Bucear en Koh Tao: Open Water

Bucear en Koh Tao era un plan que teníamos incluso desde antes de viajar a Australia. Los dos teníamos ganas de sumergirnos y empezar a descubrir el mundo submarino, aunque para mí se trataba de una cuenta pendiente de muchos años que tenía la necesidad de saldar.

Mi primer encuentro con el buceo fue malo, muy malo. Tenía 20 años (creo) y estaba de vacaciones con mi familia en Las Grutas, provincia de Río Negro, Argentina. Después de mucho pensarlo e imaginarlo, me decidí y me anoté para hacer mi bautismo en buceo en una escuela que estaba en la zona de playas en la que estábamos parando. Fui a ver el video, a aprender a usar el tubo y la máscara en la pileta y cuando todo estaba listo, nos fuimos al mar. El primer problema es que nos subimos a la lancha pasadas las 7.30 de la tarde, el sol ya estaba casi desapareciendo y la temperatura del agua que suele ser cálida ya había cambiado bastante. Antes de salir me puse el traje, que estaba completamente mojado y para cuando llegamos al punto de buceo, mi cuerpo tiritaba de frío. Creo que fue una mezcla de nervios, más el malestar corporal que tenía lo que hicieron que, a la primera molestia en el oído, pusiera el pulgar hacia arriba pidiendo volver a la superficie.

Me había quedado la espina desde entonces. Cuando fui a San Andrés, Colombia, lo quise hacer pero teniendo ese recuerdo latente no me animé. Varios años más tarde, ya con Nico en Punta Cana, hicimos toda la parte teórica pero el día que teníamos que meternos en el agua me enfermé y otra vez me quedé con las ganas. A esta altura, ya creía que el buceo y yo no íbamos a llegar nunca a buen puerto.

Pero Koh Tao era un desafío diferente. No teníamos planes de hacer un bautismo y nada más, nuestros planes eran arrancar yendo por más. Nos tentaba mucho la idea de hacer el Open Water porque sabíamos que esta isla tailandesa es uno de los lugares más baratos del mundo para hacerlo y si no aprovechábamos acá, no íbamos a hacerlo más.

Así fue como llegamos a Koh Tao con tantas ilusiones como nervios, miedos y ansiedades. Elegimos la escuela “Pura Vida” porque habíamos escuchado muy buenas referencias de ellos y además, podíamos hacer el curso en español. Es que por más bien que manejemos el inglés no íbamos a poner nuestras vidas en manos de un malentendido lingüístico, ¿no?

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El curso Open Water consta de 4 días y lo empezamos el mismo día en que pusimos un pie en la isla. Como llegamos más tarde de lo planeado, Zigor – uno de los dueños de Pura Vida – nos dijo que nos acomodáramos tranquilos, que comiéramos algo si teníamos ganas y volviéramos a la escuela más tarde para empezar con el video de presentación.

A las 6 de la tarde, ya estábamos sentados mirando los dos capítulos que explicaban un poco de qué se trata el curso y el buceo en general y como usar el equipo. Apenas terminamos, llegó Santi, el sevillano que sería nuestro instructor durante los próximos días.

Desde el primer momento Santi nos contagió su buena onda. Nos contó que le gustaba el mate y que hasta tenía uno que nos traería para la clase siguiente y que nos dijo que nos relajemos porque íbamos a disfrutar de la experiencia más de lo que imaginábamos. Santi es famoso en Tripadvisor por los comentarios que fueron dejando las personas que pasaron anteriormente en la escuela. Yo había leído sobre él unos días antes porque, según la leyenda, si buceás con él vas a ver tortugas seguro. Ya el primer día que lo vimos se lo dije y días más tarde se encargó de confirmar el mito.

El segundo día de Open Water empezó con la teoría por la mañana. Santi tenía asignado otro grupo para este parte, así que nosotros nos unimos a la clase que dieron Ángel (valenciano) y Silvia (gallega), dos instructores que hicieron que la parte de “estudio” fuera super entretenida y con muchas risas. Gracias a esto, conocimos a un grupo de gente hermosa con la que además de las clases compartimos charlas, comidas, risas y muchas ganas de aprender a bucear.

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Apenas terminada la clase fuimos a almorzar cerca del puerto para estar listos a las 12.30 cuando nuestro barco estaría listo para llevarnos a nuestra primera aventura subacuática. Ya en el barco, entre Santi y Jesús (un catalán que estaba haciendo el curso de Dive Master y fue nuestro asistente durante el Open Water) nos enseñaron como montar el equipo de buceo y las reglas para un buen chequeo profesional entre compañeros.

Mientras estábamos preparando las cosas, el barco ya estaba parado en Twins y empecé a sentir cada vez más fuerte su movimiento. Como Santi nos había dicho que no íbamos a alejarnos más de 15 minutos por ser la primera vez, descarté la necesidad de tomar algo para el mareo. Y así me costó; el pad thai del almuerzo terminó siendo alimento para peces en cuestión de segundos y el miedo de haber arruinado mi primer día de inmersión se apoderó de mí al instante. No fue hasta que Santi y Jesús me explicaron que no pasaba nada, que me relajara, tomara agua y que tuviera en cuenta que si me sentía mal abajo del agua con el regulador puesto se puede hacer cualquier cosa, incluso vomitar.

Sí, suena asqueroso, pero de no haberlo sabido tal vez hubiera hecho mi primer descenso completamente nerviosa y no lo hubiera podido disfrutar. Pero los chicos me ayudaron a relajarme y casi sin darnos cuenta, después de dar el gran paso de gigante, pasamos 67 minutos a 6,2 metros de profundidad. En esta primera inmersión hicimos pruebas como aprender a sacar el agua dentro de la máscara, flotabilidad, recuperación del regulador, entre otras cosas.

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El tiempo pasó más rápido de lo que imaginábamos y cuando nos quisimos acordar ya estábamos de vuelta en tierra firme. Nuestro segundo día de Open Water había finalizado.

El tercer día empezó de la misma manera. Tuvimos la clase teórica a cargo de Ángel y Silvia y para las 12.30 ya estábamos de nuevo arriba del barco. La diferencia, esta vez, es que haríamos dos inmersiones por la tarde. La primera fue en Ao Leuk y durante los 48 minutos que estuvimos a 6,4 metros de profundidad practicamos varios ejercicios de emergencia (qué hacer cuando vos o tu compañero se quedan sin aire).

La segunda inmersión fue en Three Rocks y ya bajamos un poquito más. Esta vez, alcanzamos los 7,6 metros y buceamos durante 48 minutos. Esta fue mi bajada favorita por dos cosas: 1) practicamos el “mexicano muerto“, es decir, el salto hacia atrás y, 2) ¡vimos tortugas! Santi cumplió con su promesa en menos de cinco minutos debajo del agua.

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Llegó nuestro último día de curso y también el momento de ver el mar en un horario distinto. Esta vez buceamos bien temprano por la mañana y aunque el cansancio de los días previos hicieron que costara un poco levantarse, una vez que estuvimos en el agua nos olvidamos de todo y empezamos a disfrutar.

La inmersión número cuatro de nuestro Open Water fue en Green Rock y logramos el objetivo máximo del curso: llegar a los 18 metros. Hicimos nuestro primer descenso por cabo (bajando agarrados de una soga), nos metimos por dos pasadizos y nos tocó nadar con corriente. No puedo explicarles lo raro que fue todo en ese momento. Primero me di cuenta de que el mar no estaba como los días anteriores porque mi consumo de oxígeno era voraz. En un ratito bajó de 180 a 130 sin que pudiera ni siquiera darme cuenta pero, lo peor, fue el momento en que por más que aleteara y aleteara no conseguía moverme a ningún lado. Veía como Nico había ido atrás de Santi sin demasiados problemas y yo, parada casi contra un coral no podía avanzar ni un centímetro. Después de unos minutos luchando contra la corriente, se acercó Jesús que venía atrás mío, me dio la mano y me ayudó a salir de ese rincón. Así y todo, estuvimos debajo del agua 43 hermosos minutos que incluyó nuestra primera parada de seguridad a los cinco metros.

Exactamente a las 9.03 de la mañana, hicimos nuestro quinto y último descenso. Esta vez llegamos a los 13,7 metros y durante los 52 minutos que buceamos en Twins (el ciclo termina donde empezó) vimos peces murciélagos, emperadores, una raya de puntos azules escondida en una cueva, peces lima, meros, estandartes, morenitas y una familia de cuatro nemos. Antes de hacer el último ascenso del Open Water, hicimos nuestra parada de seguridad a los 5 metros y salimos a la superficie felices y orgullosos de nosotros mismos.

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Por la tarde, y para finalizar oficialmente el curso, rendimos el examen obligatorio del Open Water y después nos fuimos a tomar unas cervezas para festejar.

Bucear en Koh Tao y haber conseguido el Open Water resultó ser mucho mejor de lo que habíamos podido imaginar. Fue una experiencia maravillosa en la que nos sentimos cuidados, seguros y super contagiados por la pasión que nos transmitieron tanto Santi como toda la gente de Pura Vida que nos trató como a su propia familia.

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Información sobre el curso Open Water

El curso tiene una duración de 4 días y cinco inmersiones. La profundidad máxima a la que vas a poder llegar es 18 metros. Una vez que tenes la certificación del Open Water podes bucear en cualquier parte del mundo contratando “fun dives” que son inmersiones por diversión que te incluirán el equipo y un guía (no instructor).

Aprender a bucear en Koh Tao es lo ideal porque es uno de los lugares más baratos del mundo para hacerlo y además está lleno de escuelas de habla hispana para que te sea mucho más fácil y sobre todo, para que vayas seguro.

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¡Muchas gracias Priscila Silberbeib, José Ismael Cordova Llanos y Pura Vida por las fotos!

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1 comment

  1. carlos 1 septiembre, 2016 at 00:07 Responder

    hola maru he buceado en la patagonia argentina en pleno invierno. sentis una gran libertad, una maravillosa experiencia . el traje de neoprene suele ser mas grueso para aislar el frio mas los guantes. y tiene como una especie de gorro para aislar el frio de la cabeza

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