Amigos por carta, cartas de amigos

Cuando era chica, 9 o 10 años, tenía una amiga por carta. Era de Villa Ballester,  tenía más o menos mi edad y lo único que sabíamos la una de la otra antes de empezar a escribirnos era que las dos leíamos la revista Billiken. Todavía me acuerdo de la emoción que sentí la primera vez que recibí, en la puerta de mi casa, un sobre a mi nombre con un papel de carta de esos perfumados y coloridos y la historia de una persona que además de contarme sobre su vida, quería saber de la mía.

La emoción se repetía cada vez que recibía una carta suya contándome, entre otras cosas, su amor por Adrián Suar (en esa época estaba Poliladron, ¿se acuerdan?). Fue una relación muy linda, una amistad de esas que me hizo empezar a creer que no es necesario estar cerca de alguien para sentir su compañía y que conocer a alguien de esa forma es la mejor manera de aprender a querer al otro por lo que es internamente, que lo externo no es todo lo que importa.

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Por alguna razón que en este momento no recuerdo (tal vez ni siquiera la sepa), esa relación un día terminó. Las cartas dejaron de llegar, yo también las dejé de enviar y nunca más supe nada de esa chica de la que hoy, por mi mala memoria, tampoco recuerdo el nombre.

Ya no recordaba lo que era esa ansiedad emocionante de tener que esperar el correo que tenga un sobre a mi nombre para entregarme. Y mucho menos recordaba lo que era abrir ese sobre y encontrar palabras tan lindas detrás.

 

Hace aproximadamente un mes, gané una de las postales que sorteaban Lauri y Alvaro en su blog Klando Va de Viaje. La idea del juego era que el ganador eligiera una persona para que ellos le enviaran una postal. La dedicatoria también la mandabas vos. Un regalo divino que vos le podías hacer a alguien.

Pero yo fui un poco egoísta. Yo quería la postal para mí. No sólo por el hecho de tener que volver a vivir esa sensación desesperada de esperar al cartero sino también porque Lauri es una gran amiga que conocí gracias a esta pasión por los viajes y quería algo suyo desde allá. Cuando completé el formulario, puse mis datos y en la parte de la dedicatoria le pedí “escribí lo que quieras, algo personalizado”.

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Después de varias semanas y sobre todo, mientras veía como todos recibían sus postales menos yo, hoy llegó la mía. No puedo describirles la sensación que tuve al ver ese sobre a mi nombre, prácticamente me temblaban las manos de la emoción mientras intentaba abrirlo y, sobre todo, tuve que contener las lágrimas por las lindas palabras que mi amiga me dedicó.

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Esto me hizo tener otra de esas reflexiones cotidianas y tal vez, pese a que hoy es todo más fácil a través de Internet, sería lindo volver a tener que pasar cada tanto por todo ese cúmulo de sensaciones por las que pasaba cuando tenía a mi amiga por carta.

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10 comments

  1. Lau - Klando Va de Viaje 24 Enero, 2014 at 11:40 Responder

    Que lindo post Maru!. Yo también extraño esa ansiedad de recibir algo a mi nombre. De chica tenia un amigo invisible que conocí en una radio, me escribía con el, era de Río Negro. Era hermoso ver llegar un día cualquiera un sobre a mi nombre y que me agarrara de sorpresa.
    Me alegro haber revivido eso en vos!
    un besote enormeeeee

  2. claudia 24 Enero, 2014 at 12:46 Responder

    Obvio deberíamos volver tiempo atrás. Era Era fascinante esperar la llegada del cartero. Ojalá podamos. Retomar eso q quedó en el olvido

  3. Ruben M 24 Enero, 2014 at 17:03 Responder

    Cartas, que lindo era recibirlas desde lejos, ya que en nuestra adolescencia, quienes viviamos lejos de casa, solamente teníamos el bendito correo que nos traía las noticia de la familai, novia, amigos, hasta se estaba pendiente de cuando la habrán despachado que aún no llegó… qe tiempos , que lindos recuerdos. Felicitaciones Mary, hermoso post…

  4. Gloria Camacho 21 Septiembre, 2015 at 08:50 Responder

    Hola que tal? Yo durante casi una dècada participè de una red de amigos por carta en la que aparte, casi todos nos fuimos haciendo coleccionistas de almanaques de bolsillo que nos intercambiàbamos juntos con las cartas que nos enviàbamos y a alegria que ellos implicaba, tambièn hubo oportunidad de conocernos con algunos. Tengo fotos y recuerdos de aquella època maravillosa y la dedicaciòn y esmero con que escribia las cartas que enviaba mas la alergìa que sentìa cuando me llegaban cartas a mi hogar, que làstima que con el avance de Internet eso se haya perdido porque fuè una etapa maravillosa.

    • Mariana Mutti 25 Septiembre, 2015 at 04:53 Responder

      Tal cual Gloria!

      Tengo entendido que ahora hay una comunidad que se dedica a enviar postales a extraños, generando esas relaciones de amigos por carta que acostumbrábamos.

      Por lo que leí, está bastante buena. No la puse en práctica aún por una cuestión de que no tengo domicilio fijo, pero me parece una idea linda. Si te interesa, te averiguo un poco más!

      Un abrazo!

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