11 cosas de mi rutina que cambiaron en Australia

Hacen ya más de once meses desde que salimos de casa. Más de once meses de que nos instalamos en este país gigante para verlo no solo con ojos de viajero sino también con ojos de local. Trabajamos, pagamos un alquiler y hasta impuestos y, como era de esperarse nuestra cotidianeidad también cambió. Nuestras formas de hacer las cosas, de vivir cambiaron lo suficiente como para entender que desde el momento cero nos fuimos adaptando a las costumbres y realidades del lugar donde estamos. ¿Qué es lo que cambió? Acá te cuento 11 cosas de mi rutina que cambiaron en Australia.

1) El día se empieza con el desayuno

Puede parecer una obviedad pero les aseguro que “la comida más importante del día” no formaba parte de mi rutina en el 90 por ciento de los casos. El único momento en que disfrutaba del desayuno era cuando nos levantábamos temprano un fin de semana e íbamos a la panadería del barrio a comprar facturas llenas de chocolate y dulce de leche o cuando estaba de visita en la casa de mis papas y me llevaban el desayuno a la cama. Pero eso de levantarme antes para prepararme las tostadas y un café prácticamente no existía. Ahora, no solo me levanto antes sino que además cuanto más contundente sea el desayuno mejor. Nico suele desayunar leche con cereales pero a veces me gusta sorprenderlo con un buen tostado de bacon and egg (o panceta y huevo en español) o hot cakes con chocolate. Ya se me hizo agua la boca…

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2) Los residuos se separan

Esto es algo que deberíamos hacer siempre y que, siguiendo los consejos de mi amiga Meri de Alternativa Verde, tendría que haber empezado a hacer hace rato. No es algo a lo que nos hayamos acostumbrado muy rápido, de hecho recién van a hacer 4 meses desde que empezamos a tomar este hábito. Tenemos tres bolsas: una para la basura, otra para los reciclables y otra para todo lo orgánico y sí, a veces nos siguen surgiendo dudas de si esto va acá o allá, pero le ponemos la mejor onda y hasta ahora creo que nos está saliendo bastante bien.

Esta, especialmente, es una de las prácticas que me gustaría poder seguir conservando en mi rutina esté donde esté, porque es un mínimo granito de arena que podemos aportar para ayudar a mejorar el mundo, hacerlo más saludable y de paso, cuidarnos a nosotros mismos porque cuando el planeta se canse, va a decir basta para todos y ya va a ser demasiado tarde para hacer algo. ¿Lo mejor? ¡Implica cero esfuerzo!

Si queres inspirarte y empezar a hacer las cosas bien, leete esta nota de Alternativa Verde  😉

3) Una relación de 24/7

Apenas cinco meses después de que Nico y yo nos conocimos me ofrecieron un trabajo de Comunicación en la empresa que él estaba trabajando hacía ya casi dos años. Me encantaba la idea de por fin tener un trabajo en el área que me interesa pero dije que no. Dicen por ahí que “donde se come no se caga” y por miedo a perjudicar nuestra tan temprana relación decidí hacerle caso al dicho y aceptar un trabajo como recepcionista en otro lado.

Unos siete meses más tarde, ya estábamos viviendo juntos y pasamos la prueba más grande que podíamos tener como pareja hasta ese entonces. La convivencia no es para todo el mundo, pero en algún momento hay que arriesgarse. A nosotros nos salió redondo porque aprendimos mucho más del otro y lo mejor es que nos llevamos cada vez mejor.

Pero Australia era un desafío todavía mayor. Por los planes que teníamos antes de viajar, sabíamos que esta Working Holiday implicaría no solo vivir juntos y ser la única cara conocida que tendríamos de este lado del charco, sino también muy probablemente trabajar juntos. Eso que tanto miedo me daba al principio de la relación se estaba proyectando ahora a miles de kilómetros de distancia. ¿Y si esto nos perjudicaba? No crean que no lo pensé. Vivir con alguien implica compartir muchas cosas del día a día, pero si a eso le sumas que trabajan de lo mismo y al mismo tiempo exige compartir las 24 horas del día los 7 días de la semana.

Con Nico siempre supimos que entre nosotros nos entendemos, pero igual seguía siendo todo un desafío. Y la realidad es que no puedo estar más feliz del resultado. Nos acostumbramos muy rápido a trabajar juntos y de hecho nos encanta. Nos llevamos muy bien y sabemos separar las cosas. Cuando trabajamos somos los mejores compañeros de trabajo y cuando estamos en casa somos los mejores compañeros de vida que podemos. Obvio que a veces necesitamos nuestros ratos solos y hacemos cosas por separado. Ninguno se priva de hacer nada y el otro no está obligado a hacer lo mismo si no tiene ganas y creo que esa es la clave de todo.

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4) Esa cosa llamada “share house”

Nico y yo aprendimos a vivir juntos muy rápido y fue super fácil, eso ya se los conté. Ahora, el tema es cuando después de acostumbrarte a los hábitos de una persona tenes que adaptarte a los de otras personas que muchas veces no sabes ni quienes son ni te llegan a interesar demasiado tampoco.

Creo que es una de esas cosas a las que nunca me voy a acostumbrar y tampoco realmente quiero acostumbrarme. Si bien ya había compartido una casa en Roma, esta vez es diferente. Allá estaba de paso, acá estoy viviendo. Yo tengo mis mañas y Nico tiene las suyas, pero prácticamente somos iguales y eso nos facilita muchas cosas a la hora de convivir. El problema es que cuando la gente con la que compartís la casa tiene otras formas de vivir y no hay respeto por lo diferente, se hace difícil.

Por mi parte, creo que fue la inauguración y la despedida a este tipo de convivencia. Hay mucha gente que lo disfruta y la verdad que los admiro, pero definitivamente es un “no, gracias” para mí.

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5) Trabajar por horas y por semanas

Se acabó eso de esperar a fin de mes para ver cuanto cobraste, desde que llegamos a Australia nos acostumbramos a hablar de trabajo con dos términos “horas” y “semanas. Imagínense lo ansiosos que estábamos después de nuestra primera semana de trabajo. Contamos las horas, multiplicamos por el valor que nos las pagan y voilá, teníamos exactamente cuánto nos debería entrar en la cuenta. Lo raro fue cuando vimos el payslip (recibo de sueldo) y vimos que teníamos tres horas menos pagas. ¿Qué pasó? ¿Ya empezamos mal? No, la realidad es que lo que no sabíamos es que en Australia los breaks no se pagan, pero son obligatorios. Por ende, esa media hora por día que teníamos que tomarnos para descansar era media hora menos que nos pagaban, lo que por lo general sumaba una tres horas menos a la semana. Pero no solo eso, el valor de impuestos que pagan se relaciona con la cantidad de horas trabajadas. Por ende, a más horas de trabajo más impuestos vas a pagar y el rate te queda más bajo. Para que se den una idea de lo que les hablo, en la Roadhouse nos pagaban 22 dólares la hora pero dependiendo de si hacíamos 55 o 45 cobrábamos neto 19,50 o 17,50. Después de unas semanas dejamos de multiplicar y ahora solo nos limitamos a chequear que la cantidad de horas que trabajamos coincida con las que nos pagan.

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Obviamente el sistema tiene algunas contras. Si te enfermas y no vas a trabajar tenes un día perdido que puede traducirse en, a veces, más de 8 horas de trabajo. Si tu trabajo es estacional (como nosotros ahora en el centro de ski por ejemplo), tus horas de trabajo dependen en un 90% del clima y si el tiempo se pone en contra tuya, lo más probable es que no trabajes demasiado y eso significa que a veces los números no den.

Más allá de eso, en cierta forma me gusta la idea de cobrar por semana y por horas de trabajo. Hace que todos le pongan un poco más de onda al hecho de tener que estar trabajando y que uno sabe que, al final de la semana, el esfuerzo tiene su recompensa.

6) Hablo + por teléfono con Nico

Algo que nunca hubiera podido imaginar y suena raro considerando que pasamos casi las 24 horas del día juntos, pero cada tanto estamos “lejos” y necesitamos comunicarnos por este medio. Para que se den una idea de lo mucho que Nico odia hablar por teléfono, la única vez que me llamó pensé que le había pasado algo. Él es así. Mensajitos sí, llamada no. Pero algo pasó en Australia y ahora parece que le resulta más fácil y cómodo hacer llamadas que tipear un par de palabras en el teclado. Lo mejor de todo es que ya no responde únicamente con monosílabos y hasta es él el que me llama para contarme cosas.

7) Ver televisión en inglés

Antes de viajar a Australia había decidido mirar programas en inglés sin subtítulos. Fue un fracaso rotundo. No entendía la mitad de lo que pasaba y me perdía mis series favoritas porque no podía seguir el hilo de la historia. Cuando llegamos a Derby vivimos sin televisión durante los primeros dos meses y medio así que tampoco teníamos esa práctica que supusimos íbamos a tener. Cuando nos mudamos a la otra casa, empezamos a ver noticieros primero porque era lo más “fácil” de entender. Con las imágenes y las palabras claves podíamos saber cuál era la historia. De a poco, nos fuimos enganchando con programas locales y le agarramos la mano al inglés televisivo casi sin darnos cuenta. Hoy por hoy, hasta cambiamos los subtítulos en español por subtítulos en inglés y nos gusta mucho más porque nos hace sentir que no perdemos la verdadera esencia de lo que está pasando en la pantalla.

8) Vivir sin conexión (+ odio la celudependencia)

Creo que desde que Internet llegó a mi vida, nunca me imaginé volver a vivir sin conectividad constante. Pero Australia te pone a prueba. Desde que llegamos a este país no tuvimos WiFi en ninguno de los lugares en los que vivimos. Cuando estuvimos de viaje por la Costa Este fuimos a hostels que se jactaban de tener internet gratuito pero en los que para hacer cargar una página web simple podías estar más de media hora. Yo, además, estoy con un poco de mala suerte con la conexión en el celular porque en cada lugar que encontrábamos un WiFi gratuito en la vía pública soy la única persona a la que no le engancha y le tira algún error de autenticación.

Pero, ¿saben qué? Tengo que reconocerles que a esta altura ya casi no me afecta. Sé muy bien como administrar los 1.5 gigas que tenemos en el celular cada mes (y que se van volando porque la compañía que tenemos es la que más cobertura tiene en Australia pero también la más cara) y uso el excesivamente caro módem que tenemos para WiFi solamente para trabajar con el blog y hacer skype con mi familia.

El bonus track de este cambio es el odio que me genera la celudependencia. ¿Qué es lo que le pasa al mundo que la gente no puede despegar su mirada de la pantalla del celular? Si mis amigas están leyendo esto seguro se están descostillando de la risa porque el celular y yo solíamos ser un todo. “Si la queres a Maru la tenes que querer con celular”, dijo una vez al pasar mi amiga Dani y claramente me quedó resonando en la cabeza. Bueno, eso cambió y estoy orgullosa de eso. Sinceramente me irrita no poder tener una conversación fluída con alguien porque está más pendiente de lo que pasa en su Facebook que de lo que le estoy contando. Cada vez que vamos a un hostel quedamos sorprendidos de ver como los viajeros cambiaron el intercambio real de palabras, el intercambio cultural por las redes sociales. Cada segundo que pasa estoy más convencida de que el mundo necesita más charlas reales y menos encuentros virtuales.

9) No usar efectivo y manejar la plata con una app

En Buenos Aires empecé a usar la tarjeta de débito con mi último trabajo. Pero así y todo, la plata que representaba mi ahorro la sacaba a principio de mes y la guardaba en algún lugar que yo considerara seguro. Teniendo en cuenta la historia (no tan lejana) de Argentina y los bancos, dejar la plata en mi cuenta no era una opción. Más allá de eso, siempre fui de las personas que manejaban todo en efectivo, eso de no ver “realmente” lo que tengo y lo que voy gastando me ponía un poco nerviosa.

Pero todo eso es algo de lo que me olvidé muy fácilmente en Australia. Creo que no recuerdo cuando fue la última vez que fui a comprar algo y terminé pagando con billetes y/o monedas. Todo acá es más fácil manejarlo con tarjeta y administrar el dinero nunca me pareció más cómodo. Todos los bancos tienen su aplicación para dispositivos móviles y lo mejor es que funciona de mil maravillas.

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Para que entiendan un poco de lo que les hablo, les explico como funciona un poco todo esto. Nuestro banco nos ofreció dos cuentas: la EveryDay (o la de todos los días) y la Savings (que vendría a ser la caja de ahorros que te paga un porcentaje de interés a final de cada mes de acuerdo a la cantidad de plata que tenes en tu cuenta). Nico y yo tenemos todo nuestro dinero en la Savings pero necesitamos pasarlo a la EveryDay cuando queremos pagar algo. Al principio, movíamos la plata de una cuenta a otra antes de ir a hacer cualquier compra “por las dudas”. Después, nos dimos cuenta de que el sistema de la aplicación es tan simple y fácil como rápido. No importa cuál sea el monto que necesites transferir, la transacción se hace en el acto. Por eso, ahora cuando necesitamos hacer un pago, por ejemplo en el supermercado, llegamos a la caja, vemos cuánto nos salió la compra, la transferimos un segundo antes de usar la tarjeta y ¡voilá!

Además de esto, hay aplicaciones que te permiten pagar directamente con el celular sin necesidad de tener la tarjeta a mano (aunque no todos los bancos ya lo pusieron en práctica) o transferirle plata a otra persona usando solamente el número de teléfono con el que tiene asociado su aplicación.

10) Todo se hace más temprano

Si hay algo en lo que nuestra rutina cambió de manera notoria es en los horarios para cenar e irnos a dormir. Si miro en retrospectiva creo que ese jetlag tan intenso que tuvimos en Sidney fue la clave para que nos adaptáramos tan rápido a un estilo de vida al que no estábamos acostumbrados.

De repente, y casi sin darnos cuenta, empezamos a levantarnos con los primeros rayos de sol de la mañana, cenábamos apenas pasada las siete de la tarde y nos dormíamos alrededor de las 9 de la noche. En Derby nos ayudó el hecho de que trabajábamos muchas horas por día, cuando empezamos nuestro viaje por Broome y la Costa Este de Australia ya teníamos los horarios incoporados y para rematarla, la montaña y su invierno oscuro hicieron que todo eso se potenciara. Hubieron días en los que la cena estaban marcadas por el horario que para nosotros es de merienda y las mañanas se hicieron un poco más tempranas.

Conocemos gente a la que le resulta imposible adaptarse a este tipo de cambio tan rotundo pero a nosotros no solo nos resultó super natural sino que además nos encanta y nos preocupa cómo vamos a hacer para adaptar nuestros estómagos y nuestras horas de sueño cuando nos encontremos en un entorno un poco diferente.

Si se me pasa el reloj, me duermo donde sea...

11) No existen los lunes, los fines de semana o los feriados

Si bien esto es algo más que lógico y normal cuando estamos de viaje, en Australia no estamos precisamente viajando. Acá tenemos nuestra rutina, nuestros horarios y nuestras obligaciones como cuando vivíamos en Argentina, pero la diferencia está en que ya no trabajamos en una oficina de Lunes a Viernes de 9 a 18 sino que nuestros trabajos no entienden de fines de semana ni de feriados.

Nuestros calendarios se basan en el roster de cada semana y nuestros días off dependen de la cantidad de trabajo o personas que se necesiten para cada día y eso, a veces significa, que tu día de descanso puede llegar a ser recién casi 10 días después de tu primer día de trabajo.

En Derby eran algo predecibles y siempre sabíamos que recién cada tres o cuatro semanas tendríamos dos días off. En la montaña tuvimos que acostumbrarnos a un sistema totalmente diferente. Acá todo depende del clima y de la gente que viene a disfrutar sus vacaciones de invierno, por lo que así como algunas semanas tuvimos tres o hasta cuatro días sin trabajar, otras semanas tuvimos solo un día y que a veces no era realmente completo.

Cuando estábamos en la Roadhouse nos acostumbramos a que los sábados y domingos eran días laborales como cualquier otro. Nunca tuvimos uno de esos días libres, ni tampoco existieron los feriados porque, por alguna razón, Nico y yo éramos siempre los elegidos para trabajarlos (lo cual hubiera sido excelente si nos hubieran pagado la hora al doble, pero eso nunca pasó). Pero la verdad es que nos importaba muy poco. Vinimos a Australia con el objetivo de ahorrar lo máximo posible para empezar nuestra vuelta al mundo y para eso había que trabajar duro y bastante, así que tener un día off un martes o un sábado representaba absolutamente lo mismo para nosotros.

 

Si me pongo a pensar con más detenimiento, seguro que hay otros montones de cosas en las que nuestra rutina cambió desde que llegamos a Australia hace más de 11 meses atrás. Porque los viajes, sean en movimiento o estáticos con su propia rutina, te cambian y eso forma parte del crecimiento y el aprendizaje de cada día.

¿Alguna vez te fuiste a algún lugar que hiciera que tu rutina cambiara tanto? ¡Contame!

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8 comments

  1. Alejandro 9 octubre, 2015 at 18:14 Responder

    Hola excelente blog, me gusto mucho! los viajes son cambios también, el movimiento es cambio, el desplazamiento es cambio. Todo lo que llena un viaje es cambio. Increíble pero cierto! Abrir la mirada a un nuevo horizonte es hermoso.

  2. Erika 20 enero, 2016 at 14:04 Responder

    ¡Qué lindo! Me encantó ver el otro lado de perspectiva. Yo pasé 9 meses en Argentina y para mí, fue el opuesto de lo que experimentó vos. Todo más tarde, no les fascinan los bacon and eggs por la mañana (jaja) y casi siempre se paga con efectivo. Era muy diferente pero me adapté muy rápido! Además, adapté el mate como parte de mi rutina diaria, aun después de volver a casa en Nueva York. 😉

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