Río de Janeiro, ciudad y vistas maravillosas

Llegamos al último destino del crucero, Río de Janeiro. Aunque también conocida como la “cidade maravilhosa”, yo les puedo asegurar que si me pidieran a mí que eligiera un apodo, sería “cidade muito quente” o, en castellano, “ciudad demasiado calurosa”. Nunca hubiese podido creer que a las 7.30 de la mañana la temperatura pasaran los 31 grados hasta que vi que el reloj de la combi que nos llevó de una punta a la otra de la ciudad iba aumentando a medida que empezábamos a recorrer.


Tremendo. El calor fue tremendo. Pero, aún así pudimos disfrutar de un paseo que, aunque agotador, me dejó una impresión bellísima. Lo primero que hicimos fue ir hasta el Pan de Azúcar. Para quienes no sepan muy bien de que se trata, paso a contarles. El Pan de Azúcar es uno de los tantos morros que podemos encontrar en Río. Éste se encuentra en la bahía de Guanabara y está a 396 metros de altura sobre el nivel del mar. Dicho esto, se podrán imaginar las vistas que se tienen desde aquí arriba.

Para acceder hasta lo más alto de este morro hay que subir en un teleférico que en realidad tiene el camino “partido” en dos. Primero se sube hasta un punto determinado y luego, se caminan unos metros hasta donde se encuentra la próxima parada. Aunque esto se los explicará cualquier guía que los lleve hasta allí (o simplemente donde compran el ticket) hago mención a esto porque esos pocos metros que te llevan hasta la próxima parada son realmente bellísimos.

Se trata de un camino rodeado de árboles que te hace sentir como en una especie de selva, en dónde incluso es posible encontrar monos. Dicho esto, estamos listos para subir hasta la punta del Pan de Azúcar. Pero… ¿por qué se llama de esta manera? La respuesta tiene que ver con la época de la colonización europea. Los primeros portugueses que llegaron a Brasil, identificaron la punta redondeada del morro con los panes de azúcar que se producían y vendían en su país.

Por supuesto, ése es sólo el nombre y nada tiene que ver con que aquí hay plantaciones de azúcar o algo por el estilo. Lo que sí hay es un precioso lugar donde sentarte a tomar un refresco (no podría imaginar que a alguien se le ocurriera tomar un café con lo fuerte que pega el sol incluso a esa altura) y admirar el paisaje. Todo se ve desde el Pan de Azúcar: los veleros en el mar, las playas, las autopistas, la ciudad…


Pero si las vistas hasta acá resultan increíbles, subir el Corcovado es algo que te deja mudo (y no sólo por el agotamiento que resulta esperar -en un ambiente hiper cerrado y más tarde a pleno sol- para que llegue el tren que te lleva a destino).

Mucho escuché hablar del Cristo, de esa maravilla del mundo moderno que enorgullece a la ciudad y a los brasileros. Mucho escribí sobre ella cuando empecé mi “carrera” en el turismo. Mucho imaginé. Pero todo eso quedó atrás cuando estaba ahí, a 709 metros de altura y parada al lado de una obra de 30 metros que sinceramente, es muchísimo más imponente de lo que imaginaba.

Ubicado dentro del Parque Nacional de la Tijuca, el Cristo Redentor fue inaugurado en 1931 y desde 2007 es considerada una Maravilla del Mundo Moderno aunque, como les dije en el post sobre las Cataratas del Iguazú, creo que este lugar no necesita jactarse de títulos sino que basta simplemente con apreciar su carácter y la forma que tiene de mostrarnos el mundo que lo rodea.

Creo que ni siquiera me sale explicar con palabras todo lo que ese lugar transmite. Es imponente, mágica, inolvidable… Lo único que le cambiaría es la cantidad de gente que hay todo el tiempo, prácticamente es imposible no ser atropellado por la gente que hace lo que sea por una foto. Incluso creo que disfrutan más “peleando” por tener un buen lugar con el Cristo de fondo que apreciando lo maravilloso del paisaje.


Durante la excursión pasamos (literalmente, fue de paso) por las playas de Copacabana, Ipanema, Leblon que, aunque hacía tremendo calor al mediodía no me intrigaron demasiado. Menos después de ver que el color del mar no tenía nada que ver con lo que ya había disfrutado en Bombinhas y en Angra Dos Reis.

También observamos de lejos las favelas y esa contraposición que se da entre lo ostentoso y lo humilde, entre los que más tienen y en los que poco encuentran en sus bolsillos. Me fui con la sensación de que Río de Janeiro es un lugar que tiene un espacio para cada uno, que cualquiera sea tu forma de ser, tu clase social, tu estilo de vida vas a lograr sentirte a gusto con la ciudad y con todo lo que la rodea. Definitivamente, creo que el adjetivo de ciudad maravillosa le encaja perfecto.

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7 comments

  1. Sara M. 18 enero, 2012 at 11:08 Responder

    Me encanta, que fotos tan bonitas. Solo lamento el hecho de que las casas sean tan altas, veo que todo son rascacielos y eso le quita un poco de atractivo a la ciudad, no crees? enhorabuena por tu trabajo. Es fantàstico.
    Sara M.

  2. Edelma 18 enero, 2012 at 14:46 Responder

    Maru coincido con todo lo que mencionas en la nota, especialmente con el tema playa, yo me imaginaba que eran más lindas pero ninguna supero la impresión que me dejo Bombinhas.

    Me encantan tus notas nena! Felicitaciones!

  3. María Inés 22 enero, 2012 at 13:38 Responder

    Contrataron las excursiones por cuenta propia en el puerto? o tomaron taxi? cuántos reales necesitaron por persona?
    Felicitaciones por el blog!!

  4. Alejandro 10 julio, 2013 at 15:01 Responder

    Me encantaron las fotos, Brasil es maravilloso, yo ahorita estoy ideando un viaje a sudamérica, hace poco fuí a San José Costa Rica (lo más lejos que he llegado) y de verdad que muy bonito te lo recomiendo mucho.

    Saludos.

  5. karla 31 enero, 2014 at 19:45 Responder

    que lindo todo, soy de chile y tengo unas ganas tremendas de conocer Rio de Janeiro, queria preguntarte si es que ¿encontraste peligrosa la ciudad en si?

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