Cómo es trabajar en una Roadhouse

Hace algunas semanas empezamos a recibir consultas sobre cómo es trabajar en una Roadhouse, si se ahorra bien, cuánto se trabaja, qué se hace y unos cuántos etcéteras más. Alguna que otra vez alguien nos preguntó qué era exactamente una Roadhouse e incluso algunos de nuestros amigos y familiares todavía no tienen muy claro que es lo que estamos haciendo desde hace 4 meses en Australia.

Por eso, considero que llegó la hora de develar todos los misterios ocultos detrás de esa palabra que dice mucho pero a la vez no explica nada. A ver, nosotros ahora estamos cancheros pero recién supimos de qué se trataba una Roadhouse cuando empezamos a meternos en el mundillo de las Working Holidays. Hasta que no empezamos a leer, investigar e informarnos sobre la visa y cuáles eran las mejores posibilidades para conseguir trabajo y juntar buena plata, no teníamos mucha idea de qué estábamos hablando.

Para cumplir con la regla de las tres “C” (Claro, Concreto y Conciso), como decía uno de mis profesores de TEA, podemos decir que una Roadhouse es una estación de servicio que se encuentra ubicada sobre la ruta y que, además, ofrece servicio de comida rápida (entre otras tantas cosas – algunas, incluso, ofrecen lugar para dormir).

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Pero, ¿cuál es nuestro trabajo? Seguí leyendo que acá te cuento todo con lujo de detalles.

Conociendo el mundo del Drive Off

Tal vez nos estarás imaginando como un playero de cualquier estación de servicio de Argentina. Esa persona que está parada durante todo el día entre los surtidores cargando nafta en cada uno de los autos que llega. Pero no, a decir verdad, acá ni siquiera existe eso, todo lo que tiene que ver con el combustible es autoservicio. Lo único que hacemos nosotros cuando un auto llega es activar el surtidor que van a usar (que nos avisa con una alarma incansable al estilo del camioncito de la publicidad que pasan en Fútbol Para Todos) y esperar a que carguen lo que necesitan y vengan a pagar. Y acá está el meollo de la cuestión…

Una de las cosas más importantes que implica nuestro trabajo es tener cincuenta ojos, sin exagerar. Es que así como todo parece ser “confianza ciega”, la realidad es que muchos ven este tema de autoservicio como una oportunidad para poner el auto en marcha prácticamente antes de haber terminado de cargar el combustible. Acá se le llama “Drive Off” y es una de esas situaciones que me ponen loca.

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Por un lado, admiro que tengan esa capacidad de confiar en la gente pero por otro, no entiendo porque ponen a los empleados al borde de un estrés absoluto cada vez que un auto desaparece como por arte de magia del surtidor, cuando podrían hacer todo de una manera más sencilla. No sugiero que pongan a un playero porque sería una tortura para la persona a la que le toque estar parada ahí afuera con el calor que hace por estos lados, pero sí sería más fácil que los clientes paguen por adelantado y una vez hecho esto, le habilitemos el surtidor hasta la cantidad de plata/litros que pagó.

Pero eso no sucede, así que lo único que nos queda es lidiar con estos momentos que, sin dudas, te hacen pasar un mal trago. Lo peor de todo el asunto, es que aunque muchos lo hacen siendo plenamente conscientes de que están cometiendo un robo, otros simplemente se van porque se olvidan. Hay personas que tardan dos minutos para llenar su auto de nafta pero que se quedan 20 minutos hablando con algún conocido que se encontraron en el surtidor de al lado. Y ahí estás vos, mirando continuamente por la ventana, intentando descifrar en qué momento se le va a ocurrir dejar de parlotear para entrar a pagar por el combustible, mientras la alarma que no te da más de cinco minutos de ventaja empieza a sonar y aturdir a todos los clientes. Y vos seguis esperando, pero él ni está enterado de lo que pasa adentro del negocio. De repente, en un segundo, se llena de gente y te distraés por una milésima de segundo. Cuando volves a la ventana, el hombre ya no está ¡y su auto tampoco! Se fue. Tuviste un Drive Off porque el hombre habló tanto que se olvidó lo que iba a hacer y se fue tratando de recordar que era eso que le quedó pendiente.

No creas que te estoy exagerando. Situaciones así pasan una y mil veces en esta BP de Derby, y aunque te agarra un sentimiento de impotencia inevitable, sabes que no fue tu culpa y no podes hacer más nada que avisarle a tus jefes para pedirles que chequeen las cámaras y traten de descubrir quién fue el olvidadizo que se fue sin pagar.

Por suerte, al ser un pueblo chico, llega un momento en que muchas de las caras ya empiezan a ser conocidas, con lo cual estas situaciones son más fáciles cuando por lo menos sabes quien es la persona que se acaba de ir. Pero no siempre pasa, y el mal momento lo terminamos llevando los empleados porque nos hicieron creer (o por lo menos eso nos intentaron inculcar las chicas que estaban cuando nosotros empezamos) que si hay un Drive Off la culpa es nuestra. Y no, no la tenemos en la mayoría de los casos.

Aunque, obviamente, también es posible que sea culpa nuestra. Con Nico somos bastantes cuidadosos con el tema del combustible porque no pretendemos poner un solo centavo de nuestro bolsillo por gente que tiene ganas de llevarse la nafta de arriba o que viven tan en su mundo que se olvidan de pagar (¿alguien alguna vez se olvidó de pagar algo? Hasta que llegué acá me parecía algo totalmente fuera de lo común…), pero no es así siempre. Hemos visto como compañeros nuestros tenían Drive Off únicamente por no estar prestando atención a lo que pasaba afuera. O bien porque están pendientes del celular cuando en realidad ni siquiera lo podemos usar en el trabajo, o bien porque se aburren de estar en la caja y se van a charlar con otra persona, mientras el auto del surtidor 2 vio que el panorama estaba demasiado limpio como para sentir la necesidad de caminar un par de metros y sacar plata de su bolsillo.

Pero como nunca las cosas son blanco o negro, en estas situaciones también tenemos nuestros grises. Esos son los casos de las personas que cargan nafta, se acuerdan de venir a pagar, pero no tienen dinero suficiente para saldar la deuda. Esto se puede dar por varias situaciones: a) porque se olvidaron la billetera (no es muy común, pero alguna que otra vez pasó), b) porque cuando cargan miran los litros en lugar del precio (y vienen quejándose de que cargaron 40 dólares en lugar de los 85 que les queres cobrar y vos, con una sonrisa enorme y toda la paciencia del mundo, tenes que explicarles que esos 40 que ven ahí son los litros y no la plata), c) la tarjeta no tiene saldo suficiente o, d) cargan cientos de dólares confiados en que tienen una orden de compra que nunca chequearon y cuando llega el momento de pagar la OC no está y tampoco ellos tienen plata para pagar.

El problema acá es que toda esa confianza que se le deposita al cliente en una primera instancia, se le quita automáticamente cuando entran al local y se da alguna de estas situaciones. Y acá el estrés vuelve a nosotros, que tenemos que dejar de tener una sonrisa radiante para pasar a nuestra mejor cara de enojo porque nadie se puede ir de BP sin haber pagado la nafta pendiente. ¿Qué se hace en estos casos? Básicamente se le exige al cliente que llame a alguien para que le traiga plata o que él o algún acompañante se quede adentro del negocio hasta que alguien venga a socorrerlo.

Lógicamente, hay mucha gente que se enoja y nos grita porque “no les tenemos confianza” pero, claramente, no podemos tenerla porque tenemos el 50% de posibilidades de que vuelva como el 50% de que no volvamos a verle la cara. Y adivinen qué, sí después la culpa es nuestra.

Así que mientras tenes otras 500 cosas para hacer al mismo tiempo que pelearte con la persona que quiere irse a buscar la plata sin que nadie se quede responsabilizándose por los dólares que gastó, tenes que correr para no permitirle que arranque su auto y se vaya, anotar el número de patente para dejarlo registrado por si llega a poner primera y seguir atendiendo al resto de los clientes como si no hubiera pasado nada. Mientras tanto, todo te dice que tenes que llamar a tu jefe y explicarle la situación así viene a ponerle los puntos al cliente maleducado que no quiere pagar (o que en realidad quiere pero por X o por B no puede) y rezarle a todos los dioses del universo para que la persona termine saldando su deuda para dejar de “sentirte culpable” por haber tenido un Drive Off.

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De pollo, fritas y otras especialidades culinarias

El pollo y las papas fritas se llevan todos los premios en Australia. O por lo menos, en la Roadhouse de Derby. ¡Hay gente que pide estas promos a las 6 de la mañana! Creo que nunca lo voy a entender, pero esta es la cruda verdad así que si en algún momento me ven comiendo fritanga de desayuno, no se asombren.

Como se estarán dando cuenta, otra de nuestras tareas indispensables es cocinar. Bueno, si es que se le puede llamar cocinar a tirar comida congelada en la freidora, esperar el tiempo que sea necesario, sacarlas y ponerlas a la venta. Pero es lo que hacemos y es casi tan importante como no perder de vista a ningún cliente.

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Vendemos comida todo el día. Desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Frito, frito, frito y más frito. A la gente le encanta y se compran todo lo que ven de ser posible. Especialmente nuestras promociones de Rosies (es el pollo frito empanado que puede ser Tasty (sabroso) o Spicy (picante)) con papas fritas. Creo que después de cuatro meses estoy en condiciones de afirmar que hay personas que solo se alimentan de eso y no cocinan prácticamente nunca.

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Otras “especialidades” de la casa son: chicken wings, wind ding, dim sim, corn jack, chiko roll, chicken strip, chicken supreme, chicken Alfredo, crabsticks, drumbsticks, chicken satays, fish, cheese sausage y crumbed sausage. Algunas cosas ni siquiera sé lo que tienen adentro, otras nunca las probé porque son picantes y las demás ni siquiera me tientan a intentar averiguar de qué se tratan. Pero la realidad, que todo es pura comida chatarra, llena de aceite y que a veces pasan en la baimarie (sinceramente no sé como la llamamos en español, pero son los mostradores que vemos en cualquier restaurante chino donde se pone la comida a baño maría para que se mantenga caliente), más horas de las que se puedan imaginar.

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Pero también tenemos algunas cosas un poco más sanitas. O algo así. Hacemos sandwiches (y estoy en condiciones de afirmarles que soy una grosa en la materia), tostados de jamón y queso, jamón queso y tomate y pollo, mayonesa y queso, y también los tradicionales “bacon and egg”, que son tan furor como el pollo con fritas.

Nico es el experto en la cuestión, aunque de a poco yo fui metiéndome en su campo y ahora estoy más canchera que nunca. Hace poco, también empezamos a cocinar muffins de bacon and egg y hamburguesas bacon and egg de desayuno. Sí, todo muy normal por acá.

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Y para tratar de que la gente coma menos porquería y más elaborado, para el almuerzo tenemos platos especiales como el curry indio con arroz, el roat beef con gravy y vegetales o el fried rice asiático (que en realidad es trucho porque el arroz nunca lo freímos). Ah, ¡y no nos olvidemos de los panchos! La última adquisición de BP Colac, que prácticamente a nadie le entusiasma porque vendemos la salchicha con una piel roja que parece decirte a los gritos “¡no me comas!”.

Bueno, sí, es verdad que decir que cocinamos es bastante de cara duras, pero todo tiene su parte negativa. Si hay algo que detesto de este trabajo es la cantidad de comida que tiramos por día. Kilos y kilos de alimento que podríamos regalarle a las muchas personas que vienen a pedirnos si no tenemos algo que nos sobre. Pero no podemos dárselas porque no nos permiten hacerlo y en su lugar, van parar a la basura día tras día.

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Creo que es una de las partes más difíciles de trabajar en un lugar de comida, por lo menos a nivel emocional. Me pone muy mal saber que hay gente afuera que muere de hambre cada día y nosotros estamos desperdiciando tanto y por nada. Es esa bendita ambición que tienen por ganar un centavo más la que no les permite ver que cocinan tanto solo para presumir que el negocio está lleno de comida, que al final del día todo eso termina convirtiéndose en basura que ni siquiera son capaces de donar.

Además, durante las últimas semanas nos encontramos con algunas paradojas que todavía no termino de comprender. Para que entiendan más de lo que les hablo, tuvimos que vaciar una heladera completa porque teníamos gaseosas vencidas de hacía un día, pero cuando Nico encontró un paquete de salchichas de queso que estaban vencidas de hacía un mes nos dijeron que no pasaba nada porque estaban congeladas (en realidad, estuvieron en su momento, se descongelaron durante una semana porque se rompió el freezer y se volvieron a congelar después). Pero eso no es todo. Esos panchos que empezamos a vender y que son desagradables incluso a la vista, se hacen con salchichas vencidas de Abril 2014 y a nadie parece importarle…. C’est la vie!

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Hielo, gaseosas y algo más

Desde que empecé a trabajar acá no pude dejar de pensar en las veces que algún amigo necesitó comprar hielo y se enfurecía cada vez que iba a una estación de servicio y le decían que no tenían más. Hoy, que lo veo de este lado entiendo cuáles son las múltiples razones por las que un negocio puede quedarse sin hielo (sobre todo en pleno verano).

En lo que a BP respecta, las bolsas de hielo son armadas por nosotros mismos. Tenemos una máquina que genera hielo constantemente para que podamos ir armando las bolsas de 5 kg que vendemos durante todo el día. El problema es que a veces, simplemente, no alcanza. Como algunos ya saben, estamos viviendo en un pueblo chico que no tiene muchos negocios al alcance de la mano y, si bien nosotros trabajamos justo enfrente del supermercado más importante de Derby, muchas veces ellos se quedan sin hielo por días (oh casualidad, siempre durante el fin de semana) y nosotros vendríamos a ser los únicos abastecedores del lugar.

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Imagínense que aún teniendo llena los dos freezers al empezar la mañana (son alrededor de 80 bolsas de 5 kg cada una), a veces no llegamos ni al mediodía. Por eso, queridos amigos, no se quejen tanto y sepan entender que a veces es imposible satisfacer la demanda de todos.

Párrafo aparte merecen los “drinks”. Creo que nunca fui consciente de que el trabajo de los repositores en un supermercado, un mercadito chino o en este caso, una estación de servicio, podía ser tan importante. Tampoco nunca me di cuenta de cuánta coca cola puede ser vendida en un solo día. Yo no sé si en todos lados es así, pero les juro que en esta Roadhouse vendemos casi tanto de esta gaseosa como de pollo con papas fritas.

Rellenamos las heladeras por lo menos dos veces al día y a veces necesitamos más. Coca cola, agua y café es lo que más se vende. De hecho, el tema del café es algo que me sorprende. Yo pensaba que era una adicta incurable a la cafeína hasta que pisé Australia. Es increíble la cantidad de café que toman, hay gente que viene a comprar el “iced coffee” de 600 cc más de tres veces al día. Multipliquen ustedes mismos. ¡Es una locura!

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Pero el trabajo no se termina cuando las heladeras quedan hermosamente repletas sino cuando se completa todo lo que hay que hacer atrás. El stock que se sacó de la “Cool Room”, hay que volver a completarlo para que siempre tengamos bebidas frías para reponer. El fondo del local está lleno de cajas de todo tipo de gaseosas y bebidas que además hay que acomodar para que sea más fácil encontrarlas y ordenarlas.

Nico es el que más sabe del asunto porque al ser el único hombre trabajando en la Roadhouse es el que se encarga principalmente de ese tema. Nosotras, las niñas, no tenemos fuerza suficiente supongo, aunque en realidad lo ayudamos alguna que otra vez. La cosa es que según que tipo de bebida sea (lata, botella de 1,25 litros o de 600 cc) hay que acomodarlas intercalando sabores y siempre intentando que en cada fila haya una caja de cada sabor por lo menos.

¡Bienvenido al mundo de la grasa!

Si hay algo a lo que definitivamente no voy a poder acostumbrarme ni en mil años, es a la mugre y al desorden. No me gusta. No puedo trabajar en un lugar en donde parece que se desarrolló la III Guerra Mundial y mucho menos quiero que mi día transcurra entre paredes, pisos y elementos grasientos. Pero la realidad es justamente la contraria a mis deseos y, mal que me pese, tengo que confesarles que a la larga es algo a lo que te terminas acostumbrando.

No hay que ser un experto para darse cuenta de que el negocio no se limpió cómo debería haberse limpiado durante años. Las paredes se caen a pedazos, tenemos agujeros en los techos, los aires acondicionados se la pasan escupiendo chorros de agua y la grasa está impregnada por donde quiera que vayas. Cualquier cosa que tocas convierte tu mano en un pegote cual chicle expuesto al sol. Muy desagradable.

Los dueños están construyendo un nuevo local para mudar todo el negocio a un lugar más moderno y totalmente renovado y el lugar que tenemos actualmente quedó totalmente abandonado. El problema, básicamente, es que nadie sabe cuándo es que van a terminarlo. El día que llegamos, Darren, quien fue nuestro manager durante los primeros 3 meses, nos dijo que para marzo estaría listo. Lo que no nos aclaró fue marzo de qué año.

Durante el tiempo que estuvimos acá, solo vimos manos a la obra durante un mes como máximo. Le echan la culpa a las lluvias, dicen que por eso no pueden terminar la base de cemento. Pero no sé en que Derby estarán viviendo porque desde octubre hasta ahora solo tuvimos 10 días de lluvia. Lo demás son chaparrones aislados que suceden muy de vez en cuando (incluso les diría que una vez por mes es demasiado) y que duran menos de 10 minutos.

Pero como les dije antes, la grasa termina siendo casi como una compañera de trabajo más. Está ahí firme y lucha contra todo aquel que quiera meterse en su camino y dejarla sin un lugar donde vivir. Al fin de cuentas, creo que no se puede pretender que no haya al menos un poco de ella en un lugar donde las freidoras son el principal objeto de uso y el aceite no se cambia más de una vez por semana (no, tampoco se filtra!).

De a poco, la grasa y yo nos hicimos amigas pero tengo que reconocer que es una amistad por conveniencia. Esta vez, no fui leal con ella y me aproveché de su confianza para saber cuando estaba más vulnerable y así poder exterminarla sin muchas vueltas. Obvio, todavía queda un montón de ella dando vueltas pero al menos el lugar está mucho mejor de lo que lo encontramos.

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Pero no todo lo que está sucio es grasa. A veces, es necesario lidiar con algunas otras cosas un poco más desagradables todavía. El episodio que les voy a contar sucedió sola una vez (¡por suerte!) pero fue suficiente para entender que en la BP de Derby puede pasar hasta lo inimaginable.

Como tantas veces pasó, a una de nuestras compañeras se le chifló el moño y se peleó con uno de los clientes. No estoy segura de cual fue la razón, pero considerando todas las situaciones que se dan diariamente en la Roadhouse, tampoco resulta muy difícil que alguno de nosotros se canse y termine en una discusión leve. Sin embargo, esta vez, la mujer se pasó de la raya.

Unos minutos después del intercambio de palabras, la mujer que ya había salido del negocio entró sospechosamente de nuevo. Si digo que lo hizo de manera sospechosa es porque lo único que hizo fue entrar, irse al fondo justo al lado de las heladeras de café y salió como si nada, sin demorarse más de unos segundos.

Un rato después, Nico y yo estábamos chequeando unas cosas y empezamos a sentir un olor importante. Cómo decirlo de manera polite… a baño público que hace siglos no se limpia. Lo dejamos pasar, pensamos que alguien había pisado caca de perro (raro porque no es algo que se ve muy comúnmente por acá) o se le había escapado un gasecito oloroso.

Yo seguí haciendo otras cosas y Nico se quedó haciendo hielo. En un momento, un cliente se le acerca y le señala el piso, justo enfrente a la heladera donde la mujer había estado anteriormente. Cuando Nico va a mirar, ¿adivinen qué se encuentra? Sí, un sorete tamaño gigante que estaba decorando nuestro piso alfombrado. Una divinura…

Desde ese momento ya sabemos que hay que tener especial cuidado con quien uno discute porque uno nunca sabe cómo la gente puede reaccionar. Lamentablemente, Nico fue quien tuvo que hacerse cargo de limpiar tal asquerosidad y el manager de ese entonces solo se preocupó por estallar de risa y demostrarnos que poco le importaba si esas cosas pasaban en nuestro lugar de trabajo.

Como en el sauna

Mientras la temperatura en el exterior no deja de superar los 40 grados, adentro del negocio el calor se duplica, y les juro que no estoy exagerando. Sí, obvio que es normal que dentro de la cocina haga calor. Las freídoras, el grill y el constante ir y venir de un lado al otro, hacen que el lugar sea un horno literalmente. El problema mayor es que los dos aires acondicionados que tenemos no funcionan como deberían. Son viejos y lo único que largan es agua. La mayor parte del tiempo es lo mismo que estén apagados o encendidos.

Lo que no es normal es el calor que hace en el frente. De los tres aires, solo uno funciona el 100% del tiempo y por supuesto, no da a basto. Otro, dejó de funcionar hace más de un mes y medio y nadie se preocupó en arreglarlo. Y el último, funciona cuando tiene ganas.

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Mucha gente entra y se queja del calor que hace, incluso se compadecen de nosotros que todos transpirados y con gotas chorreándonos desde la frente hasta los pies estamos ahí de pie atendiéndolos mientras nos intentamos no parecer tan desagradables. Los mismos jefes se quejan del calor, pero no hacen nada para mejorar la situación. Total, no es BP, es Derby que tiene un clima caluroso nada más…

La única satisfacción que tenemos y que nos saca un poquito de ese entorno en el que la transpiración se convirtió en parte de nuestro vestuario, son las heladeras y los freezers en los que entramos a buscar la comida. Unos minutos ahí es como estar en la gloria. Y aunque la frescura se evapora al segundo siguiente de poner un pie afuera, sabemos que siempre estarán ahí esperando por nosotros.

Juliana Cajera

¿Se acuerdan de esas valijitas para nenas que se llamaban “Juliana” algo? Así como estaba Juliana Mamá, Juliana Enfermera, Juliana Cocinera, etcétera, etcétera, etcétera, yo bauticé al puesto de la caja como “Juliana Cajera. ¿Por qué? Porque durante los primeros meses (o semanas, realmente no sé porque la dimensión del tiempo acá es un poco confusa), fue así como me sentí.

Para ser un poco más clara, tengo que explicarles que nuestras primeras compañeras de trabajo hicieron que nuestra estadía en Derby sea un poco más difícil. No sabemos si nos querían hacer pagar derecho de piso, si no les gustaba que estuviéramos ahí porque significaba compartir las horas que podrían estar haciendo ellas o si simplemente no les caíamos bien, pero básicamente me hicieron sentir como que para lo único que me querían (o servía) era para estar en la caja.

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Cuando era chica me encantaba el tema de la caja. Estar atendiendo a la gente, cobrarles, darles el vuelto, me parecía algo super divertido. Y también me pareció cuando llegamos acá. El problema es que después de unos días, esa parte del trabajo termina siendo estresante, monótona y aburrida.

Claro, seguramente se estarán preguntando que tan estresante puede ser el trabajo como cajero pero es que no conocen al público de Derby. Yo nunca antes había visto algo similar. Acá la gente compra en etapas. Primero te piden una chicken wing. Pagan, les das el vuelto y preguntás quien es el siguiente. Pero no, antes de terminar de decir “who is next?”, esa misma persona te pide un dim sim, te da la plata, le das el cambio, le servís lo que pide y volves a lo anterior. Pero todo vuelve a empezar, otra vez. Y así, pueden llegar a comprar hasta 5 o 6 veces, todo por separado.

Pero además de eso, a veces resulta cansador estar parado frente al mostrador durante horas para que nadie siquiera se digne a responderte el saludo. Vos estás ahí, con tu mejor buena onda y predisposición, saludando a todo el que entra, para que solo un 5% de los clientes te respondan. Es una situación que, por lo menos a mí, me resulta agotadora porque soy de las que piensan que el saludo no se le niega a nadie y además, es una cuestión de respeto. Acá muchas veces parece que estuvieras hablando con la nada misma y la verdad es bastante molesto (ayer, por ejemplo, saludé a una persona tres veces y ni siquiera cuando vino a pagarme me dijo “hola” de vuelta).

Aunque también, hay que reconocer que tiene su lado bueno. Gracias a ser la Juliana Cajera durante algún tiempo conocí gente con la que pude intercambiar lindas pero cortas charlas (el tiempo es tirano en TV, digo en la Roadhouse) pero también conocer a la familia que nos invitó a pasar Navidad a su casa, a una chica a la que sólo bastó que le dijera que me gustaba su collar para que no dejara de invitarme a Broome cada fin de semana que iba, a muchos aborígenes super interesantes como el hombre que me contaba sobre su vida en la comunidad y sobre cómo sus hijos lo ayudaban porque ya tenían edad suficiente para trabajar o a la nena que me contó que estaba feliz porque se iba de vacaciones a Disney mientras me explicaba que no podía preguntarle nada más del viaje cuando llegara su mamá porque era una sorpresa para ella.

Mis personajes favoritos

Andrew, el esquizofrénico

Sin dudas, es una de las personas más lindas y raras de Derby. Por culpa de las drogas vive en mundos paralelos continuamente. A veces pareciera que fuera plenamente consciente de todo pero de repente, le hablas y no te reconoce. Es un gordito simpático de barba larga y pelos despeinados. A veces viste musculosas y bermudas, otras jean y buzo (sí, con el calor que hace), pero lo único que nunca se saca de encima son sus borcegos, su mochila y su bolsa de dormir que, según él, es lo mejor de lo mejor porque es resistente al agua entonces puede dormir en el pasto y no mojarse.

Andrew tiene sus momentos memorables como pelear contra su amigo invisible mientras grita furiosamente “fuck, fuck, fuck” y hace gestos como si estuvieran pegándose mutuamente. Pero la bronca se le pasa rápido, porque al segundo siguiente lo ves charlando con ese amigo invisible como si se tratara de una reconciliación y hasta ha llegado a probarle sus anteojos de sol mientras hacía gestos de aprobación como diciéndole “sí, te quedan bárbaros”.

Pero el día que se llevó todos los premios fue cuando se puso a bailar con los surtidores. No estamos seguros de si lo usaba cual caño de pole dance o si creía que eran chicas, pero se acercaba lentamente y empezaba a menear en pose sexy de “esta noche soy un ganador”.

Las charlas con Andrew no duran mucho porque automáticamente él las corta con un “thanks missy” o “bye boss” (a Nico llegó a pedirle papas fritas agradeciéndole con un “my Lord”) y muchas veces las conversaciones no tienen sentido alguno. Un día se acercó a la caja a pagar la Coca Cola de 1.25 litros que se tomó literalmente en 3 minutos mientras disfrutaba de uno de los pocos aires acondicionados que funcionan en el negocio, y me preguntó si yo era de Hong Kong. Cuando le pregunté si me parecía a alguien de Hong Kong me dijo que no, se rió y se fue. Nunca entenderé su pregunta, pero me alegró el día con sus locuras.

Lo más curioso de la vida de Andrew es que aparentemente su familia es bastante adinerada, pero él prefiere ser un homeless a vivir con ellos. Algunos dicen que incluso él tiene más de 100 mil dólares en su cuenta bancaria pero que debido a su inestabilidad no tiene permitido usarla.

La realidad no vamos a saberla nunca porque, como les decía, es bastante difícil mantener una conversación con él, pero más allá de que por momentos su cara parece triste y desanimada, por otros nos muestra una gran y genuina sonrisa como demostrándole al mundo que pese a todo es feliz.

La loca del labial

Solo habían pasado unos días de haber empezado a trabajar cuando esta mujer de alrededor de 40 años entró desesperada al negocio como si estuviera a punto de explotarle una bomba adentro del auto. Me miró, se acercó al mostrador y con su mejor cara de “socorro necesito ayuda” me preguntó si no tenía una labial para prestarle. ¡Imagínense mi sorpresa!

Con el tiempo fui “conociendo” un poco más a la que ese mismo día bauticé como “la loca del labial” y me di cuenta de que además de estar al borde de perder la razón por un poco de color en su boca, también es bastante particular cuando de cargar nafta se trata.

Lo que hace no tiene mucha lógica y a veces, hasta me da la sensación de que hasta ella misma se da cuenta de eso. Viene a la estación de servicio todos los días a cargarle nafta a su auto, pero en lugar de cargar lo suficiente como para varios días, ella suele cargar lo mínimo posible. Lo máximo que la vimos pagar hasta ahora fueron 5 dólares y eso para ella es un montón! Lo normal es que cargue alrededor de 2,50 o 2,60, entre a pagar con las moneditas justas como para no perder un momento en esperar el cambio y siempre, pero siempre, pide la factura con los impuestos discriminados.

Mr Sim Sim

Creo que si me hicieran elegir solo una persona de Derby como mi favorita, sería Mr Sim Sim. Un hombre aborígen de un poco más de 60 años, petizo y con una gorra en su cabeza que lo hace parecer un poco más alto, es una de las personas más lindas que conocí trabajando en la Roadhouse. No es de muchas palabras, pero sí de muchas sonrisas. Cada vez que lo veo, lo saludo e intento charlarle como si fuera mi mejor amigo, pero él solo me responde con lo justo y necesario.

Es un fanático de los Dim Sim, esa comida que les mencioné anteriormente y que, gracias a un programa de televisión australiano nos enteramos que es bastante típica en China. Siempre que termina de cargar nafta, entra a pagar con la plata justa y después de decirme “thank you” con su vocecita amable se va a caminar por el resto del negocio.

A veces vuelve con alguna lata de gaseosa, pero otras directamente se acerca al mostrador con su bolsa ziploc llena de moneditas y me pide “a couple of sim sim”. Como es consciente de que en realidad no se dice de la manera en que él lo pronuncia, el “sim simlo pronuncia bajito y para adentro como avergonzado, pero siempre sonriente, lo que me genera una ternura tremenda.

En algunas ocasiones, no se anima a decirlo en voz alta y directamente te los señala. En otras oportunidades, nosotros no lo dejamos ni pronunciar palabra y enseguida le preparamos lo que él quiere, lo que hace que él te muestre una sonrisa aún más grande como agradecido porque sabes lo que te está por pedir.

Bruce

¡Este hombre es un genio! No vive en Derby pero viene cada tanto por trabajo. El primer día que vino se me presentó, me dio su tarjeta y me dijo que era guía de turismo, que si quería hacer algún viaje por su comunidad que lo llamara. La segunda vez que lo vi, se olvidó que ya nos habíamos conocido y me empezó a contar lo mismo, hasta que reaccionó y se acordó de mi. Ese día estuvimos charlando un rato largo y me contó que tenía muchos amigos de todos lados a los que llevaba a conocer el lugar donde vive, los alrededores y mucho más. “Si sos mi amigo, te llevo a conocer todo”, me decía. Después de un rato, me saludó porque se tenía que ir y yo le dije que esperaba volver a verlo. Y no se hizo esperar, apenas salió volvió a entrar con una carpeta llena de fotos suyas, de sus dos autos, su lancha y un montón de dibujos que él mismo hizo. Además, me contó que su proyecto para este año es ponerse su propia agencia de viajes para poder dedicarse plenamente a lo que le gusta hacer.

Desde ese día, cada vez que tiene que venir a Derby viene a la estación de servicio solamente a saludarme. Justo hoy, después de bastante tiempo sin verlo, pasó por BP y pude sacarme esta foto.

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La adicta de las películas (y su perfil oculto de asesina)

En realidad estoy haciendo trampa porque esta mujer está lejos de ser de mis personajes favoritos de Derby. Pero no podía no nombrarla porque de repente se convirtió en una de las anécdotas más extrañas que nos deja esta experiencia.

Tuvimos varios encontronazos con ella. Primero porque siempre viene en busca de descuentos en comida que no nos permiten hacer (y ella nos acusa de no querer), después porque siempre dice que le damos mal el vuelto (pero no lo cuenta enfrente nuestro). Más de una vez quiso dejarnos la mitad de la plata de algo y volver a traer el resto, sabiendo que esa es una responsabilidad que no podemos tomar, sobre todo porque sabemos que después no vuelve!

Al principio la llamábamos la adicta a las películas porque todos los días viene a comprar por lo menos tres películas, y todas de terror. Si bien ella tiene cara de mala, siempre nos pareció inofensiva. Pero, hace un par de semanas empezamos a mirarla con otra cara cuando amenazó a una de nuestras ex compañeras de trabajo de buscarla fuera de la Roadhouse para desfigurarle la cara con un cuchillo.

La mujer se enojó porque ella le dijo que iba a tener que esperar para ser atendida por cuarta vez porque había otros clientes esperando por su primera vez. La mujer enfureció diciéndole que no podía hacer eso, que ella (nuestra compañera de trabajo) ni siquiera era australiana y que sabía donde encontrarla después del trabajo. Desde ese momento, tiene la entrada prohibida a la estación de servicio y en caso de que se anime a volver a entrar, tenemos que llamar automáticamente a la policía por estar violando el derecho de admisión.

Mi “enamorado”

Este es uno de los aborígenes que más me hace reir. El día que lo conocimos vino a cargar 50 dólares de nafta en un bidón. Como muchos clientes, él no quería esperar a que su amigo terminase de cargar para pagar, así que nos dejó la plata y salió para poder irse lo más rápido posible.

El problema es que su amigo cargó solo 20 dólares y sin mirar cuánto indicaba el surtidor, los dos se fueron. Cuando salí a gritarles que volvieran, no me escucharon y siguieron su camino convencidos de que se iban con 50 dólares de combustible cargados.

Dejamos los 30 dólares restantes ahí, porque sabíamos que en algún momento iban a tener que volver, pero los minutos pasaban y nada. Cinco minutos antes de cerrar, llegaron corriendo desesperados porque se dieron cuenta de lo que había pasado. Les contamos que los habíamos corrido y ellos se mataban de risa.

Como no viene muy seguido, ya prácticamente nos habíamos olvidado de la situación hasta que un día volvió y me hizo recordar porque me había caído tan bien. Era sábado por la mañana, solo estabamos trabajando Nico y yo. Él en la cocina preparando los Bacon and Egg y yo en el frente.

Mientras les estaba cobrando unas bebidas que habían comprado, este chico me mira y me dice: “Vengo siempre acá y vos siempre me estás mirando, me parece que tenes algo conmigo” y me guiña un ojo. Yo lo miro, me río y le digo: “sabes que ese que está allá es mi novio, no?”. Lo mira a Nico que nunca se enteró de la situación y riéndose me contesta: “No pasa nada con él, está en la cocina”.

La charla terminó ahí porque él siguió riendo al mismo tiempo que se iba y yo seguí tentada de risa por la situación un largo rato más.

Horas de trabajo, pago y ahorro

Llegó el momento de ponernos serios y hablar de lo que a muchos les interesa (o por lo menos, por lo que bastantes nos preguntan). ¿Cuánto se puede ahorrar en una Roadhouse? ¿Vale la pena?

Y la respuesta es que aunque para nosotros fue bastante sacrificado saber que estábamos en un lugar bastante remoto, sin mucho para hacer y sin amigos alrededor, la verdad es que sí, vale la pena.

Sinceramente, una de las principales razones por las que decidimos alejarnos de las ciudades y trabajar en pueblos es porque nuestro objetivo es ahorrar lo máximo posible para poder cumplir con nuestro sueño de dar la vuelta al mundo después de terminar con nuestra visa. Y la Roadhouse cumple con todos los requisitos que estábamos buscando.

Buena paga, muchas horas de trabajo y pocas alternativas para gastar el dinero. Actualmente estamos trabajando alrededor de 50 horas pagas por semana (algunas más, algunas menos, pero ese es el promedio) y el precio por hora es de 22 dólares bruto.

Aunque empezamos gastando 170 dólares por semana cada uno de alquiler, actualmente estamos pagando 130 por lo que en los últimos dos meses vimos un ahorro un poquito mayor al que veníamos teniendo. Sí, tal vez puedan creer que el alquiler no es barato pero es el precio que tenes que pagar si queres vivir a la vuelta de tu lugar de trabajo (lo cual es un gran beneficio sobre todo cuando tenes que abrir a las 4.30 de la mañana).

Nuestro roster varía semana a semana y no siempre tenemos el mismo día off. Alguna que otra vez me tocó trabajar 10 días seguidos sin descanso y otros apenas hacemos 5, aunque lo normal es que sean 7. A veces nos toca abrir, otras tantas cerrar. Siempre tenemos 30 minutos de break (que no son pagos) y si por alguna razón nos tenemos que quedar más tiempo de lo que deberíamos, se anota y al final de la semana te lo pagan sin problema.

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Sinceramente, no podemos quejarnos respecto al pago, a la cantidad de horas que trabajamos ni tampoco en relación al papelerío. Recibimos nuestro sueldo en tiempo y forma, pagan la Super Annuation (jubilación) como corresponde y aunque a veces se demoran en darnos los payslips (recibos de sueldo), siempre los terminamos teniendo con nosotros.

Reflexiones personales

No voy a negar que por momentos se hizo duro. Nuestra primera impresión al llegar acá fue “dónde nos metimos” y aunque por momentos creimos que no ibamos a durar ni un mes en Derby, estamos orgullosos de nosotros mismos por todo el sacrificio que hicimos, por todo lo que aprendimos y por dejar que esta experiencia nueva nos haga más fuerte para lo que viene.

Para Nico y para mí esto se trataba de una prueba importante. En primer lugar, porque nunca habíamos trabajado en el exterior y en segundo lugar, porque era la primera vez que íbamos a trabajar juntos. Y si a eso le agregamos el condimento extra de que estamos solos, en un lugar en el que no tenemos amigos ni televisión ni internet, el desafío era aún más complejo.

Siempre supimos que nuestra relación es de esas que puede superar cualquier cosa. Nos llevamos super bien y nos respetamos mutuamente, lo que es maravilloso. Pero ahora, trabajando y conviviendo las 24 horas del día y siendo lo único que tiene el otro al alcance de la mano, reconfirmamos que nos llevamos mejor de lo que pensábamos. La verdad es que nos encanta trabajar juntos, somos un gran equipo, muy buenos compañeros y nos organizamos para que todo esté resuelto y los dos trabajemos por igual.

Principalmente por eso, para mí esta experiencia tiene un significado importante y representa una forma de seguir probándome a mí misma y a nuestra relación. Pero además, soy consciente de que crecí en muchos aspectos y también aprendí a hacer un montón de cosas de las que no tenía absoluta idea.

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23 comments

  1. Chusa 27 febrero, 2015 at 14:29 Responder

    Qué buen post!!!! me encantó!! genial cada personaje.. pero lo de tu enamorado fue genial!!! jajajaaj.
    Vamos que quedan 24 dias para disfrutar la playa y descanso!!!!!!!

  2. Ruben M 27 febrero, 2015 at 16:15 Responder

    Excelente post, ideal para quienes quieran realizar su experiencia, muy valedero lo se uds, gran aprendizaje de vida, los felicito y quiero mucho, y disfrutennnnnn!!!!!!

  3. claudia 27 febrero, 2015 at 16:33 Responder

    Me ENCANTO, el mejor de todos hasta ahora leídos, experiencias, momentos vividos, crecimiento personal, y jucho más. La verdad valió la pena esperar tanto a Bitacora. Los felicito a ambos por el compañerismo, el desempeño en lolaboral y en convivencia. Se los extraña mucho, pero creo que Maru vas a tener muchas anécdotas para contarle a tu sobrino Valentin.
    te quiero mucho, lis quiero mucho.

  4. Tatiana Villaseca 28 febrero, 2015 at 19:25 Responder

    Wow trabajar en una Roadhouse es como ser Superman! Todo sea en pos de lo que se viene en unos meses! Igual, después de leerte, puedo afirmar que definitivamente no voy a trabajar en una de estas jaja! Besos chicos!!!

  5. Jime Sánchez 2 marzo, 2015 at 00:03 Responder

    Creo que me agoté de solo leer todo lo que hacen jajaj Muchísimo esfuerzo, pero si vas mentalizado con la idea de que vas a trabajar y juntar plata para seguir viajando, debe de ayudar muchísimo. Qué personajes que hay por ahí por dios!

    Los quiero mucho! Están más flacos, eh! 😉

  6. Pablo 2 marzo, 2015 at 02:13 Responder

    Apareció Mariana! me encantó porque mientras leía el relato podía escucharte. Muy buena descripción de la vida por aquellas tierras y del esfuerzo de laburo que supone. Porque muchas veces solo se ven las fotos de los momentos lindos y todo esto pasa por alto.
    Ahora, por otra parte, me parece super interesante todo lo que contás para pensar un poco en la sociedad australiana y sus hábitos de consumo… fuerte eh! la verdad que muchas veces nos venden el cuento de que en el primer mundo se vive de diez pero no se cuán buena será la calidad de vida de esta gente que vive a Coca y pollo frito.
    En fin… se los extraña en todas nuestras reuniones! abrazo amigos!

    • Mariana Mutti 4 marzo, 2015 at 10:29 Responder

      Sí, está bueno también poder mostrar la otra cara de la vida viajera!

      Lo que decis sobre los hábitos de consumo en Australia es verdad, pero te quedas corto! Ya contaré en otro post mis sensaciones acerca de esta sociedad que es bastante diferente a la que me imaginé!

      Nosotros también los extrañamos, no nos olviden!!!

      Besote!

  7. Natalia 3 marzo, 2015 at 02:17 Responder

    ¡Me encantó esta entrada! Creo que no te ha faltado nada… Vengo siguiendo el blog desde hace un par de meses. Me encanta, y espero enterarme más sobre sus experiencias en Australia. 😉

    • Mariana Mutti 4 marzo, 2015 at 10:30 Responder

      Gracias Natalia!!! Igual a medida que pasan los días me doy cuenta de que quedaron cosas afuera, porque este lugar nunca para.

      Espero seguir leyéndote por acá!

      Un beso grande!

  8. Car 3 marzo, 2015 at 11:25 Responder

    Eyy!! Que lindo volver a leer un post tuyo Maru!!
    Me encantó el post! Leer sus experiencias, sus vivencias, y todo lo que van haciendo y aprendiendo!!
    Los quiero chicos! Ya falta menos para vernos! 🙂 🙂
    Besote grande a los dos!!

  9. peter 8 abril, 2015 at 05:42 Responder

    Hola Chicos muy interesante y completa la informacion entregada, mucho mucho trabajo el realizado por ustedes. Espero que el sacrificio valiera la pena y me parece que ademas aprendieron muchisimos con cosas que no sabian realizar. Los Felicito.
    saludos desde Chile

  10. Delfina 5 julio, 2016 at 10:59 Responder

    Gracias por este post! Estoy sola hace un mes en Perth, recien llegada con la Working Holiday y este finde me voy a trabajar en una roadhouse a media hora de Derby, Willare Bridge. De casualidad conocen? Tengo una mezcla de emociones importante y me vino bien leer tu experiencia para ir haciendome una idea de lo que me espera. Saludos y buenas rutas para uds!

    • Maru Mutti 6 julio, 2016 at 23:40 Responder

      Hola Delfina,

      Woow, que bueno! No, no conocemos la verdad pero te deseamos todos los éxitos! Es una experiencia dura, no te lo voy a negar, pero también super enriquecedora! Y si buscas ahorrar bastante, es la mejor opción!

      Después contanos como te va!

      Un beso grande 🙂

      • Delfina 7 julio, 2016 at 03:38 Responder

        Ayyy si, no te explico como estoy con el tema de la roadhouse.. espero que por lo menos la gente sea buena onda y bancarmela los 3 meses que planeo estar ahi (o que no me rajen antes). Ya les contare como sale todo. Vos mientras segui enriqueciendonos con tus relatos de viaje, que ademas de gustarme la forma en que lo contas me sirve mucho porque cuando termine con esta esperiencia de la working holiday planeo mirar para tierras asiaticas y estan visitando muchos de los destinos que aparecen en mi cabeza (ame los posts de Malasia). Gracias por toda la informacion, que como sabras al manejar estos niveles de ansiedad resulta muy util.. jajaja Estamos en contacto, un beso!

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