Eternamente enamorada de Roma

Hace días (por no decir semanas) que vengo intentando escribir un post sobre Roma y no sé por dónde empezar. Tampoco lo sé hoy, pero mis ganas de volcar en palabras todo lo que esa ciudad significa para mí me superan y decidí arrancar así, sin saber exactamente a dónde voy y en dónde voy a terminar.


La primera impresión que tuve al llegar a Roma fue rara. Venía de Barcelona, una urbe moderna y con gente que hablaba en mi mismo idioma y de repente, me encontré en un lugar antiguo con personas que se asemejaban un poco a mí pero que ya desde el lenguaje me resultaban completamente desconocidas.

Para arrancar, la chica que me vendió el ticket para el bus que me llevaba del aeropuerto de Ciampino hasta la Estación Termini me habló con esa impaciencia y esa voz potente que tanto caracteriza a los “tanos”. Y ahí, me vi a mi misma. Lo mismo me pasó con todos y cada uno de los italianos que me crucé. Cada uno tenía un pedacito de mi personalidad y la conclusión a la que llegué es que no me gustaba en absoluto esa forma de ser.

Ahí tenía mi primer problema. ¿Cómo sobrevivir en una sociedad que tenía todo de la Mariana que había quedado en Buenos Aires? Claramente, estaba en planes de disfrutar de cada paso, de cada detalle y lo último que esperaba era toparme con gente que vive, habla, piensa a mil kilómetros por hora. Fue tanto lo que me chocó encontrarme con eso que incluso quise relacionarme con los italianos lo menos posible y en gran parte, eso hice.

Párrafo aparte, debo decir que hay algo de ellos que yo no tengo. Son (¿cómo decirlo sin que suene mal y no ofenda a nadie?), como un chicle que accidentalmente se pega en la ropa… muy difícil de quitar. Conocer a un chico de no más de 29 años que quiso acompañarnos (sin dejarnos opción) a mí y a Elena, mi co-equiper de entonces (una española divina con la que compartí toda la estadía allí) a cada rinconcito de la ciudad, fue lo que me ayudó a completar un perfil que no me interesó en absoluto. Impacientes, de voz fuerte y habla rápida (con un tono por el que siempre parecen estar enojados) y encima pegotes… no, gracias. Demasiado para mí.

Pero, finalmente algo tiene esa ciudad, esa gente, esa cultura que me tiene encandilada en el camino. Desde que volví de Europa todo lo que sueño es con regresar a Roma algún día. Volver a enamorarme en vivo y en directo de sus callecitas (algunas laberínticas), de sus monumentos, de sus reliquias, de sus ruinas, de su oro, de su comida, de su olor, de sus plazas, de sus fuentes….

Es tan fuerte la conexión que hoy siento con esa “ciudad eterna” (creo que nunca una frase representó tan perfectamente a un lugar) que hasta me emociona recordarla (peor aún, si cada libro, película, oración siempre tiene algo que me trae una imagen suya a la mente). Es que Roma tiene todo eso que es imposible de olvidar.

El Coliseo, imponente por donde se lo mire, junto al Forum romano te trasladan directamente a una época que ni siquiera puedo imaginar pero, que a través de todas esas ruinas puedo asegurar que existió. Imaginar que en ese anfiteatro alguna vez realmente tuvieron lugar las luchas de Gladiadores, pensar que ya allí se establecía una diferenciación social dependiendo del asiento que se tuviera asignado es poder entender la historia de una manera más real, incluso más cercana.

El Vaticano, con sus museos, sus objetos resplandecientes de un oro puro increíble, esa fe (que como dicen, “mueve montañas”) que hace que tanta gente del mundo se reúna en un único lugar y la cúpula de la Basílica de San Pietro que ofrece una panorámica espectacular del Estado y la capital italiana.

Las “Piazzas” del Popolo, Spagna, Navona… todas y cada una de ellas especialmente interesante, cargada de esa magia que Roma sabe ofrecer. Y sus fuentes, en especial la di Trevi que me cautivó y me enamoró (no quiero mentirles, pero la mitad de mi estancia en la ciudad la debo haber pasado frente a ella, admirándola), haciéndome sentir que no había nada más en el mundo que yo y ella, que me acompañaba con la única música ambiental que yo podía escuchar, la del correr del agua. Y pensar que hay tantos precios de hoteles baratos en Roma que te permiten disfrutar de estos encantos muy, muy cerca…

Este post podría ser eterno, como la ciudad en sí misma, pero considero que cada atractivo de este lugar merece un desarrollo un poco más descriptivo, más personal, y por eso, seguramente leerán otros artículos que hablen especialmente de ellos. Esto fue, simplemente, una manera de devolverle a Roma un poquito de todo lo que me dio.

Fotos: Mariana Mutti a través de Bitácora Viajera

Recordá que viajar con seguro de viaje es muy importante.

¡Encontrá acá los mejores precios y promociones de asistencia al viajero!

Opt In Image
¡Viajemos juntos!
¡Suscribite por mail y acompañame!

- Estamos dando la vuelta al mundo, ¡danos la mano y vení!

- Recibí los mejores Consejos Viajeros

- No te pierdas información útil sobre visas, vacunas y todo lo que necesitas

- Reflexioná conmigo y animate a cumplir tus sueños

(Solo te enviaré un correo cuando haya novedades. Nada de SPAM, yo también lo odio)

8 comments

  1. Nélida Barbeito 21 octubre, 2011 at 20:34 Responder

    me encantó tu visión así como fotos de Roma, tb la forma de este recuadro para twitter, cómo me gustaría aprenderlo y aplicarlo a mi blog de turismo y accesibilidad!!! Te felicito, estamos en contacto!

  2. Alexis 23 octubre, 2011 at 13:02 Responder

    Hola! muy bueno el blog y la forma de expresar ese amor por el viaje y las pequeñas cosas de los distintos lugares. Yo también estoy viajando bastante, acabo de llegar de europa y asia y ahora me voy para Patagonia de vuelta. Te dejo mi blog viajeroporsiempre.blogspot.com Saludos

  3. Daniel Diaz Jiménez 21 enero, 2012 at 23:59 Responder

    Estuve en Roma sólo por unas horas, esperando un vuelo de conexión a Frankfurt. Alcancé a ir a tres lugares: Piazza Spagna, Coloseo (por todo lo que significan) y la Fontana di Trevi, para botar la moneda que ‘hace’ que uno vuelva a esa ciudad que en tan poco tiempo me cautivó, como a tí te pasó. Muy buen post! Saludos!

  4. IMELDA MIRANDA 29 julio, 2014 at 19:53 Responder

    MARIANA HA REALIZADO UN RELATO MAS QUE ECUÁNIME Y SIN TEMOR DE EXPRESAR SU DUALIDAD EN RELACIÓN A LA IMPRESIÓN QUE LE PRODUJERON LOS CIUDADANOS DE ROMA E INMEDIATAMENTE, LO QUE LA HISTORIA A TRAVÉS DE SUS MONUMENTOS,HA ESTIMULADO EN SUWS PERCEPCIONES: PLACER Y AÑORANZAS POR VOLVER.
    GRACIAS POR COMPARTIR ESTA EXPERIENCIA.

Dejame un mensaje!

  Suscribite al blog
SUSCRIBITE AL BLOG

Recibí novedades, descuentos exclusivos, tips viajeros y mucho más en tu mail.

* tranqui, nada de SPAM, yo también lo odio.
×