13 consejos para vencer los miedos antes de un viaje largo

Tenes ganas de hacer un viaje largo pero te invaden los miedos. Que si te pasa algo, que si te quedas sin plata, que es peligroso, que no vas a saber qué hacer cuando volves y mil cosas más. A todos nos pasa, es normal y es parte del proceso y, muchas veces, lo que usamos como excusa para dejarlo para otro momento.

Pero cuando llegué ese otro momento, todo va a volver a empezar, es como un círculo vicioso. Por eso, y para que le pongas el pecho a las balas y dejes de ponerte obstáculos que solo están destruyendo tu sueño, 13 grandes viajeros se reunieron para darte los mejores consejos para vencer los miedos antes de un viaje largo.

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Es peligroso, ¿y si me pasa algo?

Irene GarcíaCrónicas de una argonauta

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Déjame que te haga una pregunta: ¿Te has planteado alguna vez a cuántos peligros te expones cada día por el simple hecho de estar vivo y salir a la calle? Los hay, pero no los enfrentamos con tanto miedo porque vivimos en un entorno en el que ya sabemos cómo reaccionamos. En un viaje el peligro no tiene por qué ser mayor, pero desconocer cómo seremos fuera de nuestro entorno genera inseguridad.

Por ello, antes de cada viaje siempre me entra el miedo. Supongo que mi miedo previaje se puede comparar a los nervios escénicos que viven los actores antes de salir al escenario. Nunca se quita, por muchas obras/viajes que lleves a tus espaldas. ¿Y si me pasa algo? ¿Y si me roban, o me asaltan, amenazan o violan? ¿Y si me muerde una víbora, me ataca un oso o un perro…? Y así podría seguir varios días si dejo volar la imaginación.

¿Qué hago para salir de viaje a pesar de todo? Pienso en cómo reaccionaría si alguno de los peligros sucediera. Es cierto que no siempre reaccionamos tal y como imaginamos que lo haríamos, pero pensar en todas las posibles soluciones que hay frente a cualquier peligro me da cierta seguridad, pues me ayuda a sentirme preparada en caso de que ocurrieran. También me tranquiliza recordar las reacciones que tuve durante las situaciones difíciles que he vivido en otros viajes o a lo largo de mi vida. Eso me ayuda a convencerme de que estoy más preparada de lo que creo para resolver cualquier peligro. Todos lo estamos.

Cuando te animas a salir de viaje, a pesar de todos los peligros, descubres que el mundo no es una historia de terror y, aunque lo fuera, tienes todo lo que necesitas para sobrevivir a ella.

Es que no sé con qué me voy a encontrar…

Nico CorazzaJuntando Millas

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El no saber con qué me iba a encontrar era un de las grandes preguntas que me hice desde que se nos cruzó la idea de largar nuestra vida cotidiana y empezar a viajar sin fecha fija de vuelta. Esos miedos, esas preguntas estuvieron mucho tiempo en la cabeza hasta el momento en que nos subimos al avión y empezó la aventura.

Fueron pasando las semanas, los meses y todo aquello que tenía pensado que sería ideal y perfecto era solamente un pensamiento. Muchas piedras en el camino, muchos imprevistos, situaciones que me hicieron pensar en si realmente estuvo bien la decisión que tomé o si hubiera sido mejor quedarme “seguro” como estaba.

Muchos creemos que la vida es como te la pasan en las películas, que todo sale perfecto, pero cuando se trata de la vida de uno estas situaciones se hacen realidad en pocos casos. Lo mejor, y lo que considero lo ideal, es pasar por estas situaciones, soportarlas, superarlas y a la distancia vamos a ver que siempre vale la pena arriesgarse. Además, creo que sería feo tener que lamentarlas estando detrás del escritorio de una oficina mirando un excel con fórmulas inentendibles, como era mi caso.

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¿Y si me enfermo?

Nicolás Raposo y Andrea MoreraAltibajos en Mochilas

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La salud es un tema que puede preocuparnos antes de salir de viaje. Afortunadamente mucho se puede evitar tomando algunas medidas básicas como usar repelente, consumir agua en botella (en lugares donde el agua no es potable), tomar medicación antimalárica de ser necesario (aunque nosotros no lo hemos hecho), conducir con cuidado (en especial si alquilas moto), evitar puestos de comida que nos generen desconfianza (que no significa callejeros, porque solemos frecuentarlos mucho), y otras más. También contratar un buen seguro de viaje nos ayudará a estar más tranquilos y cubiertos. Los seguros son de esas pocas cosas que uno compra esperando no usar, pero el día que lo necesita da las gracias por haberlo contratado.

De todas formas, lo más probable es que durante tu viaje te enfermes mucho menos de lo que estabas acostumbrado: chau dolores de cabeza, contracturas, acidez, y muchas otras enfermedades asociadas con el maldito stress. O al menos esa fue nuestra experiencia viajando casi un año por el Sudeste Asiático. Lo único que nos pasó fue que Andre se contagió de dengue en Vietnam (que también le podría haber pasado en Argentina, porque fue justo durante el brote de dengue en nuestro país). El seguro nos derivó a un hospital internacional donde tuvo que estar internada una semana, la atención fue excelente y no tuvimos que pagar nada.

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No vamos a mentir, da un poco de bronca enfermarse en un viaje, sobre todo si es corto o si tenes pocos días en ese lugar que tanto esperabas conocer. Pero está en cada uno sacar lo mejor de cada situación, en nuestro caso tomamos esos siete días de hospital como un descanso del viaje y para recuperar energías, aunque la enferma salió hecha una lechuguita del hospital. Al fin y al cabo, todo forma parte del viaje, y hay que saber aprovechar esos malos momentos también.

¿O acaso en tu casa estás exento de enfermarte?

Mmm… mirá si le pasa algo a mi familia o a mis amigos mientras no estoy

Gilda SelisMi Bitácora de Viajes

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El año pasado me fui de viaje tres meses por Brasil. Fue hasta hoy mi gran viaje por ser el primero que hice sola. Derrumbé miedos y prejuicios. Muchos me advertían de los riesgos que corre una mujer viajando sola; otros me admiraban.

Un sábado de noviembre mi mamá me escribió un whatsapp y me preguntó si podía conectarme al skype. En Curitiba llovía a cántaros, había tenido fiebre la noche anterior y estaba acostada quedándome dormida. Me dio fiaca prender la computadora pero ante la insistencia de mi madre lo hice. Recordé que era su día libre y que por eso quería hablar conmigo. Me equivoqué. La verdadera razón era otra. A través de la pantalla vi a mi madre enderezarse sobre la silla, tragar saliva y decir las palabras que no me hubiera gustado escuchar:
−Hija, tranquila, escuchame, está todo bien pero necesito decirte algo. Anoche tu papá tuvo un infarto. Estará internado unos días pero está bien−.

Me quedé helada, rígida. Tengo un par de nubarrones en la memoria por el shock. Después me acuerdo que no dejaba de preguntarle si realmente estaba bien. Era el tercer infarto de mi padre y tenía miedo de que en realidad se hubiera muerto y que por skype no me lo quisieran decir. Mi madre repetía una y otra vez: “Creéme por favor, no te mentiría con esto. Está vivo. Va a estar bien”.
Casi por inercia apagué la computadora.

Lloré fuerte y sola en la habitación de un hostel. El corazón me latía rápido, con miles de sensaciones encontradas. Pero pocos segundos bastaron para tomar la decisión. El viaje para mí había terminado. La vida me demostraba que no avisa, no espera, sacude. Volvería con muchas incertidumbres pero con una gran certeza: cuando se trata de mi familia no hay mucho que pensar, sólo sentir. Y yo sentía la necesidad de proteger a mi hermanito de tan sólo 4 años y acompañar a mi padre en ese momento.

Había andando por pueblos de Brasil, alejados de las grandes ciudades y carreteras. Por esas “casualidades” (cada vez me convenzo más que no existen) ese día me encontraba en una ciudad con aeropuerto propio. Entonces prendí la computadora, le avisé a mi madre y ella me compró el primer pasaje a Buenos Aires que era para el día siguiente. Pasé la noche en vela pero con la tranquilidad de saber que estaba haciendo lo que sentía. Con la mochila aún a cuestas fui directo del aeropuerto al hospital. El abrazo con mi hermano y la sonrisa de mi papá al verme lo valieron todo. Ese también fue un viaje. Un viaje al corazón.

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(★) La foto es del reencuentro con mi hermanito en el hospital. Imposible contener las lágrimas.
(★) Aclaración: Mi viejo se repuso, ya lleva cinco stents y yo ya volví a viajar.


Flor ZaccagninoViaje y Descubra

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Cuando decidí dejarlo todo en Buenos Aires, renunciar a mi trabajo e irme de viaje sin fecha de vuelta con mi mochila por Brasil nunca imaginé que serían los últimos momentos con mi mamá. Me fui en diciembre, me instalé en Florianópolis y estaba viviendo un sueño increíble, me sentía libre, por fin. A fines de febrero recibí ese llamado que nunca queres escuchar: mi familia me avisaba por Skype que mamá estaba en terapia intensiva por un problema pulmonar (por el puto cigarrillo!). Al día siguiente me volví en el primer avión que conseguí.

Después de muchas charlas con mi familia decidí atravesar el duelo viajando. Ella lo hubiera querido así. Mi vieja fue y sigue siendo mis alas. Ella me enseñó a nunca bajar los brazos y me alentó a cumplir cada uno de mis sueños. Cada lugar nuevo que conozco se lo cuento y saco fotos especialmente para ella.

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¿Qué pasa si no me entienden y no puedo comunicarme con nadie?

Virginia Sanz – Por las Rutas del Mundo

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Cuando decidimos viajar por Brasil, la única palabra que sabía decir era “obrigado” (gracias) pero a 100 kilómetros de la frontera me enteré que las mujeres debemos decir “obrigada”. Es decir, ni siquiera iba a decir “gracias” de forma correcta.

En el límite entre Uruguay y Brasil, compartimos unos días con una familia. Lala de ocho años, sabe hablar los dos idiomas y me enseñó una frase que consideró la más importante para nuestro viaje: “Voce me deixa montar a barraca no patio uma noite?” (¿Usted me dejar armar la carpa en el patio por una noche?).

Lejos de verlo como un problema, el portugués lo sentía un desafío que me hacía cosquillas en el estomago. ¿Qué pasaba si no me entendían o no podía comunicarme con nadie?

De los cinco meses que estuve en Brasil, son contadas con las manos las veces que no pude entender a alguien o hacerme entender. Siempre busqué la forma de hacerlo: me bajé dos aplicaciones offline para mi celular. Si no me comprendían hablando, lo escribía y hacía que lean la traducción. Y por supuesto, nunca falto el juego de “dígalo con mímica”. ¡Muy divertido! ¿O no?

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¿Y si me pierdo y no sé cómo llegar a dónde tengo que ir?

Verónica Boned DevesaSin Mapa

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Sin lugar a dudas uno de mis mayores miedos a la hora de viajar, teniendo en cuenta que soy la persona más desorientada del universo, era el perderme y no saber moverme o llegar a los destinos. Cuando empecé a viajar no existían los teléfonos inteligentes con sus GPS y apps de mapas por lo que me tenía que valer de un plano de la ciudad, pero como no sabía -ni sé- leer mapas daba igual tenerlo o no porque siempre terminaba caminando en la dirección opuesta. Ahí fue cuando comprendí que, aunque no sepas hablar el idioma y no tengas mapas y estés totalmente desorientada siempre hay personas dispuestas a ayudarte y guiarte -aunque más no sea a través de señas-.

Por suerte ya estamos en el siglo XXI y la tecnología ha avanzado muchísimo. Algunos de los trucos que hoy en día yo uso para orientarme son: Google maps (porque si me salgo de la ruta la bolita azul de Google me lo indica) y además puedo descargar el mapa de la zona y usarlo sin conexión a internet; la aplicación maps.me que me permite dejar indicada la ubicación del hotel para que, esté donde esté, me lleve de vuelta y, muy importante, tengo siempre apuntada en una hoja o libreta el nombre del hotel donde me hospedo y la dirección (escrito en la lengua local) así, si me pierdo, se la muestro a un taxista para que me lleve de vuelta o se la enseño a alguien en la calle para que me de indicaciones. Estas mismas reglas aplican a cualquier destino turístico al que quieras ir. Pero recuerda, la gente local estará encantada de ayudarte a encontrar tu destino… no temas pedir ayuda si la necesitas.

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¿Si me quedo sin plata qué hago?

Valentina CorreaUn Poco de Sur

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Voy a sincerarme, a mi personalmente nunca me preocupó el “quedarme sin plata” porque la verdad es que ya he afrontado ese miedo anteriormente en otros momentos de mi vida y resulta ser que “nunca me quedo sin plata” pero he decido hablar sobre este tema porque Jesper si que lo tenía y me toco, pasito a pasito, ayudarlo a superarlo.

El primer truco que aplico a cualquier decisión (incluida el viaje)  es pensar en el peor escenario y prepararme para él, así siempre es más fácil calcular los riesgos reales y tomarlos estando preparado. Por ejemplo: Sí lo peor es “voy a tener que volver” entonces es algo bastante razonable, no es algo grave ni mucho menos, listo, te quedaste sin plata, tomas tu reserva de dinero para tu billete de vuelta, volviste, el mundo no se acaba… Pero para ya sacarte la idea de la cabeza lo más probable es que eso nunca suceda. ¿No me crees? Siempre encontrarás algo que hacer, los momentos de “crisis” sacan nuestra mejor imaginación del bolsillo. Acabarás encontrando un trabajo por el camino, venderás algo que sepas hacer o incluso aprenderás algo que puedas vender.

De todos los casos y viajeros que conozco el “quedarse sin plata” es algo que no he escuchado muy a menudo y cuando lo escucho siempre es “pues volvimos porque nos quedamos sin plata” y ya, ¿viste? el mundo no ardió.

Esta claro que todo esto no es gratuito, hay que tener un control del dinero y saber donde puedes gastar y donde no y siempre tener tiempo para reaccionar. si ves que tu reserva va menguando es hora de ponerse manos a la obra 🙂

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¿Y si no consigo donde dormir?

Ivan Gadea SaezApeadero

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Quedarte sin un lugar de pago para dormir es muy complicado aunque puede llegar a suceder. Recuerdo por ejemplo una vez que estando en Bath (Inglaterra) todos los hostels estaban llenos y el hotel más barato disponible costaba demasiado.

En estos casos, lo importante es no perder la calma y confiar en la buena gente que te vas encontrando por el camino. En la ocasión mencionada, la salvadora fue Alix, una estudiante malaya que a través de CouchSurfing nos ofreció 4 metros cuadrados de su piso de estudiantes para pasar la noche. En caso de no encontrar a nadie, es posible dormir en estaciones, aeropuertos y, mi favorito, si llevas carpa pide permiso para acampar en el jardín o terreno de alguien, será raro que te digan que no. También puedes acampar en playas y lugares públicos si las leyes del país lo permiten. Y si no llevas carpa, toma un tren o bus de largo recorrido y pasa la noche transportándote. Soluciones hay muchas, aunque lo normal en el 99% de los casos será encontrar un sitio económico dónde dormir.

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¿Qué pasa si el viaje no es lo que esperaba?

Pablo Rey y Anna Callau – Viajeros4x4x4

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¿Y si todo sale mal? ¿Y si no consigo entenderme con nadie? ¿Y si me roban? ¿Y si me asaltan? ¿Y si me rompo un hueso? ¿Y si me canso de viajar a mitad de camino? ¿Y si me da miedo? ¿Y si me estoy equivocando?

Nunca estarás completamente preparado para lo que vas a vivir ni encontrarás una respuesta hasta que te hayas lanzado a la ruta. Con la mochila que sea, a pie, en autobuses, bicicleta, moto, furgo o patineta. Adonde sea. El viaje será más o será menos, pero nunca será lo que esperabas. El mundo es caos y no podemos controlarlo ni saberlo todo, ni planear todo lo que nos va a pasar en la vida. Así que disfruta ahora. Lánzate. Vive. Piérdete. Emociónate. Es peor quedarse con la duda por el resto de tu vida que haberlo intentado.

A esta altura ya es un cliché, lo sé, pero también es verdad.

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No quiero sufrir la depresión post-viaje

Laura OteroLaura No Está

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El problema no es el viaje, es el después, es volver a la rutina, muchas veces a la misma ciudad que nos vio partir, la ciudad sigue igual pero nosotros, los viajeros, cambiamos, y ese cambio nos permite ver una realidad distinta a la de la partida.

Irse es hermoso, volver es difícil. Adaptarse, nuevamente, a la sociedad puede hasta ser molesto. Sin embargo, nada -absolutamente nada- de esto debe frenar ese deseo en ebullición que nos pide movernos. El viaje es siempre la mejor recompensa y la depresión post viaje es solo un estímulo para volver a explorar tierras lejanas.


LoreQué Memoria La Mía

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Mis amigos Nacho y Vero me contaron la historia de unos amigos suyos que volvieron de su viaje largo a su casa en la costa en Marzo, y en Marzo en la costa argentina la economía está en pausa. No encontraron trabajo, tuvieron que volverse a la casa de sus padres a muchos kilómetros de distancia entre ellas y entre peleas, desgastes y reclamos, se separaron. La conclusión de esa conversación fue: “No solo hay que saber cuándo irse, sino también, cuándo volver”. Sincerarse sobre la vuelta es duro, pero necesario.

Contexto: tenía 31 años, un buen trabajo, hacía año y medio que vivía en Montevideo (soy de Buenos Aires) y quería irme de viaje sin ataduras. Cuando digo que tenia 31 años quiero hacer hincapié que ya hacia 12 que era una mujer 100% independiente. Renuncié a mi trabajo, junté mis petates y miedos y me fui. Durante ocho meses me sentí libre hasta que en Huaquillas me robaron la mochila chica, con todo eso considerado importante. Mas allá de tener cosas materiales que me dolieron, me dejaron indocumentada, en la frontera más fea que vi, sin dinero, y totalmente deprimida. Me sentí vulnerable como nunca, la distancia a casa se volvió inmensa e irreparable. Con una tarjeta de crédito prestada saqué mi pasaje para volver… Así que pasé de sentir el despojo mismo de la libertad que genera viajar a darme cuenta de que la libertad también tiene sus limitaciones. Al llegar me di cuenta que no conocía nada de Uruguay, la experiencia laboral que había tenido había sido una excelente oportunidad que pude aprovechar pero me mantuvo en una burbuja por mucho tiempo. Volví sin dinero, con deudas, frustrada, con todo mi discurso de la libertad y las decisiones apaleado por los infortunios y me encontré con un Montevideo parado por las elecciones presidenciales y donde vengo a entender las reglas del juego en este país ajeno a mi.

Creo que mi gran debilidad en ese momento fue la falta de confianza en mi, en no creerme lo suficientemente creativa como para salir adelante. En criollo diríamos “me apichoné”. Y creo que para ello hay que, como siempre digo, estar preparados para lo peor, pero siempre esperar lo mejor. Son cosas que puede pasar en cualquier contexto. Por eso, lo volvería hacer mil veces más. De esto que ya pasó y superé, saco un borrador de plan para los próximos viajes largos. Porque vivo para viajar, es lo que me hace seguir adelante, lo importante es no perder el foco, las cosas pasan, sí, y el éxito depende 100% de cada uno de nosotros por eso: “No solo hay que saber cuándo irse, sino también, cuándo volver”.

Es difícil volver y empezar de cero

Samanta y ArielEn donde Sea

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Ahorro. Viajo. Regreso con la cuenta a cero. Busco trabajo. Ahorro. Viajo.

Comencé a girar en esta rueda hace varios años, y la verdad, es que tengo que reconocer que no me atrae en absoluto seguir pedaleando. Uno de mis mejores amigos, gran inspirador de esta vida nómada que elegí, dejó de viajar precisamente por este motivo. La angustia del empezar de cero, terminó siendo mayor que el deseo que pisar distintos lugares. ¿Será que cada vez nos cuesta más volver a casa de nuestros padres? ¿Será que nos incomoda regresar con poco margen de maniobra? El choque entre la plena libertad de elegir país, itinerario, comida, transporte… y el de aceptar cualquier situación laboral para poder pagarte los básicos, nos vapulea hasta el alma.

Después de varias situaciones como la que acabo de describir, (y aunque todavía no tengo la receta definitiva), pienso que estoy más cerca de la solución del problema. Hay infinidad de proyectos personales que hacen que la ilusión por llevarlos adelante te mantengan feliz, tanto en el viaje, como una vez finalizado. ¡Busca el tuyo! Si te paras a escuchar qué dice tu corazón, podrás encontrar aquello que te apasiona. Si no te sale el ejercicio, trata de recordar qué te gustaba hacer en la niñez. Te sorprenderás al darte cuenta de que no has cambiado tanto. Aunque llegues con los bolsillos vacíos, te aseguro que no llegaras a sentir esa crisis del ‘empezar de cero’. Ese trabajo bisagra del post-viaje lo llevarás con mucha más alegría. Al menos a mi, me está funcionando.

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Si estos consejos te animaron un poco y ya tenes un pie más adentro de tu viaje soñado, no dejes de leer “Cómo financiar un viaje largo” para darte un empujón más y que veas que a veces es más fácil de lo que parece.

Si queres seguir leyendo más consejos, te invito a leer ¡Qué nada te impida viajar! de Cuentos de Mochila.

Si necesitás todavía más inspiración leé “Animate, viajá (o mejor, animate y cumplí tus sueños)“.

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