Derby, la otra cara de Australia

Cuando llegamos a Derby el calor nos abofeteó la cara. Eran las 20.30 pero la quietud y el silencio hacían que pareciera mucho más tarde. El cielo estaba más estrellado que nunca, o tal vez hacía mucho que no lo podía admirar tan limpio, no lo sé. Nuestras mochilas estaban cansadas, nuestras mentes también. Una mala noche en el aeropuerto, dos vuelos de ocho horas en total, dos escalas de la misma cantidad de tiempo y unos 250 kilómetros en la ruta hicieron que nuestra primera noche en el Western Australia fuera de sueño rápido y placentero.

Recién al otro día empezaríamos a descubrir de qué se trataba todo esto. Una visita fugaz al “centro” del pueblo nos hizo entender que Derby era mucho más chico y tranquilo de lo que nos habíamos podido imaginar. En realidad, todo lo que sabíamos de este lugar provenía de lo que Dani y Jota de Marcando el Polo nos habían contado sobre su experiencia casi tres años atrás. Sabíamos que estábamos llegando a un lugar de unos 6 mil habitantes (que según la gente misma del pueblo está descendiendo cada vez más y rápido), ubicado en una región del oeste australiano conocida como “The Kimberley” y que el calor era intenso.

Si bien hay asfalto, también muchas de sus calles se caracterizan por ese color colorado de la tierra que hace un gran trabajo en inmiscuirse en cada rincón que puede. No fue difícil darse cuenta de que, pese a la gran humedad que se penetra en los huesos, la tierra estaba seca, muy seca. Pero la gente estaba ansiosa y orgullosa proclamando la temporada de lluvias (wet season) que estaba pronta a arrancar.

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No debería tardarse mucho, a lo sumo a mediados de noviembre deberíamos ver caer las primeras gotas de una incesable catarata que no tendría que parar hasta, al menos, mediados de marzo. Nos ilusionamos. Con la lluvia vendría el alivio para el calor agobiante. Dejaríamos de transpirar como si estuviésemos corriendo una maratón y por fin podríamos salir a la calle respirando un poquito de viento. Pero nada. Las lluvias se hicieron esperar hasta enero, cuando por fin tuvimos 10 hermosos días de clima fresco, que rápidamente se evaporaron cuando durante el décimo primero salió el sol que nunca más volvió a perder la batalla contra las tormentas.

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Desde que empezamos a imaginar nuestra vida en este país, Nico y yo decidimos que queríamos pasar una temporada lejos de las grandes ciudades y más cerca de la Australia real. No solo porque es la mejor manera para ahorrar (buena paga y pocas alternativas de gasto) sino también porque queríamos ver eso que vinimos a buscar, eso que solo nos enseñan los viajes y que tiene que ver con la gente, la cultura, la vida diaria de un lugar que solo conocemos a través de lo que nos quieren mostrar.

Es que a diferencia de lo que nos pasó con Sidney, nada de lo que vimos durante estos casi cinco meses en Derby tiene algo de parecido con lo que imaginamos. A ver, ¿qué pensas cuando te digo “me voy a vivir a Australia”? Seguramente “primer mundo” es lo primero que a la mayoría se la pasa por la cabeza y sí, tienen razón, porque Sidney es una ciudad de primer mundo pero también está muy lejos de lo que de verdad es Australia.

Derby está a miles de kilómetros de distancia de lo que nosotros imaginamos como primer mundo. La mayoría de las casas son prefabricadas y de chapa, el gas es a garrafa y esa preciada conexión a internet de la que tanto nos quejamos en Argentina por ser lenta o porque no funciona como nos gustaría, acá prácticamente no existe. Conseguir WIFI es casi como una odisea pero a menos que vengas de otro lado, a nadie le sorprende. Porque así es Derby, así es el lejano oeste australiano.

El diario del Estado del Western Australia dejó de llegar hace meses porque, al parecer, enviarlo hasta este lugar tan remoto les salía muy caro. Y la gente se queja pero en voz baja. Es lo que toca y hay que bancársela. Lo mismo pasa con los servicios. La Roadhouse donde trabajamos es la única en todo el pueblo (y en kilómetros a la redonda) en la que se puede cargar gas para el auto, y de los cinco meses que estuvimos si funcionó tres semanas seguidas es demasiado. Y se enojan, pero para adentro.

Desde que llegamos acá, siempre vimos la panadería del pueblo con las persianas bajas, la pileta de 25 metros que es el único alivio para el calor se cierra cuando cae la primera gota de lluvia, aunque esa sea la única por meses y la única “heladería”, que en realidad es una camionetita que vende helados (y que no tiene aire acondicionado, así que nadie sabe que tan “helados” pueden estar) nunca circula por las calles principales y después de cinco meses no logramos descifrar su recorrido.

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Pero más allá de todo eso, Derby es uno de esos territorios que todavía tiene presente la verdadera historia de este país. Los aborígenes ocuparon estas tierras mucho antes de que los ingleses llegaran a conquistarla y de paso, hacerle creer el mundo que habían llegado a un lugar totalmente deshabitado del que podrían apropiarse sin problemas. Los aborigenes de Australia vivieron una de las masacres más grandes y tristes que se puedan imaginar y lo peor de todo, es que eso no se terminó hasta hace muy poco tiempo, cuando en 1967 se les reconoció la ciudadanía australiana.

No solo les robaron sus tierras sino que a muchos los asesinaron a sangre fría y a otros, los que “tuvieron la suerte” de vivir, los maltrataron de todas las formas posibles. La realidad de los aborígenes australianos es muy triste. Pasaron por muchas cosas inimaginables, al punto de tener que pintarle la cara con carbón a los hijos que resultaban de una mezcla de razas, para que no se los quitaran de las manos, porque si veían que su piel era un poco más blanca tal vez había un buen futuro para ellos.

Poco a poco y más por conveniencia del Estado que por interés en preservar una cultura de siglos, los aborígenes de Australia fueron ganando terreno en derechos ciudadanos y, según el Gobierno, tienen los mismos derechos que cualquier otro australiano y, como son tan buenos, les dan hasta beneficios extras.

Pero esos beneficios extras se traducen en plata y en descuentos, no en educación. Cada semana los aborígenes cobran un “sueldo” de alrededor de 600 o 700 dólares por persona a lo que se le suma una tarjeta especial con un bonus de 200 dólares más. Tienen autos y casas por las que tienen que pagar un mínimo porcentaje (alguien nos dijo que es un 1%, pero no sé que tan real sea eso, lo que sabemos es que pagan muy poco) y que a veces se convierten en armas de doble filo.

En lugar de darles educación y enseñarles como desenvolverse en un mundo al que no están acostumbrados, les dan todo fácil y servido en bandeja porque es lo que les conviene. Así los mantienen callados y tranquilos, no tienen las herramientas para saber cómo luchar para que les devuelvan sus tierras y según la mirada del gobierno, todos salen ganando.

Imagínense qué futuro pueden tener viviendo de esta forma. La plata que reciben les quema de las manos. Obviamente, no son conscientes del valor que el dinero tiene y apenas ven su cuenta bancaria con dólares, los gastan sin pensar. Bastante en comida, mucho en cigarrillos y una fortuna en alcohol. Cuando se les acaba, van corriendo a pedirle a la familia amiga y así sucesivamente hasta que encuentran a alguien que puede “salvarlos” hasta el jueves siguiente, cuando vuelven a cobrar.

La situación es muy triste. Pese a que tienen la obligación de que todos los niños sean escolarizados, por lo menos la mitad (o tal vez más) no va al colegio y nadie dice nada. ¿Qué les van a decir? Lo importante es que se queden donde y como están, porque así todos viven tranquilos. ¿Pero quiénes son todos? Los únicos que se benefician son los que pretenden hacerle creer a un país que todos viven bajo los mismos derechos sin explicarles que es a costa de haber perjudicado a miles de personas a las que les sacaron todo de un momento a otro.

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Y para peor, la discriminación es constante. Es la primera vez que vivo en un lugar donde se habla de las personas como “blancos” o “negros” y es algo que me genera una impotencia que no puedo explicar. Los dos términos me parecen asquerosamente despectivos por igual. Nuestro color de piel no nos determina y no somos mejores o peores personas por eso y me parece horrible escuchar a la gente hablando así para luego jactarse de que no son racistas.

Esa es una de las cosas que más me chocó desde que llegamos acá y lo que menos me gusta de esta sociedad australiana que empecé a conocer cuando pisamos Derby. Es una guerra que no tiene fin. Los aborígenes te insultan por blanco, vos los insultas por negro y así todo el tiempo. Es algo que mi cabeza se niega a comprender y a lo que nunca me voy (ni quiero) a acostumbrar.

No quiero generalizar porque no sé si todos en Australia son así, pero sí les puedo decir que la sociedad australiana de este pueblo remoto del lejano oeste, no me gusta para nada. Más allá de ese racismo latente, son personas frías y a veces, muy falsas. La mayoría vive quejándose de los borrachos y contradictoriamente solo piensan en tomar. Algunos abren su primera botella de cerveza o sidra a las 10 de la mañana, incluso si después tienen que seguir trabajando. Creo que un poco tiene que ver con el aburrimiento. Tomar y pescar son los dos deportes por excelencia en este rincón del país.

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Pero siempre es importante mirar las dos caras de la moneda. Y en este caso, tengo que decir que Derby me regaló uno de los atardeceres más hermosos que haya visto. No estoy segura, pero creo que desde este lado del mundo el sol se ve inmenso, más grande que nunca. Los colores del cielo son espectaculares aún cuando parece que las nubes no van a dejar apreciar ese momento tan maravilloso del día.

Y ese cielo estrellado que te hace sentir pequeñísimo por las noches, me dejó sin palabras más de una vez. Es que es uno de esos instantes en que sentís que el infinito te rodea y podes perderte en la admiración que te produce. No sé si volveré a ver un cielo igual, pero sin dudas es una de las imágenes que me llevo conmigo como recuerdo de este paso por Derby.

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Y también la Gibb River Road, la ruta que utilizaban los ganaderos para transportar el ganado desde Darwin hasta Derby caminando al rayo de este sol desértico que nunca cede, y que hoy se convirtió en el principal atractivo turístico de este pueblito del oeste. Aunque no pudimos conocerla demasiado, lo poco que vimos y disfrutamos de este camino fue más que suficiente para entender que tiene un encanto diferente. ¡Estuvimos nadando en plena ruta!

Es que este camino fue bendecido con esa lluvia que nosotros tanto estábamos esperando en el pueblo y, cuando eso pasa con fuerza, la ruta se inunda de tal manera que se forma un lago donde podes nadar sin el peligro inminente de los cocodrilos que acechan las aguas de Derby. Fue la única vez que nos alejamos del lugar que fue nuestro hogar durante cinco meses y creo que fue también la mejor de las experiencias que vivimos durante todo este tiempo.

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Si me pongo a pensar en frío y ahora mirando en retrospectiva lo que pasó durante esos cinco meses, puedo decir que fue una experiencia que nos fortaleció. Fue la primera vez que estando de viaje (aunque en realidad estábamos instalados en una rutina más que viajando) me sentí mal, incómoda y sin ganas de estar viviendo todas esas cosas. Aprendí cosas que me gustaron y otras tantas que me decepcionaron pero todas esas cosas me sirvieron para entender que de esto se trata. El vivir viajando no implica que todo sea color de rosas, no siempre vamos a estar a gusto en un lugar ni tampoco nos van a caer bien todas las personas que nos crucemos en el camino. La vida es así, de viaje o no, siempre habrá cosas que no nos van a gustar, cosas con las que no vamos a estar de acuerdo, llena de momentos buenos y malos.

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Particularmente, creo que Derby fue una prueba que logramos superar, tanto en lo personal como en lo que conlleva a vivir una experiencia así en pareja. Le hicimos pito catalán a todos los obstáculos que se nos pusieron en el camino y que nos hicieron estallar en bronca y llantos, pero acá estamos, porque nada es más fuerte que nuestro deseo de cumplir nuestros sueños y porque entendimos que juntos tenemos el equilibrio perfecto para lograrlo. (¡Gracias amor por abrazarme, contenerme y hacerme entender que todo eso no era más que piedras con las que teníamos que tropezar para poder seguir nuestro camino aún más fuertes!).

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16 comments

  1. Boris Morales 1 abril, 2015 at 12:32 Responder

    Chicos, que excelente hstoria, no puedo imaginar todo lo que faltó por contar en este post, pero bueno por lo menos pudieron ver la luz al final del tunel.. Un abrazo desde Colombia

  2. Juan Manuel 1 abril, 2015 at 17:32 Responder

    No todo es canguros en Australia!!! 🙁
    Muy buen texto. Me re gustó la toma de posición y denuncia!
    Mariana, te mando un abrazo enorme (extensivo a Nico) y el deseo de buenos rumbos!!!

  3. Claudio 1 abril, 2015 at 17:50 Responder

    Hola Mariana. Buen relato, haces que mi mente se traslade, recorra y viva las mismas vivencias que vos…..
    Muchas veces nos sucede que la realidad supera a nuestras expectativas, especialmente al viajar por lugares a los que llegamos sin conocer o por referencias de otros.
    Vamos creyendo que es “A” y es “B”, no digo malo o bueno, es diferente a lo que nosotros creíamos, con respecto a las personas sucede algo parecido….solo que nunca las terminas de conocer realmente 🙁
    Esa política que tan bien contás, es muy parecida a las políticas muchas veces implementadas en nuestro país con nuestra gente, darle algo, para terminar de sacarles todo. (sean aborígenes o no)
    El tema de los jóvenes aborígenes australianos esta muy bien retratado en una película que cada vez que me entero que la dan, la veo, esa película es: Australia (2008 – con Nicole Kidman y Hugh Jackman)

    Justamente quien cuenta en primera persona su vida, es un aborigen australiano.
    Es increíble!!!
    Por suerte el primer capitulo (Nuestros días en Derby) de vuestro viaje (¿Viajando por Australia?) ha quedado atrás y se abre un mundo nuevo en este segundo capitulo (¿descubriendo Broome?) que es toda una promesa a una nueva experiencia de vida. Los sigo leyendo. Estoy ahí con Uds. jajaja. Muy lindas fotos las de Cable Beach. Saludos y como por aquí comenzó la Semana Santa, les deseo una Feliz Pascua de Resurrección. Los abrazo. Claudio.

    • Mariana Mutti 5 abril, 2015 at 22:37 Responder

      Claudio!! Qué lindo leerte por acá!! Gracias por seguirnos los pasos de cerca y acompañarnos durante cada uno de nuestros buenos y malos momentos!!!! Felices Pascuas para vos también! Un beso grande 🙂

      PD. Ah! no vi la peli aún así que ya me la agendo para descargarla apenas tengamos wifi 🙂

  4. Paula 1 abril, 2015 at 19:29 Responder

    Es muy bueno publicar las dos caras de la moneda, ahora ya sé qué lugar tachar de mi lista jajaja honestamente como vos decís, no soporto la discriminación y la hipocresía, y siendo yo sola realmente no sabría si podría soportarlo. La verdad, los felicito por la fortaleza y por poder contenerse entre ustedes, el descanso que tienen ahora lo tienen más que merecido! 😀

  5. Jime Sánchez 3 abril, 2015 at 23:27 Responder

    Linda! Sé lo duro que fue para los dos el paso por Derby, pero ya la etapa termina y siempre hay cosas buenas que rescatar. Los abrazo mucho y les mando las mejores de las energías para este nuevo ciclo que está por empezar! Los quiero 🙂

  6. car 4 abril, 2015 at 11:58 Responder

    Por fin pudiste sacar a la luz este post contando como fue la experiencia.
    Orgullosa de vos y de Nico. Se bancaron muchas. Se fortalecieron mas.Los quiero y los espero e Brisbane! 🙂

  7. Matias 10 julio, 2015 at 07:55 Responder

    Hola Mariana, me estuve interiorizando de los pasos Australianos, sin duda una experiencia q marca, y q seguramente viendo en perspectiva servira para acomodar muchas cosas, ojala un dia me puedan contar mate de por medio, me interesa mucho, q siga el viaje despues de todo! Y disfruten lo bueno!

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