G de Guardar

Creo que empecé a tomar real dimensión de este viaje cuando me di cuenta de que es la primera vez que irme implica armar una mudanza. Guardar es la palabra que me está martillando la cabeza constantemente cual pájaro carpintero. No lo había hecho nunca antes, no por un viaje. Cuando me fui a Asia vivía con mis hermanas y se suponía que iba a volver a los tres meses. No iba a guardar todas mis cosas en una caja para volver a desarmarlas 90 días después, no tenía sentido. Pero esos tres meses se convirtieron en seis y mis cosas seguían ahí, como siempre, esperando por mí.

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Foto: Agustina Guerrero

Esta vez es diferente. Ahora mi casa tiene que desarmarse por completo. Porque no me voy tres meses, ni siquiera seis, esta vez no estoy segura de cuando vamos a volver y es necesario armar y desarmar, guardar y guardar y guardar. Tengo que reconocer que un poco me gusta, me divierte porque no hay nada mejor que tener la excusa perfecta para hacer una limpieza profunda y deshacerse de las cosas que ya no sirven o más bien, que ya no usamos y que a alguien más le puede servir.

Durante el último tiempo, el departamento estuvo repleto de cajas y valijas, de bolsas con ropa que ya no usamos, de cosas y cositas que era necesario guardar y otras tantas que directamente eran chatarra, basura. ¿Por qué será que los seres humanos tenemos la manía de guardar cosas que sabemos que no sirven de nada o que nunca pensamos darle utilidad? A veces pienso que muchas de esas cosas las guardamos sólo por algún recuerdo, porque nos trasladan a un lugar, a una persona, a una situación… ¡vaya uno a saber! Creo que guardar por guardar no tiene sentido, porque los recuerdos no están en las cosas materiables sino en aquellas intangibles que se quedan marcadas en nuestra piel por diferentes razones y ésas, esas son las cosas que valen.

En esta etapa de mudanza, de guardar, de limpiar, de ordenar, de tirar me di cuenta de que tengo muchas cosas que no necesito y que no voy a necesitar nunca, porque necesitar no es la palabra. Tal vez haya algo que quiera, que me gustaría conservar pero de ahí a necesitar con todo lo que ese significado implica, muy pocas.

Ya estamos en la recta final, en el departamento quedan cada vez menos cosas y las que quedan son porque no se van a ninguna parte sino que siguen su curso de la misma manera que hasta ahora, sólo que con otras personas y otras historias (me volví loca, ya hablo de las cosas como si fueran personas!!!). Empezamos a guardar cosas muy temprano, un poco por ansiedad, otro poco porque pensamos que no ibamos a tener el tiempo suficiente para hacerlo y otro poco más para que Wayan sufriera lo menos posible (es un gato al que no le gustan para nada los cambios).

Ahora ya queda poco, las cosas que quedan por guardar son porque las seguimos usando acá pero no las vamos a llevar con nosotros a Australia y las que están ya están embaladas esperan por ser trasladadas al placard de mi dormitorio en la casa de mis papás. Ya no falta nada y cada vez entiendo más que lo que más quiero guardar no son cosas sino momentos. Momentos con mi familia, con mis amigos, con Wayan y con todo eso que va a estar lejos físicamente porque sé, que guardándolos, van a estar cerca como quiero.

Este post pertenece al juego “Días de Abecedario” (Dinámica Creativa de Caminomundos), un post centrado en una palabra por cada letra del abecedario. Para ver el desarrollo completo de mi desafío podes hacer click acá.

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