Impresiones de una mochilera rodeada de lujos

Pensé mucho en cuál sería la mejor forma de contar la otra parte de estas vacaciones por el Caribe. La que no es sobre los destinos o la gente que conocí, sino la que habla de las sensaciones, los sentimientos y todas esas cosas que se me cruzaron por la cabeza al estar en un entorno tan diferente al que ya me había acostumbrado.

No voy a decir que fue la primera vez que fui a un “All Inclusive” y también saben que ya había experimentado eso de viajar a bordo de un crucero. Pero todo eso fue antes de definir mi estilo de viaje preferido. Antes de entender que lo realmente me gusta de los viajes es dejarme llevar por las cosas simples, por las que me enseñan de un modo u otro, de las que me demuestran que es muy poco lo que se necesita para tener el alma llena y feliz. Y eso, cambió completamente mi perspectiva acerca de esta nueva y a la vez conocida experiencia.

Lo primero que sentí al llegar a Boca Chica, en República Dominicana, fue que estaba fuera de lugar. Llegamos al hotel y no nos dieron tiempo ni siquiera a pensar que ya había venido el botones a buscar nuestras valijas. Ni siquiera la mochila de mano nos permitía llevar, todo lo quería cargar él.

Si hubiera sido por nosotros, no hubiésemos aceptado la ayuda. ¿Por qué alguien tiene que llevar las cosas por mí si yo puedo hacerlo? Pero enseguida entendimos que así es como funcionan estos lugares y no teníamos más opción que adaptarnos al plan de vacaciones que habíamos elegido.

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Igualmente, eso no hizo que me sintiera menos mal. ¿Por qué? Simplemente porque no estoy acostumbrada a eso y sinceramente, tampoco quisiera estarlo. Me gusta hacer las cosas por mí misma y creo ese tipo de cosas, es mejor dejárselas a quien sí está esperando que lo atiendan como reyes al menos durante unos días. No está mal, pero no es lo que busco ni mucho menos lo que me gusta.

Inmediatamente después a haber accedido a la imposición de “te muestro tu habitación y te llevo tus cosas quieras o no”, sentí la necesidad de empezar a hablarle a aquel hombre alto de tez oscura que me hacía recordar a Abbadon, el agente de Charles Widmore en Lost. Creo que fue un poco mi curiosidad por saber un poco sobre su vida y así empezar a relacionarme con la vida local, y otro poco esas ganas de dejarle ver que era un par, que al igual que él tengo un trabajo en el que de una forma u otra debo esforzarme y que esas, no eran más que unas simples vacaciones por las que ni siquiera pagué una fortuna pero por las que sí tuve que privarme de muchas cosas durante el año para poder juntar peso por peso.

Lo mismo me pasó cuando llegamos a Punta Cana, pero ahí fue todavía peor. Tengo que reconocer que soy un poco despistada y nunca investigué realmente cómo era el hotel que habíamos elegido. Creo que me acostumbré demasiado a darle más importancia al precio que a los servicios y características del lugar por lo que a mí me bastó con saber que se trataba de un lugar barato y mejor aún, súper recomendado por mis papás que ya habían estado ahí antes.

Imaginen mi cara al llegar y darme cuenta de que no era un hotelucho más sino que estaba a punto de hacer check in en un Resort de 5 estrellas. ¿Yo? ¿De verdad pagué tan poco por algo de tanto nivel? Woooow!

Lo más gracioso es que Nico, bien precavido como es, sí había hecho la tarea y tenía muy en claro cómo era el lugar al que estábamos yendo. Claramente, no podía creer mi asombro ni mi total ignorancia sobre lo que habíamos contratado. Para que se den una idea, lo primero que hice cuando entre a la habitación fue subirme a la cama y empezar a saltar cual nena de 5 años que acaba de recibir de regalo algo que tanto deseaba.

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Por suerte, más allá de las primeras impresiones que tuve al llegar a ambos complejos todo cambió puertas adentro. La gente que estaba allí era tan simple como cualquier otra, no demostraban grandes ostentaciones ni aires de superioridad. Era gente como Nico, como yo y como tantas otras personas que buscan relajarse lo máximo posible durante los pocos días que tienen para hacerlo.

El crucero es tema aparte. Lujo por donde quiera que mires y gente que, de igual modo, se tira encima todas sus galas para lucirse por las noches. Y también por la mañana. Y durante la tarde. Y… Ufff! Algunas mujeres se maquillaban como para una fiesta VIP incluso para estar tomando sol en las playas. Eso no es para mí, se los aseguro.

El gran edificio acuático por momentos me recordaba al día que fui a conocer el famoso Ponte Vecchio de Florencia, en Italia. Lo único que veía alrededor eran vitrinas que exhibían las mejores y, por supuesto, más caras joyas del lugar. Todo eso que no encontré en el crucero que salió de Buenos Aires hacia Río de Janeiro, lo vi durante las siete noches que estuvimos a bordo. No sé muy bien si tiene que ver con los destinos de este recorrido, o tal vez que mucha gente era europea y no tantos latinos. Quizás sea que mi mirada cambió respecto a las cosas materiales, esas que no considero indispensables para vivir.

Más allá de eso, ni la gente que viajaba en el crucero con nosotros, ni la inmensidad del barco ni mucho menos los lujos que veíamos por ahí nos inhibieron. Nico y yo tenemos alma de mochileros, eso está clarísimo. Lo confirmamos el primer día al llegar a la zona de embarque. Mientras cientos de personas llegaban súper arregladas nosotros dos veníamos del mar, literalmente. Para que se den una idea, yo no sólo tenía kilos de arena entremetida en mi rodete sino además estaba con la bikini completamente mojada! ¿Nos sentimos desubicados? No sé, un poco “crotos” sí, pero no nos importó. En absoluto.

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Seguramente en algún momento del post o cuándo te enteraste de cómo iban a ser estas vacaciones te preguntaste “¿por qué estos dos eligieron viajar así si no tiene nada que ver con lo que hacen?” La respuesta es muy simple: teníamos sólo 15 días para irnos y necesitábamos descansar.

Tanto para mí y para Nico, estas eran más que unas vacaciones cualquiera. Eran las primeras juntos y como tales, además era un pequeña prueba para ver cómo era viajar de a dos después de habernos acostumbrados a viajar solos. Si bien es verdad que los lujos y esas cosas no se relacionan mucho con nosotros, también es cierto que necesitábamos relajarnos, despejar la mente y por qué no, experimentar otras formas de viaje.

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2 comments

  1. Ruben M 21 mayo, 2014 at 13:52 Responder

    Excelente relato y es cierto, hay muchas cosas que no son necesarias para tener una vida feliz y con mucho menos podes serlo, pero, que bueno poder tener unos pocos dias al año, para pasarlo de lo mejor!!!…

  2. Eni Nunes 2 febrero, 2015 at 15:59 Responder

    hola premero quiero felicitar te por tu Blog depuse te desear Mutiscima suerte , y decir que a mi me fue muy util tus consejos, dentro de 3 o 4 meses mi marido e yo vamos hacer un viaje por todos los países que podamos, pero en el mismo estilo que tu has echo, sera nuestra primera vez que hacemos un viaje al estilo Mochilero también iremos a Australia , te seguire leyendo e aprenderé de tus maravillosa experiencias,

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