

No sé si soy yo que ya estoy un poco mayor para aguantar para ciertas cosas (creánme, los años no vienen solos) o si Rainbow Beach perdió su encanto cuando alguien decidió convertirlo en un destino de fiesta, de hostales caros y en muy malas condiciones y de gente irrespetuosa que lo único que le interesa es emborracharse aunque eso les cueste los últimos centavos de su cuenta bancaria y tengan que pedir prestado rodajas de pan para comer (les juro que esto no es una exageración sino una situación real que tuvo como protagonista a una chica belga).

Pero Rainbow Beach también tuvo su lado positivo. Sumamos a nuestro viaje a Juli, una chica argentina de Rosario que hace ya unos nueve años que reparte su vida entre su país natal, España y el resto del mundo, tuve mis primeras clases de macramé a cargo de Car (un nuevo hobbie que tuve que abandonar por desabastecimiento de la materia prima), Nico disfrutó de un mar lleno de olas como las que a él le gustan y vimos arena negra por primera vez en nuestras vidas. Eso sí, pese al nombre, no vimos ni siquiera un arcoiris.

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Tercera Parada: Hervey Bay

Tengo que decirlo: de todos los lugares que visitamos, este es el único al que volvería. La primera razón puede ser, para algunos, la más ridícula. Amé el hostel donde nos alojamos. Es uno de esos lugares atendido por sus propios dueños que logran hacerte sentir en tu casa. Llegamos alrededor de las nueve de la noche y nos encontramos con el hostal más limpio en el que hayamos estado en todo Australia y un calor de hogar difícil de igualar. Sus dueños, neozelandeses de nacimiento y viajeros por elección, decidieron establecerse en esta ciudad del este australiano después de haber recorrido más de treinta países (incluída la Argentina) del mundo. Claro, ahí me cerró todo. Ellos decidieron tratar a los viajeros de la misma forma que ellos quieren ser tratados por el mundo. Para que se den una idea de lo bien que me hizo sentir el lugar, tengo que confesarles que hasta sentí la necesidad de felicitarlos y agradecerles por cómo respetan al viajero y ofrecen lo que de verdad es una excelente relación calidad-precio. Sin dudas, los dólares mejor gastados en alojamiento en todo el país hasta el momento.

Pero más allá del hostal y de la calidez con la que nos recibieron, Hervey Bay nos recibió gris y lluviosa. Para algunos puede ser una de las peores situaciones del mundo. Viajás a la playa y no deja de llover ni siquiera un momento. Nico y Car se los pueden explicar mejor seguramente. Pero para mí, fue una sensación de alivio y felicidad absoluta.

Estaba agotada del calor. Mental y físicamente agotada. No soy una chica de verano y ya llevábamos más de seis meses viviendo en temperaturas que superaban los 30 grados, necesitaba un respiro. Y Hervey Bay me lo dio. Disfruté como nunca salir a caminar con algo más que una musculosa y un short y, sobre todo, abajo de la lluvia. Sentí, por fin, que el aire volvía a golpearme la cara y respiré con más facilidad que nunca en mucho tiempo. Me sentí fresca, relajada, feliz.

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Hervey Bay, además, fue el lugar donde vi uno de los atardeceres más hermosos de Australia. Si Broome me había impactado, acá directamente me hechizaron. De repente, mientras el sol bajaba a paso acelerado, el cielo se tiñó de rosas, rojos, naranjas y violetas que se reflejaban en el mar y creaban una pintura de trazos y detalles perfectos, mágicos.

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Cuarta Parada: Mackay

Llegamos a Mackay cuando todo el pueblo todavía dormía. Eran las 7 y media de la mañana y a diferencia de lo que estábamos acostumbrados en el Western Australia, cuando la vida comienza alrededor de las cinco, nos encontramos con negocios de persianas bajas y luces apagadas. Apenas algunos autos circulaban por las calles, seguramente los primeros madrugadores que debían empezar la jornada laboral. ¿Era día laboral? Hace tiempo todos los días parecen iguales, ya no existen los lunes ni los viernes, mucho menos los sábados o domingos. Ni siquiera sabemos en que mes vivimos. Pero estamos en Mackay y tenemos solo dos días para disfrutarlo.

Cualquiera podría pensar que dos días es un poco poco. Pero para Mackay estuvo bien. Creo que hasta un día entero hubiese sido suficiente. Decidimos no ir a conocer la playa por varias razones: a) quedaba muy lejos para ir caminando y había como máximo un colectivo por hora que nos acercara; b) si nos tomábamos el colectivo teníamos que gastar como 10 dólares cada uno en una playa que nos aseguraron que no íbamos a poder disfrutar porque estaban de visita las Jelly Fish y; c) el mar desde Noosa hasta Hervey Bay no había cambiado en absolutamente nada y dimos por hecho de que acá iba a pasarnos lo mismo. Llega un momento que algo que te parece lindo al principio, ya pasa a ser normal cuando lo ves después de varias veces y ya no transmite nada. Mejor nos tomamos dos días de recreo.

Pero hacía calor y mucho. ¿Qué hacemos si no vamos a la playa? Nos comentaros que apenas a unos metros (unos 500 o tal vez 1.000, ya no lo sé) estaba la Blue Lagoon y hacia allí nos fuimos. En el camino volvimos a ver aborígenes y me di cuenta de cuánto extrañaba tenerlos alrededor. No había muchos igual pero, como siempre, los que se percataban de nuestra presencia nos saludaban con una sonrisa.

Llegamos a la laguna y nos dimos cuenta de que en realidad es una pileta artificial pública, de agua super cristalina, tobogán acuático y juegos para niños. Vendría a ser algo así como un parque familiar, con algunas parrillas y hasta guardavidas, pero los edificios que se levantan en uno de sus laterales le da un aspecto de resort cinco estrellas. Abre todos los días, es totalmente gratuita y hasta hay wifi. Como queda cerca del hostel, volvemos para almorzar y descansar del sol en las horas donde la radiación ultra violeta está todavía más fuerte y volvemos a pasar la tarde tirados en el pasto.

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Australia es uno de los países más perjudicados por la radiación solar y tiene uno de los índices más altos de cáncer de piel a nivel mundial, debido a que está ubicado en un hueco importante de la capa de ozono. Por eso mismo, los australianos toman varias precauciones y es muy raro verlos tirados cual lagartos al sol como estamos acostumbrados nosotros. Además, no existe un lugar donde no te muestren qué tan altos están los rayos ultra violetas ese día y, por lo general, siempre marca “extremadamente alto”.

A la noche decidimos ir a caminar por el corazón del pueblo. Prometía mucho. Pero todo estaba igual a cómo lo encontramos por la mañana. De los por lo menos cinco restaurantes que había por cuadra, al menos cuatro estaban cerrados. Y los que estaban abiertos, tenían como máximo tres meses ocupadas. ¿Dónde está la vida nocturna acá? ¿Cómo se mantienen todos esos locales de comida sin clientes? ¿Dónde se escondió la gente? Caminamos durante más de media hora y no nos cruzamos ni siquiera a una persona. Volvimos al hostel un poco tristes, con la sensación de que Mackay nos quiso presumir algo que en verdad no era.

Quinta Parada: Airlie Beach

Si todos los amores fueran a primera vista debería decir que Airlie Beach es como una persona que va arrastrando enamorados que caen a sus pies como fichas de dominó. Tiene aires de diva y si se la cree es porque tiene con qué. Es moderna y relajada, pero tiene mucha más vida que sus vecinas. Su mar es el más lindo que vimos en toda la Costa Este y aunque nuestras amigas las jelly fish son habitantes casi permanentes, los más corajudos (como Nico) pueden disfrutarlo gracias a las redes que arman una especie de pileta libre de medusas. O eso dicen, porque a mí no me dan confianza. No es que sea una caprichosa o una miedosa incontrolable, pero si ustedes vieran el tamaño de los agujeros de la red y el de las Irukandji (una de las medusas más peligrosas de por acá), estoy segura de que también dudarían.

Por suerte, para los que son desconfiados como yo, Airlie Beach también tiene su pileta artificial o Lagoon, como le llaman por acá. Una playa artificial lo suficientemente grande, con baños, duchas y parrillas, como para que nadie necesite estar encima del otro, como suele pasar en las playas argentinas (bueno, alguna que otra vez alguno plantó bandera prácticamente arriba nuestro, pero no porque no hubiese lugar sino porque no le interesaba nada invadir el espacio del otro).

Airlie Beach fue un lugar de reencuentros. Primero volvimos a ver a Juli, a quien habíamos despedido en Hervey Bay porque por cuestiones de tiempo, se sumó a un viaje en van con un grupo de alemanes. Y además, nos encontramos con Eliana de Dar Vuelta al Mundo, quien está en Australia más o menos desde la misma época que nosotros y coincidimos en el fin de sus vacaciones en este punto del mapa. Compartimos mates, charlas y algunas de nuestras experiencias y conclusiones sobre el país. En algunas cosas coincidimos y en otras no tanto, esa magia única que tienen los viajes.

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Un día decidimos alejarnos un poco de la ciudad y nos fuimos a Coral Bay, donde nos prometieron encontrar la mejor playa de toda la ciudad. Nos tomamos un bus hasta la parada final y desde ahí tuvimos que caminar hacia lo más alto del cerro hasta llegar a una especie de bosque (seguro Parque Nacional) hasta llegar al mar. Nico, Car y Juli se metieron sin pensarlo, pero yo y mi fobia a las serpientes lo padecimos. Caminé sufriendo todo el trayecto que aunque no fueron más de 20 o 30 minutos, a mí me parecieron horas.

Era ya mediodía. El sol estaba más fuerte que nunca. Teníamos poca agua y habíamos llevado pan lactal y fiambre para hacer sandwichitos. Creí que me iba a descomponer del calor, hasta tenía ganas de tirarme al mar sin importarme cuan frío estuviera o cuántas Jelly Fish lo habitaran. Era capaz de todo. Mi decepción fue enorme cuando, al llegar, lo primero que vemos es un cartel dando aviso de que esas aguas eran habitadas por cocodrilos. ¿Y ahora? ¿Me desmayo acá o qué?

Ya tenía la presión por el piso y necesitaba comer e hidratarme. Pensé que después de esa caminata iba a encontrarme con un mar de agua turquesa, palmeras por todos lados, arena super blanca (o negra, que ahora que la conocí me encanta) y, al menos, un pedacito de sombra. Pero pasó todo lo contrario. Los únicos árboles que habían eran los que estaban adentro del bosque y podían ser el lugar de escondite de alguna serpiente, en lugar de arena había piedras y algunos restos de corales, el agua era exactamente la misma que habíamos visto en todos lados menos en pleno centro de Airlie Beach y no tenía un solo lugar para huir del sol furioso australiano.

Viéndolo en perspectiva, creo que la situación fue más fuerte que yo y aunque el lugar era hermoso (bien parecido a los lagos del sur argentino), no lo disfruté y padecí haber subido hasta allá. Sobre todo, cuando al volver por el camino boscoso, una hermosa lagartija tamaño persona empezó a caminar entre las plantas, arrastrándose sin mostrar sus piernas y yo corrí pensando que una víbora había decidido terminar de complicarme el día. Terminé llorando en la entrada del Parque y entendí que mi fobia seguía tan intacta como siempre.

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Más allá de estar en estado de alerta cada vez que caminábamos por algún lugar que tuviese un poco de pasto alrededor, tengo que decir que realmente disfruté de Airlie Beach. No solo porque me sorprendió mucho más de lo que esperaba, sino también porque, a nivel personal, fue cuando mi yo viajero volvió a salir a la luz.

Desde que llegué a Australia no había podido sentirme conectada con el viaje. Tal vez por el hecho de que vinimos acá con un propósito más grande que simplemente viajar y conocer, tal vez porque esperaba otra cosa de este país. Es un análisis que todavía estoy haciendo en mi mente, un proceso que todavía tiene unos cuatro meses por delante y que tal vez recién termine de entender una vez que esta aventura se termine. Pero sí, Airlie Beach fue el lugar donde la Mariana viajera se despertó – después de una crisis interna que exterioricé con Nico que encontró las palabras justas para hacerme entender qué era lo que me estaba pasando y cómo podía encontrar el camino que necesitaba (otra vez, como siempre, gracias amor!) – y empecé a disfrutar las cosas de otra manera, a mirar con otros ojos y a (re)comprender que todas y cada una de las cosas que suceden en el camino, así como las personas que conocemos (buenas y malas), están para ayudarnos a aprender y, sobre todo, a crecer.

Sexta Parada: Mission Beach

Lo primero que vi cuando llegamos al hostel fue un cartel que parecía estar puesto ahí para que yo lo viera. “If you don´t like something, change it. If you can’t change it, change your attitude” (Si algo no te gusta, cambialo. Si no lo podes cambiar, cambiá tu actitud”. Claramente lo colgaron a propósito. Desde mi crisis existencial-viajera en Airlie Beach, todo cambió a mi alrededor. O soy yo, no lo sé. Ahora, todo me parece más lindo y hasta la gente es más amable.

Por momentos, hasta me daba la sensación de que nos habíamos ido de Australia. Pero, ¿dónde estábamos? Ah, ya sé, volvimos a Punta Cana. Al menos la playa se le parece bastante. Las palmeras me vuelven loca. ¿Alguna vez alguien podrá descrifrar por qué me tienen tan hechizada? No las puedo dejar de mirar. Es la primera playa que vemos con palmeras en la Costa Este. Creo que Mission Beach me gusta más de lo que pensaba.

No es un pueblito muy grande. O al menos la parte en dónde estamos no lo es. Mission Beach se divide en áreas: la que le da el nombre, Wongaling Beach, South Mission Beach y Bingil Bay. Nosotros nos quedamos en la primera y aunque no debe tener más de quinientos metros, tiene varios restaurantes/cafés, una Post Office, un local donde venden revistas y algunas otras cosas de utilidad y un mercadito que nunca encontramos pero que sabemos que existe.

La playa queda justo atrás del hostel, pero si queres nadar en el mar tenes que caminar un poco más, tampoco tanto, para llegar a dónde está la red. Por momentos me recordó a Broome porque eramos muy pocos los que estábamos en la playa. Yo encontré una palmera que me da una sombra perfecta para acostarme a leer. Por eso amo las palmeras.

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Para volver al hostal, decidimos cambiar de camino. Nos habían mostrado un lugar que era habitado por canguros. Wallabies, en realidad. Son más chicos y no estamos muy seguros de si son igual de amigables. Vimos un descampado repleto, aunque estábamos bastante lejos como para entablar una relación. Silbamos para que nos miraran y eso tuvo un efecto un poco raro en ellos. Se quedaron petrificados. Duros. Parecían momias. Nos miraban fijo pero sin moverse. Nos hicimos todo tipo de preguntas: “¿Les gusta nuestra compañía? ¿Será que somos unos bichos raros para ellos? ¿Los estamos molestando? ¿Nos vendrán a atacar? Mejor nos vamos”. Y nos fuimos. Fue nuestro segundo encuentro con canguros en Australia. A esta altura, eso de que el país está plagado de marsupiales, para mí, es un mito.

Séptima (y última) Parada: Cairns

Mi primera impresión sobre Cairns fue “no se si puedo con esto”. A simple vista, esta ciudad tiene más vida que ningún otro lugar que hayamos visto en Australia. No estamos acostumbrados a eso. Levantarnos super temprano y cenar a las siete de la tarde, para nosotros ya pasó a ser algo normal. ¿Qué es eso de que las calles estén llenas de gente a las 9 o 10 de la noche? Al principio, me sobrepasó.

Me llevó algunos días acostumbrarme al ritmo de Cairns. A ver gente por todos lados y a toda hora, a escuchar ruido hasta altas horas de la madrugada y a todo lo que implica volver a estar en un lugar así, tan…vivo. Creo que me gusta más la tranquilidad.

Si hay algo que volvimos a confirmar con Nico es que estamos grandes para varias cosas. Eso de la joda loca en cualquier lugar y a cualquier hora, ya nos molesta un poco. En mi cabeza no paro de pensar cómo será cuando vuelva a Bangkok y me encuentre con una Khao San Road repleta de mochileros que quieren fiesta a todo momento. Disfruté tanto esa ciudad, que me da un poco de miedo decepcionarme cuando la vuelva a ver. ¿O será que la Mariana que se quedó allá es la que mantiene el alma joven y cuando se encuentre con la que está ahora acá va a hacer que todo vuelva a ser igual? Es eso, o aceptar que crecimos y bastante.

Cairns es una ciudad linda, aunque no está dentro de mis favoritas. Me gusta su carácter y tiene una personalidad interesante. Aunque a veces pareciera que nunca duerme, se pueden encontrar lugarcitos tranquilos para caminar y conectarse con el lugar, sobre todo a la mañana. Parece un lugar que se preocupa por su bienestar y además de diferentes áreas públicas para hacer ejercicio, también tiene diferentes clases gratuitas de baile, yoga, pilates o meditación a las que te podes sumar cuando quieras.

Caminar por el puerto es hermoso y ver los contrastes de la naturaleza lo es aún más. Hubo días en que el cielo parecía estar partido en dos. De un lado, el sol calentaba con fuerza mientras del otro, la lluvia incesante amenazaba constantemente. Solo bastaba decidir de qué lado de la ventana querías mirar para saber qué tipo de clima ibas a tener.

Más allá de eso, nuestra gran decepción fue saber que si querías ir a la playa tenías una hora de viaje en bus por delante. Pero no estábamos en Cairns por la playa justamente. Llegamos hasta acá porque es el punto desde donde mejor se puede disfrutar de la Gran Barrera de Coral y eso es todo lo que importaba (eso va a ser un capítulo aparte, o mejor dicho un post. No porque no tenga ganas de contárselos ahora, sino porque tenemos tantos videitos lindos que tenemos que sentarnos tranquilos a mirarlos y elegir la mejor manera de mostrárselos).

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Fue acá, además, donde nos encontramos con Tati de Respirando Azul Clarito con quien compartimos poco tiempo, pero de esos momentos que recordas como una parte hermosa del viaje. Tati había llegado a Australia hacía apenas unos días y llegó cargada de buenas ondas y con ganas de contagiarnos su energía. Y lo logró.

Foto: Respirando Azul Clarito

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Terminamos nuestro viaje por la Costa Este disfrutando de las tardes soleadas (y a veces super calurosas) de la Lagoon (sí, otra vez esa pileta artificial que caracteriza a las ciudades australianas), tomando nuestros últimos mates con Car y sabiendo que se había terminado una etapa del viaje: Melbourne y sus temperaturas invernales nos estaban esperando.

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14 comments

  1. Tati 17 Junio, 2015 at 05:42 Responder

    Que lindo todooo!!! Con lo de la van te acompaño en el sentimiento, debe estar genial poder hacerlo!!!
    Que bueno que les pude contagiar un poco de energía, fue hermoso encontrarlos!

  2. Santiago 17 Junio, 2015 at 19:35 Responder

    Hola, muy buena la pagina! Te hago una pregunta: Lo más probable es que empiece el viaje en la zona de Hervey Bay/Fraser Coast. Te acordas como se llama el hostel? Tenes idea si es medianamente fácil conseguir trabajo no calificado y en qué areas? Cualquier info se agradece. Saludos!

    • Mariana Mutti 22 Junio, 2015 at 22:48 Responder

      Hola Santiago,

      El hostel se llama Woolshed. Lo del trabajo en esa zona no tengo idea porque solo estuve de paso, pero supongo que no debe ser difícil porque es una ciudad bastante grande.

      Saludos!

  3. Pamela 20 Junio, 2015 at 15:08 Responder

    Hola.. muy lindo el viaje, todavía no tuve la oportunidad de visitar Australia y es un lugar que me encantaría ir. Por ahora solo me dedico a asistir a los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos y Australia a que quieren visitar o instalarse en Argentina.
    Solo tengo la posibilidad de acercarme a Australia a través de ellos a ahora un poquito más gracias a tu bitácora de viaje.
    Mucha suerte. Saludos !!

  4. Maria V 10 Enero, 2016 at 13:47 Responder

    Un viaje fantastico por lo que cuentas! Yo estaba planeando un viaje por la misma zona pero empezando en sydney. Te quería preguntar si el bus comprabais tiquets nuevos cada día o si comprasteis solo un tiquet que te permitía viajar durante un periodo de tiempo determinado??
    Muchas gracias!!!

    • Maru Mutti 14 Enero, 2016 at 10:42 Responder

      Hola María,

      Así es, compramos un ticket abierto por tres meses por lo que teníamos todo el tiempo que quisiéramos para hacer ese viaje. Creo que también salen desde Sidney 😉

      Muchos éxitos y buen viaje!

      Saludos!

  5. Karen 16 Agosto, 2016 at 00:27 Responder

    Hola Maru!! Muy lindas y útiles tus narraciones!!! Vivo en Rosario pero en 15 días comienza mi aventura desde CAIRNS!! Estoy muy emocionada y un poco desorientada y asustada también jaja porque voy sola y estoy tratando de armar o tener idea al menos de qué lugares valen la pena conocer y cuáles pasar de largo. Yo voy a ir bajando hasta Melbourne y tengo dos meses para recorrer hasta llegar a Melbourne. Si tenés algún consejito de que empresa de bus usaron, donde valdría la pena quedarme varios días como para ver si engancho un helpx o woofing, y donde ir sólo de paso…para viajar con otra gente en van hay alguna web o sólo es tener suerte de cruzarte con gente y coincidir? bueno jeje no pregunto más..lo que puedas aportarme será valioso y bienvenido!! abrazo luz!

    • Maru Mutti 23 Agosto, 2016 at 01:34 Responder

      Hola Karen!!

      Qué bueno que te sirva mi experiencia, seguro vas a disfrutar mucho de Australia.

      En este momento no recuerdo el noombre de la empresa de bus, pero voy a tratar de averiguartelo. Lo que sé es que no era Greyhound (esa es más cara). Como lugares imperdibles, no sé, depende mucho de cada uno. Airlie Beach es lindo y a mí me encantó Hervey Bay, pero es muy personal. Rainbow Beach es para ir no más de uno o dos días – sobre todo si no vas a ir a Fraser Island – y Mackay lo mismo.

      Que disfrutes mucho de tu viaje!

      Un beso grande

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