Siem Reap, su gente y mi retorno a Asia

Después de casi 20 días en Tailandia, llegar a Siem Reap fue volver a encontrarme con el continente que vine a descubrir, pero de una manera diferente – como ya les conté en los posts anteriores, especialmente en los de Bangkok, desde que dejé India y Nepal nunca pude volver a sentirme en Asia –

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Tal vez sea que a esta altura del viaje ya estoy un poco más preparada con lo que me voy a encontrar o quizás simplemente es que Siem Reap es una ciudad distinta a todas las anteriores en las que estuve. Es sencilla, es amable, es amistosa y está cargada de rincones con historia que la hacen mucho más atractiva aún.

Sus calles de tierra colorada, sus campos verdes, sus palmeras son sólo algunas de las cosas que pueden llamar la atención a simple vista y que crean esa atmósfera que combina el movimiento de una ciudad con la tranquilidad de un pueblo (de hecho, el día que pedaleé 60 kilómetros, por un momento me sentí en Guaminí, donde a cada paso que das saludas a alguien, lo conozcas o no).

Pero lo que más me llamó la atención de Siem Reap es su gente, en especial los niños. Por un lado, están los que tienen que trabajar y con sus dulces vocecitas te increpan intentando venderte postales, imanes, flautas o algo fresco para tomar y, por el otro, los que viven en orfanatos – ya sea porque son huérfanos, porque son parte de familias demasiado numerosas que no los pueden mantener, o porque en sus casas hay demasiados problemas – y los que llevan una vida “normal” (con normal me refiero a que viven en sus casas, con sus familias y su única preocupación es ir al colegio a estudiar).

Sin embargo, hay algo que los hace iguales a todos y es la forma en que se desviven por saludarte, en las sonrisas que te regalan, en la forma dulce que tienen de hablar y en sus miradas que parecen tener una mezcla de tristeza con resignación pero, al mismo tiempo felicidad.

Creo que ese es un factor común en la gente de Camboya, pero no es difícil imaginar que algo así suceda teniendo en cuenta que la historia que se vivió acá, hace tan poco tiempo, fue demasiado fuerte, demasiado cruel – para los que no saben, en 1975, Camboya fue tomada por los Jemeres Rojos, a cargo de Pol Pot y, durante varios años las familias no sólo tuvieron que refugiarse en diferentes campos de trabajo sino que por lo menos tres millones de personas (de ocho que conformaban la población) fueron asesinadas. Se plantaron minas antipersonas en miles de campos, muchas de las cuales todavía no han sido encontradas, y cientos de niños fueron entrenados como soldados -.

Pero, lejos de su trágica historia, Siem Reap transmite alegría, especialmente cuando la gente te empieza a hablar. En realidad, la mayoría intenta venderte algo diferente pero cuando hablan, el tono en que lo hacen parece ser parte de una canción. El “one dollar” (con la “a” estirada tanto como se pueda) y el “Hello Lady, tuk tuk Lady” (pronunciado “leiri”) son las frases clásicas que se escuchan a cada paso que das y, fuera de ser molestas, creo que es una de las cosas que extraño después de dos días fuera de la ciudad.

Y así, después de todo lo vivido durante una semana en esta ciudad camboyana, creo que no podría haber elegido un lugar mejor para mi “retorno” a Asia.

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6 comments

  1. Marta Auletta 27 mayo, 2012 at 13:29 Responder

    Marianita!!! veo que seguís viviendo una aventura fantástica. Me encantan las fotos y por supuesto todos tus relatos. No dejes de seguir escribiendo, porque los que estamos tan lejos, vamos descubriendo junto con vos todos estos lugares y conociendo historias de su gente, que resultan muy interesantes.
    Besos

  2. ale de Viajar Cueste lo que Cueste 8 agosto, 2014 at 06:38 Responder

    Hermoso tu post, me gusta como lo enfocas con el asunto de los niños vendedores
    Hay mucha gente que eso le molesta, pero con enojarte no ganas nada, todo lo contrario, es ignorar la realidad de estos niños.-
    Me dieron ganas de tener ese contacto todavia no conozco Asia y estoy en ello a ver si se me dá y puedo ver con mis propios ojos ese lugar, por de pronto en este momento tu fuistes los mios
    abrazo grande

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