Aunque todavía me cueste “caer“, el sábado que viene a esta hora voy a estar arriba del avión, así que se podría decir que esta es nuestra última semana en Buenos Aires. Pero no sólo eso, porque estos días que quedan por delante (y muchos de los que ya quedaron atrás) representan un montón de últimas veces y eso suena un poco raro. Raro porque cuando todo esto empezó parecía tan lejano este momento que todavía me siento como si faltaran meses para irnos. Sí, lo crean o no, estos días estoy menos ansiosa que cuando empecé a escribir esta dinámica. La realidad es que, pese a la ciclotimia, al llanto y a todo lo que viene rodeándome este último mes, estoy más tranquila que nunca.

ultima
Foto: marsaliani

Pese a eso, me cuesta no pensar en todas las cosas que estoy haciendo por última vez. Igual, si lo pienso bien eso de últimas veces suena realmente feo así que les pido por favor que no lo piensen en la manera trágica de “nunca más porque quien sabe qué puede pasar” (por lo menos no en este párrafo), sino como un nunca más porque como dice una frase con la que estoy totalmente de acuerdo “nunca vuelve el viajero, quien viaja cambia“. A lo que me refiero es a que son las últimas veces de esta Maru que está sentada frente a la computadora, mirando el horizonte por la ventana y escribiendo estas reflexiones antes de partir, porque, cuando vuelva, ya no seré la misma. Cada viaje te da enseñanzas que te hacen crecer, te hacen cambiar y es muy poco probable que eso no nos afecte como personas, de hecho es lógico que todo eso nos pase y como consecuencia, nunca volvemos a ser los mismos.

Para ser sinceros, ni siquiera soy la misma que era cuando hace ya un año con Nico empezamos a hablar de la posiblidad de hacer este viaje, animarnos a este cambio de rumbo en nuestras vidas. Incluso, ni siquiera sé si soy la misma que empezó este desafío creativo. En estos últimos días me di cuenta de que, internamente, cambié un montón y creo que tiene que ver un poco con la manera en que expuse mis sentimientos letra a letra. No me reprimí nada de lo que quise decir, nada de lo que pensé y nada de lo que sentí y eso me liberó, me dejó mostrar un poco más mi alma y sincerarme con ustedes y conmigo.

Últimas veces. ¿Cuántas últimas veces he tenido estos días? Muchas, muchísimos, más de lo que se imaginan. Cada cosa que hacemos es preguntarnos si habrá otra oportunidad de hacerla antes de irnos, desde lo más ridículo y trivial como comer una pizza de provolone hasta las más dolorosas como saber si vamos a poder compartir al menos un mate de nuevo con alguien a quien todavía nos negamos el “hasta luego“.

Las últimas veces son difíciles, dolorosas y muchas veces son últimas de verdad. En algunos casos porque la vida lo quiso de esa forma, y en otros porque las circunstancias de la vida, los cambios, los crecimientos propios y ajenos nos terminan alejando de algunas personas. Sí, son cosas que pasan y cosas a las que nos exponemos continuamente, sobre todo si decidimos emprender un largo viaje como es nuestro caso. Pero me parece que este no es el momento para pensar esas cosas, porque lo único que hacemos es empezar a preocuparnos por situaciones que no pasaron y que ni siquiera sabemos si van a pasar o no.

Creo que es ahora, en estas últimas veces, cuando tenemos que aplicar la difícil tarea de vivir el presente y disfrutar todos y cada unos de esos momentos que pueden ser nuestras últimas veces de algo. Y si el pasado nos quiere atormentar pensando en que la última vez ya pasó o el futuro se nos quiere adelantar con preocupaciones que no tienen lugar ahora, simplemente regalémosles una sonrisa y volvamos a lo que estamos haciendo. No dejemos que nada arruine ese momento.

Ya tenemos todo lo que nos faltaba y sí no nos agarró la locura antes de que lean este post, sólo nos restará acomodar las cosas en la mochila y esperar que sean las 9 de la mañana del sábado 11 de octubre para que nuestro vuelo salga primero, con rumbo a Chile y después destino a Australia. Cada vez que miro el calendario parece que me parpadea con una luz roja brillante y me dice “ya casi estamos, sólo unos días más“. Van a ser días raros, pero ya queda poco para que termine este desafío y quiero pedirles paciencia si estos últimos posts son más sin sentido que nunca. Creo que lo que escriba va a ser un poco como estoy siendo yo en estos últimos días pero les prometo que todo volverá a la normalidad cuando el marcador del blog diga que ya estamos volando a Australia.

Este post pertenece al juego “Días de Abecedario” (Dinámica Creativa de Caminomundos), un post centrado en una palabra por cada letra del abecedario. Para ver el desarrollo completo de mi desafío podes hacer click acá.

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2 comments

  1. claudia 4 octubre, 2014 at 13:23 Responder

    No existe un último, siempre es un primero.
    Adelante, se te está abriendo un nuevo camino por recorrer, una nueva primera experiencia de vida: “La vida es corta, disfrutarla cada momento lo único que nos llevamos de ésta son todas la viviencias” te quieroooooo Mama

  2. fer 15 diciembre, 2014 at 16:44 Responder

    Yo estuve viajando bastante en estos años, y creo que a veces el lugar de pertenencia de uno, es el estar viajando, uno es un poco de todos los lugares a los que visita, llevandose un poco de ese lugar, y dejando algo de uno en ese sitio, si fuese millonario tendria muchos apartamentos alquilados dispersados en todos los lugares que visite, y cuando quiero voy y convivo con los inquilinos, porque tambien la gente de cada lugar es distinta, pero por suerte en mi caso, siempre me trataron de maravillas 🙂
    saludoos!!

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