Hasta pronto Asia

Amor,

Son nuestras últimas horas en Japón, bah, en Asia y te estoy escribiendo desde la sala de departures del aeropuerto de Tokio. Estás sentado al lado mío y aunque no me lo decís, estoy segura de que tenes el corazón lleno de sentimientos mezclados como yo. Asia no solo es el continente que convertimos en nuestro hogar durante el último año, sino también el lugar que nos convirtió a nosotros en una realidad. ¿Alguna vez pensaste cómo serían nuestras vidas si yo no hubiese viajado por el Sudeste Asiático en 2012 y a vos no se te hubiera ocurrido organizar un viaje por ahí para tus siguientes vacaciones? ¿Nuestros caminos se hubieran cruzado?

No sé si alguna vez te lo conté, pero desde chica pienso en como cada decisión que tomé (o alguien tomó por mí) a lo largo de mis 30 años me hicieron ser lo que soy, conocer a las personas que conocí y vivir las cosas que viví. Siempre que miro las cosas en perspectiva, me doy cuenta de que por más situaciones difíciles o tristes que haya vivido, el mejor camino es siempre el que recorrí. Claro que decirlo con el diario del lunes es fácil, pero estoy segura de que es así. Si en lugar de haberme subido a un avión que me depositó en el calor avasallante de Nueva Delhi, me hubiera ido a recorrer Latinoamérica como siempre quise, vos tal vez nunca me hubieras leído, nunca me hubieras agregado en Facebook, nunca hubiéramos empezado a chatear y hoy nos estaríamos acá, festejando porque, una vez más, cumplimos un sueño juntos.

Soñamos con recorrer Asia de la mano desde que nos dimos cuenta de que lo nuestro iba en serio, o tal vez antes, cuando empezamos a dedicar horas de nuestra vida/viaje a conocernos a través de la pantalla de la computadora. Lo soñamos más fuerte todavía cuando tuvimos la working holiday de Australia en nuestro poder y durante todo ese año trabajamos más duro que nunca para concretarlo. El 8 de octubre de 2015 pisamos Kuala Lumpur juntos y desde entonces ese sueño pasó a ser nuestra realidad.

Es verdad que tuvimos días difíciles, quizás incluso más de los que hubiéramos elegido, pero no podes negar que aprendimos un montón, nos conocimos mucho más todavía y nuestra relación se fortaleció como nunca. Nos enamoramos de la gente y la comida de Malasia; de la amabilidad y el corazón de Brunei; de las playas, los jugos de frutas y la vida subacuática de Tailandia; sufrimos un poco (bastante) en Myanmar pero también descubrimos paisajes milenarios sobre una bicicleta; disfrutamos la facilidad, la imponencia y la modernidad de Singapur; caminamos por los históricos templos de Angkor en Camboya; nos empachamos de baguettes y de montañas verdes en Laos; aprendimos que las segundas chances son necesarias en Vietnam y sobrevivimos a sus sleeping bus. Quedamos enloquecidos con Taiwán y logramos escaparle a los dos tifones que nos hicieron cambiar los planes; alucinamos con el lujo de Macau; y Hong Kong nos pasó tan rápido por al lado que ni siquiera llegamos a entenderla. China fue tu gran prueba y aunque nunca te lo dije, estoy orgullosa de como te la bancaste esos primeros diez días solo – mientras yo me tomaba unos malibú con piña en el crucero – en el país al que más nervios le tenía(mos). Ya sé que vos no lo disfrutaste tanto, pero estoy segura de que cuando llegaste a lo más alto de la Gran Muralla China sentiste, como yo, que todo había valido la pena. Y en Corea nos llegó otra clase de amor, porque aunque te hagas el duro sé que disfrutaste tanto del color del otoño como yo. Y finalmente Japón, el país que conociste primero vos y que tanto te enloqueció. Nuestros últimos días acá fueron una mezcla de sensaciones constante. Por un lado, el saber que estábamos a días de volver a Occidente, a la comida que tanto extrañamos, a un país que tanto amo y; por el otro, las ganas de que Asia no se termine nunca.

hastaprontoasia

Todavía no puedo creer lo rápido que se pasó el tiempo, las muchas cosas que hicimos juntos y todas las que todavía nos quedan por hacer – porque sí, todavía nos queda mucho continente asiático por ver -. Hoy llegó el momento de empezar una nueva aventura, ¡nos vamos a Europa!

Para vos, es la primera vez en el viejo continente y eso no es poca cosa. Para mí, es reencontrarme con el país con el que más me siento conectada y estoy ansiosa por eso.

Como ya es costumbre en nosotros, no tenemos muchos planes. Sabemos a dónde llegamos y que la visa nos permite estar tres meses dentro del territorio Schengen, pero nada más. Porque, aunque pautamos los límites iniciales de nuestro viaje, los dos sabemos que el camino sorprende y nunca se sabe qué puede pasar.

Quiero decirte gracias. Gracias por otro sueño cumplido, por acompañarme en cada momento, por respetar mis momentos, por aceptarme como soy y por haber hecho de este viaje la realidad más linda que jamás haya podido imaginar.

¡Vamos por más!

Te amo,

Maru

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