Reflexiones cotidianas

Hoy tengo ganas de escribir. No estoy muy segura de qué, pero siento que necesito dejar que las palabras fluyan en un pedazo de papel, que digan lo que tengan ganas de decir. Creo que a veces es necesario hacer reflexiones, mirar hacia atrás y pensar en las cosas que pasaron, que aprendimos, que tal vez nunca nos sentamos a analizar.

Estos últimos días estuve escribiendo mucho sobre mí. Dediqué toda mi energía y tiempos libres de inspiración en modificar un poco mi biografía, el quién soy de este blog porque sentía que no me representaba, que no reflejaba verdaderamente mi personalidad. Y aunque me costó, tremendamente y más de lo que puedan llegar a imaginar, creo que me sirvió para salir un rato de mi misma y verme desde afuera.

Y mientras más pensaba en cómo describirme, más recordaba situaciones de mi vida. No sólo de mi vida como viajera, sino también de mi vida rutinaria. Me encontré sentada frente a la Mariana que es feliz y libre mientras viaja, conoce, interactúa y aprende con las cosas nuevas del camino pero también con la Mariana que sabe ser feliz en la cotidianeidad de la vida con una jornada laboral de ocho horas, más (mínimo) dos de viaje entre ida y vuelta y con el desafío de dejarme sorprender por las personas y cosas que ya conozco.

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Si hay algo que puedo decir con seguridad es que no soy la misma que se fue aquel 2 de abril de 2012 en busca de algo diferente, de un poco de aventura y de un poco de encuentro personal. Crecí, crecí mucho y aprendí un poco de todas y cada una de las personas que conocí durante los cinco meses y medio que estuve lejos de casa. Pero no sólo de ellas, aprendí y mucho de las personas que se quedaron acá, siguiendo y apoyando mis proyectos, mis deseos, mis ganas de ver qué pasa más allá.

Entendí que cada rincón del mundo tiene un sinfín de diferencias que terminan convirtiéndonos en seres excepcionales, únicos y con mucho para brindarle al otro. Porque a pesar de que quienes viajamos en busca de aprendizaje tal vez no lo veamos tan claramente al principio, nosotros también llevamos un poco de conocimiento a quienes eligen (o tienen que) establecerse en un determinado lugar.

Somos personas y como tales estamos preparadas para aprender y enseñar, sea cuál sea el método para lograrlo. Y es que estamos destinados a hacerlo sino que realmente lo necesitamos. Necesitamos de los demás para poder nutrirnos de sus experiencias y conocimientos, de sus relaciones y sus costumbres porque todo eso nos enriquece y nos enseña más de la vida. Nos ayuda a poder relacionarnos sin tanto prejuicio, entendiendo que todos somos iguales y que, justamente esas diferencias que podemos tener no son más que las que barreras que nosotros queremos ponernos frente al otro.

Por eso, creo que lo importante es dejarse sorprender por todas las cosas, sean conocidas o desconocidas para nosotros, sea algo cotidiano o algo completamente nuevo, y es lo que estoy haciendo desde entonces. Estoy dejándome llevar por lo que se cruza en mi camino permitiendo que todo eso que siempre estuvo ahí logre cautivarme de alguna forma diferente a la que la hizo en otro momento. Quiero que mi cara tenga siempre esa misma sonrisa que suelo tener cuando piso una tierra desconocida y sobre todo, no quiero permitir que la rutina me agobie y no me deje ver  esas cosas ni apreciar los momentos únicos de cada día como compartir un mate con amigos, una cena en familia, una charla con mi novio…

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Y también trato de imaginar qué están sintiendo los viajeros que vienen a mi ciudad en busca de todo eso que yo fui (y voy) a buscar a otros lugares. Cada vez que paso por alguno de los hostels u hoteles de Buenos Aires o simplemente, cuando veo a un mochilero cargando con todo el peso de sus experiencias en la espalda, no puedo evitar inventar sus historias en mi cabeza. De dónde vienen, a dónde van, por qué viajan, qué dejaron atrás, qué experiencias tuvieron antes, cuáles irán a tener, cómo los recibieron al llegar, cuál es la impresión que tienen de mi país…

Hoy tengo ganas de escribir y dejando que las palabras fluyan siento que de alguna manera estoy empezando a responder la pregunta que me hice cuando escribí el post ¿cómo le gano a la rutina mientras no puedo viajar?

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