Caleta Olivia, color y poesía en el sur argentino

– ¡Nos vamos a Caleta Olivia!
– ¿Y qué hay ahí?
– No tengo idea. El tío de Nico vive allá y lo vamos a visitar.
– Suena a embole…
– Cuando vuelva te cuento, a mi lo que me importa es que voy a volver a viajar.

arte callejero

Esa, más o menos, era la secuencia de preguntas y respuestas que se dio cada vez que le conté a alguien que nos íbamos a pasar unos días a este pueblito de la provincia de Santa Cruz.

Sí, no teníamos idea de que podíamos hacer ahí, pero teníamos ganas de retomar nuestra idea de hacer algunos viajes en Argentina antes de volver a partir, esta vez por más tiempo y con un objetivo más claro: Australia. Por eso, cuando tuvimos la oportunidad de ir a un lugar que ninguno de los dos conocía, no lo dudamos.

Cómo no teníamos muchos días libres, teníamos que elegir la vía rápida: viajar en avión hasta Comodoro Rivadavia (Chubut), el aeropuerto más cercano. Una vez ahí, deberíamos tomar un taxi hasta la ciudad y luego un micro que nos llevase hasta nuestro destino final. Por suerte para nuestro tiempo y nuestra economía (ya que cada trayecto cuesta alrededor de 100 pesos argentinos), Alberto, el tío de Nico se ofreció a ir a buscarnos y así, una hora más tarde, ya estábamos en la ciudad santacruceña de Caleta Olivia.

casas coloridas

casas ostentosas

La yapa fue encontrar estrellas de mar a metros de la costa

El cambio de clima era notorio. El frío era crudo y te congelaba apenas asomabas la nariz afuera. Pero parecía que sólo nosotros lo percibíamos. Nos sentimos completamente “extranjeros” cuando en nuestra primera caminata por la ciudad nos dimos cuenta de que éramos las únicas dos personas que estaban vestidas cual muñeco Michelin. Estábamos tan emponchados que la gente hasta se daba vuelta para mirarnos, y no estoy exagerando.

Pero a mi me gusta el frío. No, no me gusta. Me encanta. Disfruto andar vestida como si fuera un oso y me encanta ese perfume a frescura que hay en el aire. Es como si el aire fuera más puro, no sé… Así que yo estaba feliz de la vida. De viaje y con frío. No podía pedir más.

La pregunta, entonces, era ¿con qué me iba a encontrar en Caleta Olivia? Todo lo que sabía de ella era que estaba ubicada al norte de Santa Cruz, que es la segunda ciudad más poblada de la provincia y que su actividad principal es la minería. A primera vista, más que ciudad parecía tratarse de un pueblo y, sinceramente, no me pareció que se tratara de un lugar con muchos habitantes. Se notaba que era grande, pero no cómo para ser tan importante a nivel provincial.

Salimos a caminar. Queríamos ver con nuestros propios ojos cuál era el encanto de este lugar y nos dejamos sorprender. Una de las cosas que más me emocionaban era saber que iba a poder prácticamente caminar entre lobos marinos. Resulta, que estos simpáticos animalitos que antiguamente reposaban en un paraje conocido como “Lobería”, un día decidieron migrar hacia Caleta Olivia. La bahía en la que se encuentran está apenas alejada del centro de la ciudad y es uno de los principales atractivos turísticos con los que cuenta Caleta actualmente.

lobos marinos

lobos marinos

lobos marinos

Por otro lado, El Gorosito sobresalía desde cualquier esquina. ¿Qué es? Se trata del ícono de la ciudad y es nada menos que el monumento que representa al obrero petrolero. Fue inaugurado en 1969 y tiene 13 metros de altura en los que se puede ver la figura de un hombre (el obrero) con su excavadora de petróleo. Sinceramente, cuando escuché hablar de él no me parecía para nada emocionante, ¿qué tan increíble puede ser un monumento? La verdad: es hermoso. Grande, majestuoso, tan perfectamente detallado que es un símbolo perfecto de aquellos trabajadores. Obvio, es la foto obligada y, en cierta forma, la postal de la ciudad.

el gorosito

el gorosito

el gorosito

Pero Caleta Olivia es mucho más que lobos marinos, petróleo y un monumento grandioso. Lo que más me sorprendió de esta ciudad es su arte callejero, que no es sólo arte, es arte y es poesía. Creo que es el primer lugar donde me encontré con tantos graffitis que querían decir algo, con mensajes en concreto y todos, cada uno de ellos, con frases positivas e inspiradoras.

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Creo que ésa fue una de las cosas que más me gustó de Caleta. Su arte; sus mensajes; su color; su vida tan de pueblo; sus casas bajas humildes y sus casas ostentosas; su paisaje desde lo alto, pero también desde lo bajo; su olor a mar; sus lobos marinos; su tranquilidad y, sobre todo, su simpleza.

¡Pasan cosas insólitas! Te podes encontrar con un dinosaurio en el frente de una casa...

¡Pasan cosas insólitas! Te podes encontrar con un dinosaurio en el frente de una casa…

 

O con una estatua...

O con una estatua…

 

y también con paisajes más campestres...

y también con paisajes más campestres…

 

Creo que si retomase la charla inicial ya podría responder a la pregunta “¿qué hay ahí?”, definiéndolo con una simple frase: Caleta Olivia es una ciudad con vida de pueblo que está llena de color y poesía.

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