Avivada vietnamita en Hué

Si la gente del sur de Vietnam me encantó, con la del norte me pasó todo lo contrario. Antes de llegar al país, había leído bastante sobre las reacciones de la gente en determinadas situaciones pero, de alguna manera u otra, preferí creer que se trataban de casualidades, que justo yo había encontrado información sobre malas experiencias y nada más.

Tal vez yo también haya tenido una “mala” experiencia. Tal vez no sean todos así. Tal vez esté mal generalizar. Pero bueno, este post tratará sobre una de las tantas “chantajeadas que tanto les encanta hacer a los vietnamitas.

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Durante el segundo día en Hué decidí hacer un paseo en bote para ir a conocer las Tumbas de los Reyes que se encuentran a aproximadamente 14 kilómetros a las afueras de la ciudad. Sinceramente, no era algo que me moría por conocer pero estaba ahí y algo tenía que hacer así que me uní al plan que tenía una chica suiza que conocí en el hostel.

Fuimos hasta el río y después de unos 15 o 20 minutos regateando el precio del bote, nos subimos con una mujer que parecía tan simpática como amable. Pero claro, me olvidé de esa frase tan cierta que dice que las apariencias engañan y así nos fue.

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Para empezar, apenas nos subimos al barco nos pidió la plata. Cosa extraña teniendo en cuenta que acá prácticamente todo – incluso algunos hostels – se pagan una vez que el servicio concluyó. En el momento no le di demasiada importancia al asunto excepto cuando al momento de darme el vuelto se fue diciendo “5 thousands more, 5 thousands more” (“cinco mil más, cinco mil más”). Como justamente cinco mil era lo que tenía que devolverme pensé que me estaba diciendo que le faltaba darme eso. Pero no, tuve que pedírselos dos veces durante el trayecto porque su idea no era devolverlo sino cobrarlos.

Acá, una aclaración. Cinco mil dongs no representa más que veinticinco centavos, lo que no hacía diferencia en el precio inicial. Lo que molestó, fue su actitud. Y aunque en cierta forma me sentía incómoda por estar reclamando eso, después del resultado final me alegra haberlo hecho.

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La primera parada fue en la Pagoda de Thien Mu (o por lo menos eso es lo que creemos que vimos porque no había ningún cartel que lo certifique) y hasta ahí, todo iba bien. La mujer con la que habíamos negociado seguía sonriente y amable aunque no perdió oportunidad de intentar vendernos todo tipo de souvenirs e indumentaria que tenía en el barco.

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En la parada siguiente los problemas empezaron. A apenas cinco minutos de haber dejado la Pagoda atrás, paramos en lo que en teoría era la Tumba Tu Duc, una de las más lindas e importantes de Hue. Nos pareció raro ya que el mapa que teníamos nos indicaba que estaba bastante más lejos y del otro lado del río. Se lo dijimos pero ella insistió. Desconfiadas, bajamos del barco y encontramos un cartel que decía que eso que teníamos enfrente, efectivamente no era una tumba sino un templo.

En menos de dos minutos estábamos nuevamente en el barco, “explicándole” a la desentendida mujer que eso no era lo que nosotras pretendíamos ver. Ella preguntó “confundida si realmente esa no era la tumba y seguimos viaje.

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Esta vez el barco fue un poco más lejos, por lo que creíamos que íbamos hacia el lugar correcto. Pero, de repente, el marido – que era quien manejaba el bote – frena en un lugar donde no había nada. Bueno, estoy exagerando. Había dos vacas, pasto largo y un hombre vietnamita.

La mujer insistió durante todo el trayecto que ellos nos dejarían en la tumba Tu Duc pero que “era lejos” y debíamos alquilar una moto para llegar hasta ahí. Le dijimos que no queríamos moto, que le habíamos pagado a ella para llegar hasta ese lugar y no teníamos por qué pagarle a alguien más. “It’s faaaar”, es todo lo que sabía decir mientras nuestra respuesta era que no íbamos a subirnos a ninguna moto y que, por otra parte, no íbamos a bajar en ese lugar donde no había nada porque, claramente ese no era el sitio correcto.

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Ahí, enloqueció. Empezó a mostrarnos una foto de lo que supuestamente era la tumba a la orilla del río. ¿Cómo le podíamos explicar que la foto que nos mostraba no coincidía en lo más mínimo con el lugar donde nos estaba dejando? No hubo forma de hacérselo entender. Ella seguía mostrando la foto convencida.

Cuando se dio cuenta de que verdaderamente no íbamos a bajarnos del barco, fue corriendo a buscar al único hombre vietnamita que estaba ahí, para que él nos confirmara que sí, que efectivamente ese era el lugar correcto. Nosotras insistimos. “No vamos a bajar acá, porque no hay nada, no hay nadie y si éste es el lugar correcto debería haber mínimo algo que lo indique”.

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Entonces, la mujer volvió a enloquecer. Ya no era simpática, ni mucho menos amable. En ese momento, empezó a buscar algo desesperadamente. Nosotras no entendíamos qué era. Hasta que lo encontró. Un cuaderno. Nos pidió prestada una lapicera y se la dio al hombre que vino a intentar convencernos de que ahí estaba la tumba. Él escribió y ella nos acercó el texto para que lo leamos. Estaba en vietnamita por lo que nunca sabremos que quiso decirnos.

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Fue después de más de 15 minutos discutiendo (y en el que ella decía que teníamos que ir a ver y que si la tumba estaba ahí como decía le teníamos que pagar 700 mil dongs – sí, se los dije, enloqueció – ) que decidimos decirle que volvíamos a Hué y que nos devolviera al menos la mitad de la plata por todo lo que no habíamos hecho. (Nosotras, encima le pedíamos la mitad y no todo por habernos estafado!).

Por supuesto, ella dijo volvemos pero no hay plata. Y así fue. Volvimos, con ella enrojecida de bronca (como si nosotras hubiésemos tenido la culpa), desanclando el barco de una manera agresiva y mirándonos con ganas de “las mataría acá y tiraría sus cuerpos al río” (bueno, suena exagerado, sí) y sin nuestra plata.

El resultado final fue que no vimos las tumbas y nos quedamos con 8 dólares menos (cada una) que podríamos haber gastado en algo mucho más interesante que estar peleando con un par de vietnamitas esquizofrénicos durante medio día.

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9 comments

  1. Cristina Lacal 7 junio, 2012 at 13:01 Responder

    A mi me paso lo mismo en Hué, un tuc tuc (de esos que te llevan en bicicleta) me termino cobrando el doble, yo queria volver al hotel y me llevaba cada vez mas lejos, despues me dijo que en vez de 1 hora eran 2, y encima me pedia mas para la cerveza: primero muy simpático y despues metia miedo.
    A otras chicas les paso algo parecido pero las amenazaron :S
    En Ha Noi, para solamente acomodarnos en el vagon del tren rumbo a Sapa, nos pedian 5 dolars! 5 dolars! Me parecio mucho, pero el tipo se puso violento y se lo di, pero 2 francesas no le querian pagar y amenazo con pegarles, ahi entramos en panico y cuando vio que llamabamos por telefono se fue muy enojado.
    Y finalmente pedi un taxi en el hotel de Ha Noi para ir al aeropuerto, y no solo me lo cobraron el triple, sino que encima lo comparti con 2 personas mas.
    Pero nada, fueron los unicos 3 sucesos en todo el sudeste asiatico, el resto maravilloso.

  2. Nora 7 junio, 2012 at 16:15 Responder

    No importa!!!alguna vez algo menos lindo te tenìa que pasar… no fue tan grave y seguì disfrutando, gente loca hay en todos lados

  3. Meli 7 junio, 2012 at 21:11 Responder

    yo creo q la señora era de aries claramente… y q esta bien generalizar en tu caso.. por eso vos sos el paralelismo con messi en cada lugar q vas jaajj perdon no me pegues

  4. Julia 7 junio, 2012 at 22:32 Responder

    Concido con lo de la gente del norte y la del sur! Nosotros tuvimos similares experiencias. En el sur la gente es espectacular, pero en el norte lo único que les interesa es tu plata y a cualquier precio. A nosotros nos estafaron en Halong Bay, nos vendieron un tour y nos mandaron a otro totalmente diferente. Reclamar? No existe, se te ríen en la cara…

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