Guadalupe me eriza… ¡el pie!

Guadalupe es una isla de más de 1700 kilómetros cuadrados. Pertenece a las Antillas que se ubican en el mar Caribe pero territorialmente es una de las regiones de ultramar que corresponde a Francia, por ende todo está bajo las leyes y costumbres que rigen a este país de la Unión Europea. El idioma oficial es el francés (aunque existe la versión criolla también), casi no se habla inglés y mucho menos español. Pero lo más importante es que su población está compuesta por aproximadamente 425.700 personas y un erizo de mar.

Guadalupe - Santa Ana

Bueno, sí, tal vez estoy exagerando. Debe haber más de un erizo de mar en toda la isla, o al menos eso espero. Porque, si de verdad es el único, déjenme decirles que me siento la persona más estúpida en todo el planeta.

Hasta el momento en que tuve el placer de conocerlo de cerca, sabía poco de este ¿bicho? que vive en el mar. Para empezar, siempre los imaginé viviendo en las profundidades como todas esas cosas hermosas que me imagino se pueden ver cuando haces buceo. Sabía que tenían pinches pero no que en realidad se llaman púas y mucho menos que tienen veneno. Tampoco tenía idea de que si entras en contacto con estas púas no va a dejar de dolerte (ni de desprender veneno) hasta tanto no te las saques por completo. Y menos que menos, sabía que en algunos lugares del mundo es una preciada delicia gastronómica.

erizo de mar

Así es como luce un erizo de mar. Y sus púas, claro.

Foto: Carlos Guevara

Todo esto lo aprendí en la playa de Santa Ana después de haber tenido la suerte de que una ola me tirara encima de la piedra donde este hermoso animalito de mar estaba reposando tranquilamente. Como soy una persona bastante torpe, lo único que me preocupaba al caer era no lastimarme otro dedito del pie como ya me había pasado con cuanta piedra me topé en el mar. Intenté volver a pararme de la manera más cuidadosa posible, pero además de torpe mi puntería es pésima y tiré todo el peso de mi cuerpo sobre las púas del tal vez único erizo que se encontraba allí.

En realidad, me gusta creer que es el único porque si no doy por hecho que mis queridos franceses de esta estupenda isla del Caribe hubieran puesto un cartel de advertencia en la playa. Pero les juro que no había, nada en todos los alrededores de la playa indicaba que mis amigos los erizos viven tan cerca de la orilla del mar, porque, para que sepan, el agua en ese momento no me llegaba ni a las rodillas.

las puas del erizo

Al principio no teníamos idea de que era lo que tenía en el pie

 

La secuencia siguiente a haber pisado al erizo fue más o menos así.

1) Gritar “¡Nicolás, esto pincha!
2) Levantar el pie para sacarlo del agua
3) Ver que tenía cosas negras incrustadas en el costado izquierdo y en toda la planta del pie
4) Agradecer que no se me clavara ninguna espina de la planta en la mano (porque prácticamente la toqué entera)
5) Pedirle a Nico que me ayude a llegar hasta la orilla porque no podía caminar sola del dolor
6) Entrar en pánico y que los nervios de no saber qué era lo que tenía en el pie no me dejaran ni pensar
7) Pedirle a Nico que consiguiera una pincita de depilar para sacar las espinas
8) No conseguir pincita (¿quién iba a tener una pinza en la playa?)
9) Intentar caminar hasta donde estaban nuestras cosas
10) Que todo el mundo pensara que mi torpeza me había llevado a esguinzarme un pie
11) Mostrar las espinas negras que tenía tratando de que alguien me dijera qué hacer
12) Tratar de identificar qué tenía en el pie mientras el hombre que trabajaba alquilando las reposeras de la playa me decía el nombre en francés o italiano
13) Identificar entre todos los argentinos que estábamos ahí que se trataba de un erizo de mar

Listo. Ya sabíamos que era un erizo. Nadie hizo mucho escándalo así que entendí que no me iba a morir ahí, al menos no por un erizo, así que me tranquilicé un poco. El mismo hombre que nos explicó que había sido víctima de un erizo, nos dijo que la mejor forma de calmar el dolor que estaba sintiendo era con jugo de limón y eso fue lo que hicimos.

Nico fue a buscar algunos trozos de esta fruta y me los exprimió en el pie. Literalmente. Ahora, además de púas de erizo también tenía una ensalada, pero menos dolor. Porque les juro que funciona. Al igual que la banana cuando te pica una avispa, o al menos eso es lo que me contaron mientras estaba tratando de olvidarme de la situación.

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El limón calma el ardor del veneno que tienen las púas del erizo

El limón calma el ardor del veneno que tienen las púas del erizo

 

Hasta que finalmente llegamos al camarote del crucero, tuvieron que sacarme de la playa haciéndome hamaquita porque no podía caminar, así que digamos que me despedí de Guadalupe saludando a todos balanceando mi mano cual diva de televisión. Y, como si fuera poco, el personal del crucero me llevó en silla de ruedas hasta nuestra habitación, preguntándome si me dejaban de paso en enfermería o no.

Por supuesto que no. Yo necesitaba sacarme las púas y eso se solucionaba con la pincita de depilar que tenía guardada. Pero no. No era así de fácil. Mi amigo el erizo tiene una habilidad increíble para clavar sus púas tan internamente que no había una punta visible para sacarla. La única solución era hacerme cortecitos en el pie para poder extraerlas y eso iba a ser insoportablemente doloroso.

Mientras tanto, seguía debatiéndome con mi conciencia. ¿Voy al médico y pago 90 euros la consulta (sí, no exagero esta vez) o me la banco con mi ibuprofeno 600 y mi antialérgico hasta que tenga el valor de hacer algo para sacar las púas? Nico y yo pensábamos lo mismo. No pensábamos ser víctimas voluntarias de un robo a mano armada para que la respuesta sea unos cuántos antibióticos que no sacarían al erizo de mi pie.

Por suerte para los dos (¡para Nico también porque no se imaginan lo que puede ser aguantarme en ese estado!), el día anterior habíamos conocido una pareja de italianos, Paolo y Adriana. Mayores y con mucha experiencia en cruceros. No sé si esto tenía que ver además del hecho de que ellos mismos nos incentivaban a no ver al médico, pero si no fuera por ellos no sé como hubiese sido el desenlace de esta historia. Por las dudas, prefiero no imaginarlo.

La señora, Adriana, apareció en nuestro camarote con una crema. Euromicina. Creo que ese era el nombre. O por lo menos así sonaba, pero juro que se los voy a preguntar porque es milagrosa. Mi pie seguía igual que cuando lo saqué del mar, con la diferencia de que una de las púas me había hecho inflamar el pie y pedía a gritos estar afuera de mi cuerpo.

Había que sacarla, no quedaba otra. Me doliese lo que me doliese, esa púa tenía que salir. Así fue como Adriana, tal como si fuese una abuela que se preocupa por su nieta, se arremangó, desinfectó una aguja y comenzó a abrirme de a poquito ese pedacito de piel que necesitábamos despejar para dar con la punta del arma venenosa.

El hombre que nos dijo que había sido atacada por un erizo. Nos trajo más limón y un poco de ron!

El hombre que nos dijo que había sido atacada por un erizo. Nos trajo más limón y un poco de ron!

 

Para mí fue como media hora de dolor, pero la realidad es que no estuvo más de 10 minutos hasta que pudo sacar la maldita púa que me había hinchado el pie. Inmediatamente después de eso, y cuando yo todavía estaba mordiendo una toalla para no gritar frente a gente que apenas me conocía, la tana me llenó el pie de esa crema que aparentemente actúa disolviendo el agente externo e improvisó un vendaje con una carilina y muchas curitas.

No sé si fue la crema. No sé si fue que el erizo se cansó de mí y por fin se decidió a abandonarme, pero la realidad es que esa misma tarde ya me sentía mucho mejor y, menos de 24 horas después, ya casi no quedaban rastros de las púas del bicho de mar.

Lo único que no sabemos es cómo quedó el erizo  😛 .

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3 comments

  1. Guada 22 abril, 2014 at 20:42 Responder

    Jajaja morí de risa en un buen sentido recordando como me lo contaste toda emocionada. Menos mal que se te curó rápido y que encontraron a esos italianos.

  2. Julia 17 junio, 2014 at 15:04 Responder

    ¡Vaya! Es un post genial, entré pensando que era sobre turismo y no, pero me ha encantado, sintiéndolo mucho por el dolor que sufriste lo has contado de una manera genial y divertida. Saludos!

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