Tioman, el paraíso y el infierno

Son las 11.20 y el ferry está atracando en el muelle de Air Batang (ABC). Llegamos a Pulau Tioman y el color del agua ya me ilusiona. Desde que conocí la isla de San Andrés (Colombia) en 2009 mis expectativas al llegar a un lugar de playa siempre son las mismas: espero un mar de color turquesa y aguas cristalinas, como aquellas que disfruté en mi primer contacto con el mar Caribe. Las aguas de Tioman me muestran un perfil azul oscuro, pero no tardo demasiado en darme cuenta que es apenas un engaño de la sombra que da el barco sobre el agua. Apenas caminamos un par de metros con las mochilas a cuestas en mi cara se empieza a dibujar una sonrisa. Sí, el océano en este punto del mapa es tal y como lo deseaba.

Apenas salimos del muelle comenzamos a caminar hacia la derecha hasta encontrar la cabaña que habíamos reservado. En realidad no teníamos planes de venir con algo fijo, pero cuando fuimos a comprar el pasaje del ferry nos engañaron con el clásico “es época de vacaciones escolares y va a estar lleno de gente” y caímos. No teníamos intenciones de, en caso de que fuera verdad y considerando que además era fin de semana, llegar a la isla y tener que dormir en la selva, así que les hicimos caso e hicimos un booking en un lugar que ya habíamos visto previamente por internet.

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La isla tiene una única callecita por la que, además de los peatones, circulan bicicletas, motos y motos con carritos que transportan personas, equipajes y cacharros de un lado a otro de la isla. Cada vez que pasa una de estas tenemos que corrernos a un costado para darles el paso. Aunque es super angosta y es para andar hacia ambos lados pareciera que tienen un sistema preestablecido y siempre los que van en dirección norte tienen la prioridad. Se nota que es una isla muy poco desarrollada y bastante virgen. Me gusta, me hace sentir en un lugar auténtico y tranquilo. De hecho, los únicos ruidos que se escuchan mientras caminamos son las olas del mar y el motor de las motos.

Cuando llegamos a la recepción de nuestras cabañas vimos que prácticamente todas estaban desocupadas. Podríamos haber venido sin reservar que hubiera sido lo mismo. Pero da igual, la casita es más grande lo que la imaginábamos y hasta tiene vista al mar. No nos podemos quejar. Me encanta nuestro balconcito desde donde podemos ver el rojo atardecer. Nico está encantado con la mosquito net que cubre la cama. Me encanta este lugar. Me encanta.

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Las playas son angostas. Demasiado angostas. Tanto que hay lugares en los que ni siquiera tenes arena para recostarte cuando sube el mar. Cuando baja, los restos de corales muertos forman una ancha línea que hace que meterse en el mar significa pincharse los pies hasta pasarlos por completo. Por suerte, a menos de 100 metros encontramos el único rinconcito donde se puede disfrutar de la playa durante todo el día.

Aunque el agua es un poco más fría de lo que pensamos, ese color tan perfecto es irresistible y es imposible no querer pasar horas nadando. Lo raro es que no hay nadie en el mar. Ni en la playa. Ni en ningún lado. ¿A dónde se fue toda esa gente que bajó en el ferry con nosotros? Pasan los días y seguimos sin averiguarlo.

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Tioman parece ser un lugar destinado principalmente al buceo. Hay varios centros que ofrecen todo tipo de cursos e inmersiones, aunque muchos se conforman con hacer alguna excursión de snorkelling en Coral Island, una islita chiquita ubicada frente al norte de Tioman. Nosotros vinimos en plan relax, así que las excursiones y todo eso lo vamos a dejar para más adelante. Ahora queremos hacer playa, playa y más playa. Y trabajar, claro. Aunque el calor que dan los techos de chapa nos tiran un poco abajo. No tengo idea de cuántos grados hará en la isla, pero hay momentos en los que no corre una gota de aire y la humedad es tan fuerte que parece darte bofetadas.

Como el sol sale del otro lado de la isla, las mañanas de playa son tardías. Aprovechamos nuestros amaneceres para sentarnos en nuestro balconcito y respirar el único momento fresco del día. Una mañana aprovechamos para hacer una caminata a Tekek, la zona más poblada de la isla. ABC y Tekek están separados por dos kilómetros de muelle a muelle, pero con el sol pegándonos de frente y lo desierto que está el camino parece que fueran muchos más. Pero, sin dudas, nada que no pueda ser solucionado con una refrescada en el mar.

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A simple vista, Tioman es un paraíso. De esos que pocas veces se encuentran. Playas de arena dorada y mar turquesa por un lado, selva tupida por el otro, atardeceres espectaculares y una paz absoluta. Pero no todo lo que brilla es oro y eso que parece significar estar tocando el cielo con las manos tiene un gran problema que puede arruinarte los días en la isla: las sandflies.

Las sandflies o moscas de arena son una mosquitas diminutas de patas negras y cuerpo blanco que vienen a ser la representación del diablo en el paraíso. No son de esas a las que estamos acostumbrados que molestan y zumban y están por todos lados. Éstas son casi imperceptibles y pican de una forma que es hasta imposible de explicar con palabras.

Ya habíamos leído sobre ellas, pero nadie nos advirtió que Tioman es una de las playas del Sudeste Asiático que padecen estos insectos. Después de pasar nuestra primera noche en la isla, me levanté con ronchas por todos lados. No podía creer que los mosquitos me hubieran asesinado de tal forma y sin que me hubiera dado cuenta. Ni se nos había cruzado por la cabeza que podía ser otra cosa.

Esa mañana, cuando fuimos a la playa, nos dimos cuenta de que eran las benditas sandflies las que se habían apoderado de mi cuerpo. A diferencia de los mosquitos, estas moscas son inmunes a los repelentes de insectos tradicionales y solo pueden prevenirse utilizando aceite de coco, vistiendo ropa de manga larga y pantalones o pasar el día sumergido en el agua.

En Air Batang hay muy pocos mercaditos y no venden ningún tipo de aceite para repeler a las sandflies (negocio millonario a la vista). Todo lo que tienen es para aliviar la picazón que producen las picaduras que son peor de lo que cualquiera pueda imaginar. El bálsamo de tigre es una buena opción, pero a esta altura creo que necesito que caiga hasta en el agua de la ducha porque el picor es insoportable.

No quiero irme de Tioman. La isla me gusta, su vida despreocupada y bastante desconectada me da paz y sus atardeceres sobre el mar turquesa me enamoran, pero las sandflies ganaron esta batalla. No puedo disfrutar del paraíso sin querer arrancarme las ronchas del cuerpo con los dedos. Dicen que no me tengo que rascar porque las picaduras se pueden infectar, pero es un acto reflejo que casi no puedo controlar. No me importan las marcas en el cuerpo que dicen que pueden durar incluso meses, quedarán como un souvenir de nuestro paso por la isla, pero la picazón es desesperante y no quiero seguir entregándome como carnada a las moscas. Es tiempo de cambiar de aires, o mejor dicho de arenas. Damos vuelta la hoja y volvemos a empezar.

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Cómo llegar a Pulau Tioman

Para visitar la isla nosotros nos tomamos un bus desde la estación TBS de Kuala Lumpur a la ciudad de Mersing, en el estado de Johor. El bus nos salió MR33 y tardó 6 horas.

Como llegamos a Mersing alrededor de las 15 no nos quedó más remedio que hacer noche en el lugar y esperar por el ferry de las 9 a la mañana siguiente. Los horarios de los barcos no son siempre los mismos, por lo tanto tienen que chequearlo al llegar o bien por internet en www.tiomanferry.com, aunque a nosotros esta opción no nos resultó porque los de marzo no estaban cargados aún.

El valor del pasaje es de RM35 por trayecto a lo que tienen que adicionarle MR20 de impuestos por conservación de la isla y MR5 por conservación marina. Estos impuestos se pagan antes de embarcar en el muelle. El viaje es de aproximadamente 2 horas y antes de subir al ferry es necesario decidir a qué lugar de la isla van a ir porque el barco va parando en diferentes muelles.

Nosotros elegimos Air Batang y cuando conocimos Tekek nos dimos cuenta de que habíamos elegido la mejor opción. Por lo poco que vimos del otro lado, no encontramos una playa donde poder nadar (tampoco la encontramos marcada en ningún mapa así que no sabemos bien donde está) y a simple vista, ABC parece tener más onda.

En cuanto al alojamiento, en ABC hay de todo. Podes encontrar chalets de lujo que incluyen aire acondicionado y también cabañitas como la nuestra en la que pagas por una casita doble con ventilador y ducha de agua fría (que por el calor sale bastante templada) por MR60 la noche.

Para comer hay algunos restaurantes con precios más altos o bajos según el lugar, pero si se quiere hacer al estilo mochilero los valores son accesibles. Se puede comer un plato de fried noodles o fried rice por entre MR5 y MR7, hay jugos de frutas por MR3 y bebidas calientes por MR1,50.

También hay algunos mercaditos dispersos por ABC en donde podes comprar agua mineral grande por MR3,50; diferentes snacks y cosas de higiene personal. Por lo que vimos, los precios no son extravagantes teniendo en cuenta que estamos en una isla y las opciones donde comprar son pocas.

Además, encontramos más conexión a internet de la que pensamos y aunque la mayoría son redes cerradas con solo hacer una consumición mínima en un bar o restaurante ya podes pedir la clave.

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4 comments

  1. Claudio 5 abril, 2016 at 17:16 Responder

    Lindo lugar para dejarse caer y disfrutar del ocio bien entendido. Maru, me parece que la gente se fue hacia otro lado…………..huyendo de las sandflies. jajajaja
    decirme como pronuncia la moneda de es lejano paraíso. RM y cual es la paridad con el dólar (aquí hoy se está cotizando: 1 dólar = 14,90 pesos).
    Hermosas la vistas y hermoso el lugar, y si llevamos aceite de coco vamos a poder disfrutarlo mucho más. 🙂
    Sigo leyendo el próximo post.
    Saludos. Claudio.

    • Maru Mutti 7 abril, 2016 at 23:40 Responder

      Hola Claudio!!!

      La moneda es el ringgit y se pronuncia “ringuit” y ahora está un poco más fuerte que antes, así que está alrededor de 3,80 al dólar. Cuando vinimos en Octubre llegó a estar 4,30 pero los malayos le están dando poder, parece!

      Un beso grande!

  2. Bea 12 abril, 2016 at 13:16 Responder

    Hola Maru!!
    Siempre le tuvimos ganas a Tioman, y no se dio… ahora viendo lo de las sandflies quizás fue lo mejor!! jaja!
    Mi pregunta es, cómo hacés para diferenciarlas de las picaduras de bedbugs?? o sea, estás segura que fueron las mosquitas y no las bedbugs? porque cuando leí tu descripción me veía a mi misma rascándome por las malditas chinches!! jaja! y otra cosa, a Nico no le salieron ronchas ni le picaba?
    Y bueno, sarna con gusto… ¿no pica? =D
    Un beso!

    • Maru Mutti 18 abril, 2016 at 00:47 Responder

      Hola Bea!!!

      Tioman es hermosa, a pesar de las sandflies yo volvería mil veces(pero mejor preparada, eso sí).

      Por suerte (toco madera) nunca tuve bedbugs pero la diferencia es que las chinches pican dejando tres ronchas juntas en fila y las sandflies no. Además, algunas de las malditas moscas las veíamos y después de unos días me salían ronchas en el exacto mismo lugar donde las vimos.

      Nico tuvo algunas picaduras pero no tantas como yo, de hecho, lo mismo me pasó en Australia y a él no, así que deben amar mi sangre o algo raro debo tener jajaa.

      Igual, si tienen la chance, denle una oportunidad de la isla. Lleven mucho aceite de coco y van a estar bien 🙂

      Un beso!

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