Con sabor a Málaga

Querida Málaga:

Aunque por lo general se me da muy bien esto de escribir cartas, me siento a escribirte y las palabras desaparecen. No sé por qué, pero me pones nerviosa. Nerviosa bien, no te preocupes. Siento mariposas en la panza como cuando empecé a chatear con Nico y esperaba ansiosa encender la computadora y tener un mensaje suyo. Me tiemblan las manos, el cuerpo y el alma. Ayer, cuando te vi, sentí una conexión que nunca había tenido y me sentí feliz, pero también me asusté. Me asusté porque el amor a veces me da miedo. Me asusté porque qué pasa si vos eras lo que estaba buscando.

Varias veces me preguntaron donde me gustaría vivir y nunca supe que decir. Hace unos días, incluso, llegué a la conclusión de que ese lugar no existía. Aunque todavía no me conoces bien, no vas a tardar en darte cuenta de que mi alma no es de aquí ni de allá, aunque esté cansada, a mí me gusta estar en movimiento. A lo largo de mis 30 años conocí muchos lugares de los que me enamoré por completo. Muchos fueron amores viajeros, de esos que duran lo que una estrella fugaz y se van dejando el corazón feliz y melancólico, pero fuerte, porque desde un principio supiste de que eso de se trataba. Otros tantos, fueron amores más intensos, de esos que se quedan grabados tan adentro tuyo que duelen. Me pasó con varios lugares, pero mi gran amor es Roma, con ella tengo una relación especial. La extraño cuando estoy lejos y de cerca la saudade me invade, cada vez que estoy con ella le dejo un pedacito de mi alma y supongo que, algún día, me va a vaciar por completo y ya no voy a tener lugar para nada más. Pero como te decía, tenemos algo distinto. Sé que es mi lugar en el mundo, pero también soy consciente de que su belleza caótica no me pertenece, de que no podría vivir ahí.

Hace más de 36 horas que no puedo dejar de sonreír. Mi cara sonríe, mi cuerpo sonríe, mi alma sonríe y no lo puedo ni siquiera explicar. De alguna forma lograste meterte adentro mío y me atrapaste, pero no quiero que me sueltes. Siempre creí que el amor llega cuando menos lo buscas y cuando te sentís lo suficientemente bien con vos mismo como para hacerle lugar alguien más. Lo confirmé cuando Nico apareció en mi vida y estoy segura de que eso me está pasando ahora. Me descuidé y dejé la puerta abierta, vos viste luz y entraste. Y acá estás. Acá estoy. Sintiendo lo que nunca pensé que iba a sentir, eligiéndote sin ni siquiera haberte pensado jamás. Y se siente bien. Se siente tan bien que no puedo dejar de soñar despierta como sería si un día tuviera la posibilidad de elegir donde vivir sin pensar en permisos, papeles y tantas cosas más.

paseo maritimo malaga

malaga vista de puerto uno

malaga casas frente al mar

malaga playa pedregalejo

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No puedo decirte que me cautivó de vos, aunque probablemente ni siquiera te importe, imagino que ya estarás cansada de escuchar piropos de cada persona que te conoce. Yo misma no dejo de decírtelos a cada paso que doy. No sé si creo en el amor a primera vista, Málaga, pero con vos lo sentí. Apenas bajarme del bus, sentí la misma electricidad que me recorrió el cuerpo la primera vez que Nico me agarró de la mano y supe que él era el indicado. Lo supe con vos cuando ese viento con sabor a mar me balanceó de un lado a otro y cuando sentí ese perfume a playa en la parada del colectivo que hizo que todo mi cuerpo vibrara de emoción – irónico, sabiendo que soy más una chica de montaña que de mar -. Lo supe cuando vi todas esas palmeras que bailaban sus hojas al compás del sonido del mar y cuando vi a la señora que trepaba las rocas en la playa para dejarle comida a los gatitos de la calle. Lo supe cuando el colectivero sonriente y amable me explicó como saber dónde me tenía que bajar y también cuando descubrí tu cielo anaranjado y espectacular. Lo supe cuando vi el sol radiante pegándome en la cara con la intensidad de una primavera prematura y también cuando miles de gaviotas formaron un corazón en el mar. Lo supe, Málaga, y aunque estoy segura de que todavía me quedan por ver un montón de lugares más que me van a cautivar, lo que me pasa con vos no va a cambiar. Por eso, la próxima vez que alguien me pregunte donde me gustaría vivir, ya sé que les voy a decir.

puerto uno malaga

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Maru

PD. Sé que puede sonar un poco rápido y créeme, para mí también lo es, pero tengo que decírtelo: Te quiero, Málaga.

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