Quién soy: la cara detrás de Bitácora Viajera

No sé si realmente existe una forma de decir quién soy o quién está detrás de Bitácora Viajera. Podría decir lo típico, las cosas básicas que se preguntan apenas conoces a alguien…

Me llamo Mariana Mutti, tengo 25 26 27 28 29 30 31 años, nací el 30 de marzo de 1986 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, y soy periodista”.

quien soy bitácora viajera

Pero, claramente, eso es sólo decirles mi nombre, mi edad, de dónde vengo y que estudié. No refleja nada sobre mí, sobre mi forma de ser o sobre qué cosas me gustan, interesan o apasionan.

Aunque una de las cosas que más disfruto es escribir, tratar de describirme a mí misma es algo que me resulta súper complicado. No sé bien qué decir, por dónde empezar, qué contar…  pero sé que una de las partes más importantes de un blog es saber quién está detrás de él.  Conocer quien escribe, saber cómo piensa o como siente la persona a la que estamos a punto de leer (o por qué no, ya leímos) nos da un panorama de cómo va a ser todo lo que sigue. Por eso, aunque me resulte complicado poner en palabras quién y cómo soy, voy a intentarlo. No sé qué saldrá, pero si después de tantas idas y vueltas para encontrar las palabras justas logran tener una mínima idea de quién es Mariana Mutti, me doy por satisfecha.

Entonces, ¿qué puedo decir sobre mí? Les puedo contar que soy una persona curiosa que necesita llenarse de cosas nuevas, aprender con cada paso, con cada persona que encuentro en el camino. Soy inquieta y aventurera, me encantan las cosas extremas y a veces, puedo ser bastante inconsciente. No suelo pensar demasiado las cosas y prefiero correr riesgos antes de que llegue el momento de tener que preguntarme “qué hubiera pasado si”.

Considero que mi cualidad más importante es ante todo, ser perseverante, lo que me convierte también en un poco testaruda. Lo que quiero, lo tengo que conseguir como sea. Cueste el tiempo que cueste y sea de la forma en que sea. Si quiero algo, no voy a parar hasta conseguirlo, aunque eso signifique que me cataloguen como una completa cabeza dura.

Pero todo lo que tengo de perseverante también lo tengo de impaciente y ansiosa. Tal vez esta sea la faceta más contradictoria de mi personalidad. No sé esperar. Desde la impuntualidad hasta la desesperación por hacer cuentas regresivas eternas, todo complota contra mí para que los nervios lleguen a su punto culmine. A veces soy un poco exagerada, lo sé, pero es más fuerte que yo. No me gusta que jueguen con mi tiempo, como suelo decir mientras en mi vida rutinaria tengo que pasar más tiempo del que debería esperando por un tren o un colectivo, por ejemplo.

Soy también un poco torpe, atolondrada y distraída. Muchas veces me preguntan cómo hice para viajar sola durante tanto tiempo en lugares tan distintos si hasta en mi propia ciudad puedo llegar a perderme. Pero yo disfruto perderme y creo que por eso soy así, porque es la forma que encuentro para sorprenderme, para aprender, para descubrir…

Soy tremendamente ambiciosa y sé que puedo lograr lo que quiero, a corto, mediano o largo plazo. Por eso, tampoco me asusta decir que el gran sueño de mi vida es dar la vuelta al mundo. Podrán decir que es cliché, que es imposible, que es lo que quieren hacer todos pero el problema es que muchas veces el miedo a lo desconocido, a arriesgarse, a que las cosas no salgan como las planeamos es la que nos entorpece el camino. Yo quiero que mi proyecto de vida sea concretando mis sueños, no dejando que el miedo no permitan que sean más que sólo eso. Yo quiero que mi vida sea mis sueños hechos realidad.

No sirvo para hacer lo que es socialmente correcto ni para vivir la vida que todos creen que hay que vivir, porque es lo que está bien visto, lo que se considera “normal”. Si eso significa estar loca, entonces soy una loca feliz. Si hay algo de lo que estoy convencida es de que nací para ser libre, para luchar por las cosas que quiero hacer y sobre todo, para hacer que cada segundo de mi vida valga la pena, para no tener que arrepentirme después por no haber hecho las cosas que me llenan el alma. Tal vez muchos me cataloguen de caprichosa, yo prefiero decir que soy apasionada.

También puedo decir que soy un poco romántica. Tanto, que a veces no puedo evitar enamorarme de los lugares. Me enamoré de Bangkok y además de Roma, de la calidez de la gente camboyana y de la magia que se percibe en el aire de Ubud. Me enamoré de Madrid y aprendí a reconciliarme con Buenos Aires, aprendiendo a ver sus rincones con otros ojos. Me enamoro de las cosas grandes y extravagantes pero también de las pequeñas que suelen pasar desapercibidas.

Y lloro. Lloro mucho. Cuando estoy triste y enojada, pero también cuando algo me emociona o me hace inmensamente feliz. Tengo que admitir que quizás antes me daba un poco de vergüenza o algo así, pero ya no. Ahora, no me importa ni cuando, ni dónde ni con quien. Si quiero llorar, lloro porque lo considero una de las formas más puras, simples y naturales que tenemos para demostrar un sentimiento. Soy una auténtica llorona, si quieren adjetivarlo de alguna manera.

Soy extrovertida, sociable y amigable y, por qué no decirlo, bastante charlatana. Me encanta hablar, no puedo parar de hacerlo y lo hago en un tono de voz muy fuerte. Me gusta decir que es porque llevo la sangre italiana en las venas y tal vez un poco de eso hay. O simplemente, es mi forma de ser y aunque a veces puede resultar molesto escuchar a alguien que hable tan alto, a mí me gusta saber que siempre se me va a escuchar.

Esta soy yo. Soñadora, llorona, impaciente, charlatana, amigable, exagerada,  testaruda, distraída, curiosa, romántica y ambiciosa; y espero lograr transmitir un pedacito de mí en cada relato, en cada experiencia, en cada reflexión y así, no sólo invitarlos a conocer el mundo a través de mi mirada sino también a conocerme a mí misma.

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