Mount Hotham y el sueño de vivir en la montaña

Dinner Plain, 25 de septiembre de 2015

La tarde está gris y hace frío. La leña del hogar, que se convirtió en la única manera de calentar nuestros cuerpos, arde con furia en esta primavera que se ve amenazada por el invierno tardío que ahora no se quiere ir. Se termina una etapa pero lejos de sentir nostalgia en mi cara se dibuja en una sonrisa. Hace poco más de cuatro meses que estoy, una vez más, cumpliendo un sueño.

Llegamos a Mount Hotham con las mochilas cargadas de expectativas. La mía pesaba un poco más, hay que admitirlo. Aunque Nico también tenía ganas de pasar por esta experiencia, vivir en la montaña era un sueño que me pertenecía en un cien por ciento. Él, fiel y compañero como es, se lo adjudicó también para acompañarme.

Fuimos los primeros exploradores en un territorio desértico. La montaña estaba vacía y los últimos rastros de hielo amenazaban con desaparecer por completo. Durante las primeras semanas todo lo que había alrededor me enamoraba y me hacía sentir mariposas en la panza. Las mañanas eran frías pero los amaneceres rojos y brillantes eran los suficientemente cálidos como para disfrutar de las madrugadas. Me sentía plena, feliz, en total armonía con la naturaleza, conmigo y con todo lo demás. Definitivamente, desde el primer momento sentí que la montaña es mi lugar.

amanecer en mt hotham

Ya desde el primer día la montaña nos regaló cielos como este…

 

mt hotham

Y los primeros paisajes…

 

mt hotham

mt hotham

La primera nevada fue algo espectacular y memorable. Los copos eran chiquitos y apenas si se veían en el aire, pero las ramas de los árboles mostraban tímidas ese vestido blanco incofundible que me emocionaba de una manera que es hasta difícil de explicar. La postal retrataba la imagen exactamente como la había dibujado en mi mente y por primera vez entendí que sueños y realidad son una misma cosa si uno realmente se lo propone.

Poco a poco, y como suele pasar con la mayoría de las cosas, el entorno se volvió parte de lo cotidiano y tal vez dejé un poco de maravillarme con lo que veía. Cada tanto, me recordaba a mí misma que tenía que mirar el presente y como consecuencia, disfrutar todo lo que estaba en mi camino. Volví a mirar de verdad, a sentir, a disfrutar, a conectarme con esas esculturas gigantes que me rodeaban y que ahora ya estaban completamente vestidas de blanco.

nieve en hotham

La emoción de la primera nevada

 

nieve en hotham

nieve en hotham

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Cada nevada, sin importar si era chiquita o grande, la vivía como si fuera una nena. Cada paso era una oportunidad para hacer guerra de bolas de nieve y sentir como el frío penetraba por el cuerpo me llenaba de vida. Nunca dejé de sonreírle a esos copos que distraídos decidían posarse en mi cara y que a veces, con ayuda del viento, quemaban hasta doler. Porque cuando querían ponerse violentos, lo hacían. En ocasiones golpeaban y fuerte. Pero nos dimos cuenta de que no había nada en todo eso que no se pudiera soportar. Nos acostumbramos a que el termómetro marcara unos cuantos grados por debajo de cero y sentimos alivio con temperaturas con las que, en Buenos Aires, no querríamos ni asomarnos la nariz al balcón.

El lugar no podía ser más perfecto. La montaña en sí misma resplandecía con cada rayo de sol y el pequeño pueblito donde vivíamos se convirtió en el escenario perfecto para admirar cada momento que la naturaleza tenía para regalarnos. En realidad, Dinner Plain se parece más a un típico barrio cerrado que a un pueblo, aunque tiene una escuela, un spa y varios restaurantes, además de su propia pista de ski. Todo parecía de cuento, un cuento en el que nosotros éramos los protagonistas.

nieve en hotham

El paisaje cambió muy rápido

 

nieve en hotham

atardecer en hotham

Y nos regaló atardeceres blancos y de cielos rosas

 

mt hotham

nieve en hotham

nieve en hotham

nieve en hotham

nieve en hotham

Bagel Lodge, nuestra hermosa casa de montaña

 

nieve en hotham

nieve en hotham

muñeco de nieve en hotham

muñeco de nieve en hotham

Un día nos animamos e hicimos nuestro primer muñeco de nieve!

 

snowboard en mt hotham

El snowboard y el esquí fueron parte de nuestro paisaje diario

 

Y casi sin quererlo, sin darnos cuenta, el tiempo pasó. Vivimos en la montaña cuatro meses y once días que representan mucho más que un tiempo en el calendario. Son parte de un sueño que me dejó la piel marcada de momentos felices y recuerdos imborrables. De personas lindas, de otras no tanto, de preocupaciones y despreocupaciones, de alegrías y de tristezas. Porque así es la vida y así son los sueños. Se viven, se vibran, se sienten y algún día terminan para darle lugar a otro sueño que viene, no a ocupar su lugar, sino a sumarse a la experiencia de sentir desde lo más fuerte de nuestro ser que ¡pucha que vale la pena estar vivo!

Este texto lo empecé a escribir el anteúltimo día de nuestra vida en la montaña. Mezcla de sentimientos que me atragantaron las palabras y no me dejaron, sino hasta hoy, terminar de plasmar mis emociones.

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