La otra cara de Guadalupe (o lo que pude conocer antes del erizo)

Aunque Guadalupe para mí siempre va a ser el lugar donde conocí la maldad que tienen los erizos de mar, también es una isla que me dejó impresionada no sólo por su tamaño sino además por su belleza. Como les conté en el post anterior (Guadalupe me eriza…¡el pie!), se trata de un territorio netamente francés y eso se nota desde que pones un pie en la isla. Si alguno de ustedes fue a Francia alguna vez, sabe que son personas… como decirlo, especiales. Detestan que les hables inglés y si por alguna razón no tienen ganas de relacionarse con vos. da por hecho que no lo van a hacer.

Isla de Guadalupe

Así de grande es la isla…

Como se podrán imaginar, yo de francés se lo mismo que de chino mandarín y mis únicas formas para comunicarme son el español, inglés o el lenguaje de señas. Señas de las cotidianas, claro. Así que ya sabía de entrada que el primer obstáculo a saltar era la negociación con los guadalupenses que estarían esperando ansiosos por las víctimas que estaban bajando del crucero. Es lógico. El prejuicio del ser humano hace que cualquiera al que le cuentes que estás haciendo un crucero por el Caribe crea que estás lleno de plata y que por eso se puede aprovechar y cobrarte lo que quieras. Pero, en nuestro caso, nada más lejano que eso. El precio que pagamos por esas siete noches a bordo fue más o menos igual que lo que hubiésemos gastado por 4 días en Ushuaia, la ciudad más al sur de nuestro propio país. Obviamente, ninguno de los acosadores locales que estaban esperando por nosotros tenía noción de esto y pensaron que se la íbamos a hacer fácil como suelen hacer muchos. Te digo un precio y aceptás, así de fácil. Pero no. Con nosotros eso no iba a pasar. Nico y yo tenemos alma de backpackers y el regateo está primero en la lista de nuestras prioridades a la hora de cuidar nuestro presupuesto. Lo primero que hicimos fue decidir a dónde queríamos ir. Guadalupe es una isla inmensa y cualquier recorrido que quieras hacer lleva su tiempo. Nosotros habíamos escuchado hablar de lo linda que era su vegetación y sus cataratas, pero también nos habían hablado maravillas de sus playas. Así que la decisión estaba tomada: íbamos por las dos cosas y además, tenía que sobrar el tiempo para poder caminar por las calles de la ciudad.

Guadalupe

Las primeras imágenes de la isla…

Guadalupe

El primer hombre al que le preguntamos cuanto nos cobraba sólo nos ofrecía llevarnos a la playa por 10 euros o ¡30 dólares! Pueden imaginar nuestras caras cuando escuchamos ese disparate. En ese momento la relación entre monedas era de 1.5, por lo que cómo máximo debería cobrarnos 13 o 14 dólares a cada uno. Lo miramos, le hicimos una seña de “estás completamente loco, flaco”, nos dimos la media vuelta y fuimos a hablar con otro. Déjenme decirles que aunque AMO el momento del regateo, hacerlo cuando el otro no está dispuesto a entender tu idioma puede ser realmente agotador. No sé exactamente cuanto tiempo estuvimos peleando por el precio que queríamos pagar, pero deben haber sido más de 45 minutos seguro. En mi cabeza había puesto un precio límite y así como los guadalupenses no estaban dispuestos a hablar casi nada en inglés (y no porque no supieran), yo tampoco estaba dispuesta a subir ese número. Las condiciones estaban dadas para que se tratase de una guerra en que sólo podía ganar el que más resista. De más está decir que, al menos por cansancio, fuimos nosotros quienes salimos invictos y no sólo eso, terminamos pagando aún menos de lo que estábamos pidiendo. Así que después de negociar unos 25 dólares por persona para conocer todo lo que queríamos, nos subimos al auto y nos dejamos llevar por los paisajes de la isla.

guadalupense dormido

Terminó tan cansado de regatear con nosotros que se durmió!

La primera parada que hicimos fue en una de las cascadas de las que tanto escuchamos hablar. Sinceramente, de no haber sido porque el camino hasta allí fue paisajísticamente hermoso, no sé si es un lugar al que vale la pena ir. El salto al que nos llevó el taxista que contratamos era “Cascade aux Ecrevisses”, no me pidan que lo traduzca al inglés o español porque no tengo absoluta idea de lo que quiere decir y pueden imaginar que no había nadie en la isla que nos pudiera explicar su significado. Pero, más allá de que no es la gran cosa el paseo en el auto que duró aproximadamente una hora para llegar hasta allí resulto ser muy cómodo y agradable porque esa zona de la isla es increíblemente verde. Los árboles son tan tupidos que terminan convirtiéndose en una selva enorme que de haber tenido tiempo me hubiese encantado recorrer y explorar.

DSC_0427 DSC_0429 DSC_0430 CIMG0159 Por supuesto, después de ver que la catarata era apenas un salto pequeño de agua que ni siquiera se asemejaba a las que había visto en Luang Prabang (Laos), no insistimos demasiado para que nos llevara a conocer los demás. Decidimos ir directamente a la playa de Santa Ana, para la que teníamos otra hora de ruta por delante. La historia de lo que pasó en esa playa ya la saben, pero lo que no tienen idea es de lo hermosa que resultó siendo. Esta zona costera de Guadalupe es la más conocida porque es la preferida por quienes quieren practicar deportes acuáticos como el windsurf, además de que está excelentemente cuidado por tener las instalaciones del Club Med. Igualmente, hay que saber elegir el sector de la playa donde vas a quedarte porque las algas decoran las costas y muchas veces hacen que el agua parezca muy sucia. Igualmente, son solo algas así que no hay nada que temer. A nivel paisajes y naturaleza, Guadalupe es una de las islas que más nos gustó justamente por esas cosas tan distintas que podes encontrar en el camino. Los bosques y su color verde, la playa y su agua turquesa… Mi gran problema es que gracias a mi accidentado encuentro con el erizo no tuve la oportunidad de ver lo que más quería: la ciudad y su gente. En el momento estaba enojada conmigo misma (y con el maldito bicho también, obvio) porque fue el lugar donde más tiempo tenía para adentrarme en su cultura y su modo de vida y fue en el único que no pude hacer las cosas que tenía planeadas. Pero eso me recordó también que nada en la vida puede ser planeado en un cien por ciento y que siempre tiene que haber lugar a los imprevistos. DSC_0437 DSC_0456 DSC_0461 DSC_0441 DSC_0458

En fin, de lo que sí estoy segura es de que ahora Guadalupe y yo tenemos una deuda pendiente por saldar. ¡Volveré por ti y por tus erizos!  😆

Datos útiles para viajar en Guadalupe:

  • La moneda oficial es el euro, si van con dólares tengan cuidado con la cotización que les hacen (al 29/03 1 euro era igual a 1,5 dólares). Muchas veces, les van a ofrecer llevarlos a una casa de cambio para que paguen en dinero local, pero si insistís también podes pagar con USD.
  • Regateen todo y mucho. Les van a pasar precios ridículos por todo y pueden conseguirlo con mucho menos (acá tenes 9 claves que te pueden servir).
  • La isla se divide en dos partes. La árida llamada Grande-Terre es donde se encuentran todas las playas y la trópical, Basse-Terre, es donde van a encontrar cascadas, zoológicos y mucha selva.
  • Por alguna razón que no comprendo, los negocios abren tarde a la mañana y muy temprano en la tarde, si quieren hacer algún tipo de compras pregúntenle a algún local como son los horarios de ese día (créase o no, muchas veces depende de la cantidad de turistas que llegan al puerto).

Recordá que viajar con seguro de viaje es muy importante.

¡Encontrá acá los mejores precios y promociones de asistencia al viajero!

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