7 razones por las que deberías viajar a Taiwán

Voy a decirlo así, sin muchas vueltas ni preámbulos: Taiwán es uno de mis países favoritos en el mundo entero. Desde el momento en que aterrizamos en el aeropuerto internacional de Taipei hasta el día en que nos despedimos con la promesa de volver, no hubo un solo segundo en que no me sintiera completamente feliz de estar en el país. Sí, ya sé que suelo enamorarme de los lugares y su gente muy rápido y con bastante frecuencia, pero lo de Taiwán es diferente. Un pedacito de mi corazón quedó vagando por las calles de Ximen, recorriendo el mercado nocturno de Taichung, sintiendo la brisa del mar en Kenting y asombrándose de las maravillas de Khaosiung.

No mucho gente viaja a Taiwán y no sabría decir por qué. Supongo que la fama de países cercanos como Japón, Vietnam o Hong Kong lo dejan como un actor de reparto tímido que no se anima a mostrar. Pero, en este acto, juro solemnemente (sí, así tan formal) que viajar a Taiwán es increíble. Si no me crees o todavía te quedan dudas, acá te dejo 7 razones por las que deberías viajar a Taiwán.

Todo es fácil

A menos que como nosotros se te ocurra conseguir la visa para Taiwán en un país que no es el tuyo (si es que la necesitás), todo lo demás es fácil en Taiwán. Darle la vuelta completa a la isla – incluso en bicicleta, si querés -, moverte de un lado a otro, comunicarte con la gente, pedir ayuda, ubicarte en las ciudades y hasta pasarla bien cuando no podes salir de una habitación durante dos días por culpa de un tifón, es de lo más sencillo en Taiwán.

Al llegar desde el sudeste asiático donde todo es una pelea por los precios o por tratar de que no te quieran llevar a otro lado para cobrarte de más, Taiwán nos significó un alivio increíble. Ya no teníamos que pensar en nada más que en disfrutar y vivir el lugar sin complicaciones.

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Su gente

Ay, ¡la gente de Taiwán! Son amables, simpáticos, ordenados, respetuosos, limpios, tranquilos… No me equivoco si les digo que lo que más me gustó de este país fueron ellos. No tengo más que recuerdos hermosos de ellos, que al llegar al hotel nos abrazaban como si nos conocieran de toda la vida, que se preocupaban por nosotros y nos ayudaban en todo lo que podían, que nos invitaban a comer y nos hacían probar las delicias más auténticas de su gastronomía, que nos trataron como si fuéramos los huéspedes más especiales que hayan tenido, que siempre siempre nos hicieron sentir como en casa. Amé a los taiwaneses en cada lugar al que fuimos y cada vez que me cruzo con uno sonrío porque sigo comprobando que son de las personas más lindas que conocí.

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Atardeceres mágicos

Mis atardeceres más memorables (o esos que me gusta imaginar mientras sueño despierta) suelen ser en la playa o en la montaña. No sé por qué, supongo que son esas imágenes de película que uno mismo se crea o tal vez, porque los que primero se me vienen a la mente cuando pienso en la puesta del sol son los de las islas Gili en Indonesia, el de Koh Tao en Tailandia o el de Mount Hotham en Australia. O esos eran hasta que llegué a Taiwán, porque ahora pienso en atardecer y me veo caminando en las Gaomei Wetlands, a una hora de Taichung.

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Un país de lo más entretenido

En Argentina hay una canción que se llama “Un osito de peluche de Taiwán” y supongo que como para mucha gente, para mí ese título no tenía sentido alguno. Pero, cuando llegué a Taiwán, por fin entendí todo. Fue como retroceder en el tiempo y volver a ser una nena de 8 o 9 años que se volvía loca por lograr sacar un peluche de las máquinas que te obligaban a demostrar tus habilidades para pescarlos y lograr que cayeran por el hueco que te hacía sentir una ganadora.

Hay máquinas por todos lados y peluches hasta donde no te los esperas. Creo que no me equivoco si digo que es el vicio favorito de los taiwaneses. Los tienen de llaveros, de decoración en las recepciones de los hoteles, en las peluquerías, en los negocios de ropa y hasta sentados en la vereda. Cada vez que pasábamos por alguno de estos negocios llenos de maquinitas me quedaba hipnotizada mirando como jugaban, sufriendo con ellos cuando no lograban sacar el osito y festejando si se lo llevaban a su casa.

Los mercados nocturnos son mitad de comida y mitad de juegos de kermese para ganarte ositos de peluche, entre otros premios. También hay videojuegos, especialmente de esos en los que jugas a ser músico o bailarín y los taiwaneses son tan fanáticos que salen a la calle con todo el equipo preparado. Incluso encontramos un shopping donde la gente hacía largas colas para jugar gratis con de realidad virtual y street fighter.

Como no podíamos irnos de Taiwán sin sentirnos taiwaneses tuvimos que enfrentarnos a algunas carreras de autos en 3D e intentar ganar algún peluche que no íbamos a poder cargar en la mochila. Por suerte (creo) no conseguimos sacar ninguno, sino lo hubiera tenido que llevármelo igual porque son demasiado lindos como para abandonarlos.

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Gastronomía variada

La variedad de comida que podes encontrar en Taiwán es amplia, aunque lo difícil, a veces, es encontrar un menú que esté en inglés. Pero si no tenes problema en probar lo que sea y no te da miedo con qué te vas a encontrar en el plato, seguro que la vas a pasar de diez. El tofu es uno de los ingredientes básicos para casi todas las comidas – incluso postres – y se prepara de diferentes formas; la presentación más famosa y tradicional es el conocido stinky tofu (o tofu apestoso) y como te lo indica su nombre, tiene el peor olor del mundo. El primer día que lo sentimos nos dio gracia y entendimos de qué hablaban cuando lo bautizaron así, unos días después no lo soportamos más y para el final de nuestra estadía en Taiwán ya pasó a ser un perfume más del ambiente. Eso sí, no nos animamos a probarlo aunque sí nos deleitamos con muchas de sus otras variantes.

Además del tofu, los taiwaneses aman el té así que es fácil encontrar una o dos y hasta tres casas de té por cuadra. El que no podes dejar de probar es el Milk Pearl Bubble Tea (con bolitas de tapioca) que, para mi sorpresa, es bastante más rico de lo que esperaba. No sé convirtió en mi bebida preferida, pero me lo pude tomar todo.

En Taiwán probamos muchas cosas de las que no sabemos ni el nombre, pero entre las cosas que más me gustaron hay un ramen con una salsa increíble – yo imaginaba que era bolognesa -, la beef noodle soup, una radish cake (torta de rábano), dumplings y pollo relleno.

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Son modernos y originales

Si hay algo que les sobra a los taiwaneses es onda. Desde las ciudades hasta las personas, todo brilla por lo moderno y lo original. Más allá de que siempre están arreglados, tienen un look espectacular y crean cosas asombrosas. No hubo un día en Taiwán en que no se desatará en mí un perfil comprador compulsivo que no me caracteriza. Todo es tan hermoso que lo querés comprar aunque no te sirve para nada o no tengas idea de dónde lo podes meter. Los adornos, los muñecos, la ropa, los zapatos, los anteojos de sol, las carteras, todo, absolutamente todo es espectacular. Hay cosas que nunca las había visto antes ni las volví a ver después y hay otras que simplemente son geniales. No hace falta que se queden en bancarrota y se compren todo lo que ven – de hecho yo resistí y no me compré absolutamente nada -, pero les aseguro que se van a divertir un buen rato viendo todas las cosas que tienen.

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Estas mochilas y bolsos me volvieron loca. Tienen envíos a muchos lugares del mundo, pero son caras.

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Hasta los perros están a la moda en Taiwán

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La variedad de paisajes

Taiwán es un país que deja contentos a todos. Si te gustan las ciudades te vas a enamorar de Taipei, Taichung o Khaosiung. Si sos adicto al mar seguro te va a encantar recorrer el área de Kenting y Hengchun. Si lo tuyo es la montaña, no te quedes con las ganas de Hualien. Además, hay muchísimas townships repartidas por toda la isla donde vas a encontrarte con campos de arroz y jardines de girasol, entre otras cosas. La variedad de paisajes, sin dudas, es uno de los grandes fuertes de Taiwán.

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Bonus Track:

Según Nico, las mujeres taiwanesas están dentro del TOP3 de mujeres más lindas de Asia – junto con Malasia y Vietnam – así que para los interesados/as, ya saben… van a tener para recrear la vista un buen rato.

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