I de Inglés

No sé por qué, pero por momentos siento que estoy viviendo lo mismo que cuando me estaba preparando para el examen de inglés que necesitaba presentar para la aplicación de la Working Holiday Australia. ¿Cómo explicarlo? Soy consciente de que sé inglés, de que puedo desenvolverme sin problemas y de que si viví 6 meses sola solo usando este idioma, eso quiere decir algo. Pero (siempre hay un pero…), cuando me pongo a pensar en situaciones que pueden pasar en Australia (sí, soy una persona que vive imaginando momentos), me siento trabada, como que las palabras me abandonaron y se fueron de paseo lejos, muy lejos mío.

ingles

Foto: mediavida

A esta altura, creo que forma parte de un pánico pre-viaje que va a acompañarme siempre. Cuando organicé mi primer viaje a Europa, la primera vez sola y sobre todo, en países donde ni el español ni el inglés son las lenguas maternas, me aterrorizaba llegar a Francia y perderme completamente, no poder relacionarme con nadie y tener una crisis existencial por el sólo hecho de que nadie me hablaba en ninguno de los únicos dos idiomas que yo podía manejar.

Durante los meses previos tuve los sueños más raros, en todas mi problema mayor era la falta de comunicación y la barrera idiomática. Después, cuando ya estaba de viaje, entendí que mi inglés no era el mejor (había estudiado ocho años pero hacían casi 10 que no tocaba un libro y, convengamos que a menos que lo necesitara si o si, nunca lo practiqué realmente) pero que me servía para defenderme. Esos primeros días creo que mis charlas parecían de cavernícolas al mejor estilo “yo querer helado“, pero la gente me entendía y nunca tuve un problema para relacionarme. ¡Si hasta estuve charlando 2 horas con un inglés al que no le entendía demasiado pero logré explicarle que estaba demorada, que no podía perder el vuelo y que no tenía demasiada plata encima si el taxi me salía muy caro! Si hoy tuviese que repetir todo el discursito de ese día, sepan que no tengo idea de cómo hacerlo.

Creo que recién ahí entendí que no tenía de qué preocuparme. Las palabras no se habían escondido de mí, simplemente están ahí esperando a que yo las necesite para venir a socorrerme. Volví de Europa hablando mucho mejor que cuando llegué, pero para cuando estaba a punto de partir a India, el pánico de “no sé nada de inglés” volvió a aparecer, pero esta vez por menos tiempo. No tuve que hacerme la cabeza demasiado para entender que, de nuevo, mi nivel de inglés mejoraba día a día y era capaz de vivir utilizando únicamente ese idioma durante largo tiempo. Obviamente, con los errores típicos de una latina que no puede dejar de armar las frases como si estuviese hablando español y acentuándolas para que se interprete el significado que buscaba.

Pasaron 6 meses y cuando volví a Buenos Aires hasta me parecía raro escuchar gente en la calle hablando mi idioma natal. Ya estaba completamente acostumbrada a que el inglés fuera parte de mi vida e intenté que el tiempo no me dejara separarme de esa nueva adquisición. Seguí contacto con gente con la que sólo podía hablar en ese idioma, leí muchos libros pero, poco a poco, la rutina me fue dejando con menos tiempo y el inglés de a poco se iba alejando de mí nuevamente.

Hasta que llegó el momento de prepararnos para el IELTS. Me acuerdo que le decía a Nico “lo único que me preocupa es el listening, con el resto no tengo problemas“. Me hacía la superada y estaba súper confiada de que así era hasta que me senté a estudiar. El libro y sus ejercicios me volvían loca. Cuando leía por arriba, así nomás, sin entender lo que decía el texto porque realmente no le prestaba demasiada atención, la parte práctica me salía perfecta pero, cuando lo leía en serio, para entenderlo y analizarlo, hacía todo lo demás mal. Ahí volvieron los miedos. El inglés me había dejado de nuevo y esta vez no quería volver.

Estuve meses preocupada. Soñaba todo el tiempo con el examen y, por supuesto, siempre me iba mal. Era lo único que podía terminar con nuestro sueño de viajar a Australia y no podía permitir que eso suceda. Nos preparamos con una profesora y ahí volví a tomar conciencia de que todo es producto de los nervios pero que el inglés no se va a despegar de mí tan fácilmente. Por lo menos yo no lo voy a dejar.

Cuando empecé a escribir este post no tenía mucha idea de a dónde iba o qué quería contar, pero creo que me terminó saliendo un post de autoayuda o más bien, convirtiéndose en un “autorecordatorio” de que siempre me pasa lo mismo. Me preocupo, me desespero, pero él siempre está ahí, esperando el momento justo para demostrarme que no se fue a ningún lado y que pase lo que pase no me va a abandonar.

Este post pertenece al juego “Días de Abecedario” (Dinámica Creativa de Caminomundos), un post centrado en una palabra por cada letra del abecedario. Para ver el desarrollo completo de mi desafío podes hacer click acá.

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