Cómo es trabajar en una Roadhouse

Hace algunas semanas empezamos a recibir consultas sobre cómo es trabajar en una Roadhouse, si se ahorra bien, cuánto se trabaja, qué se hace y unos cuántos etcéteras más. Alguna que otra vez alguien nos preguntó qué era exactamente una Roadhouse e incluso algunos de nuestros amigos y familiares todavía no tienen muy claro que es lo que estamos haciendo desde hace 4 meses en Australia.

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12 cosas que seguramente no sabías sobre Sidney

Que la primera ciudad que pisamos en Australia haya sido Sidney no es una casualidad. Es uno de los destinos más famosos de este país, tanto que muchos la confunden con la capital que en realidad es Canberra, y es uno de los lugares que siempre imaginé conocer.

Todas esas cosas que imaginamos o que escuchamos decir sobre Sidney son ciertas (o casi). Es una ciudad de primer mundo donde todo funciona de manera ordenada y prolija, en donde la palabra trámite realmente significa algo breve y rápido y tan pulcra que hace brillar hasta a los baños públicos.

Pero hay algunas otras cosas que seguramente nadie te dijo y que forman parte de la esencia y el carácter de esta ciudad. Por eso, esta vez armé una lista con las 12 cosas que seguramente no sabías sobre Sidney. ¿Estás listo? Acá van…

1) Los semáforos son los más largos del mundo. Bueno, tal vez exagero un poco, pero sí que son largos. De hecho, creo que es la única razón externa por la que podrías llegar a ser impuntual en esta ciudad. Es imposible de calcular el tiempo que te puede tomar cruzar una calle si no tenes la suerte de tu lado. Cómo graficarlo para que lo entiendan… si en una ciudad normal, con semáforos normales, los peatones tienen el paso cuando la calle que está en perpendicular tiene luz verde para los autos, en Sidney tanto vos como el que está en la otra calle pueden estar esperando al mismo tiempo e incluso los autos pueden estar esperando también. Sí, es difícil de imaginar pero es que las calles tienen tantos giros de acá y de allá que a veces podes pasar casi 10 minutos esperando a poder cruzar mientras no hay un sólo alma andando por esa calle/avenida. Y no, no crean que esos botoncitos que algunas ciudades tienen para “pedir” el paso a los peatones sirve de algo, porque parece que sólo estuvieran de adorno.

Las luces de semáforos de todos los colores al mismo tiempo...

Las luces de semáforos de todos los colores al mismo tiempo…

 

Y ahora, todas en rojo al mismo tiempo!!!!

Y ahora, todas en rojo al mismo tiempo!!!!

 

2) Hay multas para todos (y por todo). ¿Te agarré justo tratando de cruzar la calle aunque el bendito semáforo te está mostrando la luz roja hace más de 5 minutos? Ni se te ocurra. Tampoco andar en bici sin casco o cruzar por fuera de la senda peatonal, solo por darte algunos ejemplos. En Sidney las multas son de lo más frecuente y un “delito” de este estilo te puede costar aproximadamente unos 80 dólares. ¡No digas que no te avisé…!

3) Hay zonas en la que está prohibido el consumo de alcohol. Están señalizadas con carteles en todas las cuadras para que nadie diga que no estaba enterado de cómo viene la mano. Si alguien decide transgredir la regla y la policía se entera, retrocedes al punto 2 y vas a tener que hacerte cargo de la multa que te van a querer cobrar.

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4) La ciudad queda vacía a las 20 hs (excepto los sábados). Aunque sabíamos que los australianos tienen la costumbre de cenar bastante más temprano que lo que acostumbramos (¡a las 6 de la tarde nosotros todavía estamos con mates y facturas!), pero de ahí a imaginar que una ciudad entera puede quedar completamente desierta tan temprano, hay un abismo. La cuestión es que a menos que sea noche de sábado, si te encontrás caminando por la ciudad o pretendés tomarte un colectivo a esa hora en la que, por lo menos Buenos Aires, es una ciudad en pleno movimiento, vas a estar más solo que Tom Hanks en la isla.

5) El aeropuerto no es 24 hs. Y si de Tom Hanks se trata, ni pretendas imaginarte como Victor Navorsky en La Terminal porque no vas a poder usar el aeropuerto ni como refugio para salvar alguna noche de alojamiento. A menos que tengas ganas de dormir en la calle, claro. Lamentablemente, nos enteramos de esto casi como casualidad y después de haber planeado nuestra última noche en Sidney justamente ahí. Teníamos un vuelo que salía a las 6 de la mañana, por lo cual debíamos estar haciendo el check in por lo menos a las 4. Ni siquiera valía la pena pensar en pagar una noche de hostel por un par de horas. No teníamos muchas opciones así que nos colgamos las mochilas e igualmente nos fuimos para allá. El clima no estuvo de nuestro lado y fue una de las noches más frías que pasamos en Sidney. Intentamos dormir en los bancos que puertas afuera del aeropuerto hasta que un alma piadosa nos dejó entrar una hora antes del horario de apertura. Así que ténganlo en cuenta: la terminal internacional sólo funciona de 3 a 23 y la doméstica de 4 a 23.

6) No importa lo que te pongas, siempre vas a estar a la moda (¡y nunca quedás como ridículo!). Sidney es una de esas ciudades que acepta todo tipo de estilos. Nadie te va a estar mirando para ver qué te pusiste, cómo te peinaste o cómo te maquillaste, así que es el lugar ideal para relajarte y ser vos mismo. De hecho, es una ciudad tan deportista que lo más normal es ver a hombres y mujeres vestidos con trajes de oficina y zapatillas deportivas con los colores más llamativos que puedas imaginar.

Cualquier ratito libre es bueno para salir a correr o hacer ejercicio

Cualquier ratito libre es bueno para salir a correr o hacer ejercicio

 

7) Probablemente veas de todo, menos australianos. Es una de las grandes contras de Sidney. A ver, me encanta el hecho de que sea super cosmopolita, que haya tanta combinación de culturas y que eso se traduzca en un abanico de idiomas, razas, comidas, olores y demás pero la realidad es que Sidney tiene muy poco que ver con la cultura y la vida de la Australia propiamente dicha. Nosotros nos cruzamos con gente de todo el mundo, pero no vimos ni un solo australiano.

8) Las estaciones de tren también funcionan como shoppings. En realidad son más bien galerías repletas de negocios de todo tipo. Tenes desde un Mc Donald’s y un puesto que te prepara el tradicional Fish n’ Chips hasta el indio que arregla celulares, pasando por locales de ropa muy barata o muy cara. Es un paseo de lo más interesante porque, a veces, casi que ni te das cuenta de que, en un segundo, pasaste de leer los carteles de señalización de las líneas y horarios de tren a estar mirando vidrieras. El tren en Sidney representa lo que nosotros conocemos como el subte o el metro (aunque también recorre largas distancias) y es uno de los transportes públicos más populares.

Nico chusmeando al Phone Guru :p

Nico chusmeando al Phone Guru :p

 

9) Las casas de cambio no son moneda corriente (a menos que estés en el barrio chino). ¡Lo que nos costó conseguir una casa de cambio! En realidad, cambiar dinero es fácil porque lo podes hacer en los bancos e incluso en algunos mini mercados, pero el problema es o que no te favorece el tipo de cambio que ofrecen o tenes que pagarles comisión. Entonces, si además de querer tener efectivo rápido, no queremos tener que resignar un centavo, el trabajo se complica un poco más. Eso, hasta que llegas a una especie de barrio chino (que no es el Chinatown propiamente dicho) en el que prácticamente te encontrás una casa de cambio al lado de la otra. Hay que estar atentos a cuál es la que paga mejor y hay bastantes que, si bien no lo anuncian con bombos y platillos, no te recargan absolutamente nada por el cambio. Un dato para los recién llegados: en el aeropuerto cambien lo mínimo e indispensable como para poder llegar hasta el centro de la ciudad porque la tasa de cambio no solo es pésima sino que además la comisión que te hacen pagar es altísima. Para que se den una idea a nosotros nos cobraron entre 5 y 7 dólares por sólo 50 dólares y encima me preguntaron con cara de sorprendidos “¿sólo esto vas a cambiar?”.

10) Las gaviotas hacen lo que sea por un poco de comida. Sidney está plagada de gaviotas (y yo que las amo, feliz!) pero a pesar de que me encantan tengo que reconocer que las de acá son un poco especiales. Si te ven con comida, cualquiera que sea, automáticamente se convierten en perritos falderos que no van a parar de perseguirte hasta lograr con su cometido. Cuánto más haces por alejarlas, más te miran con cara de asesinas seriales. Por suerte no nos pasó a nosotros, pero han llegado a picotearle comida de las manos a gente que conocemos.

Analizando a la nueva presa...

Analizando a la nueva presa…

 

11) Los Burger King son en realidad Hungry Jack’s. Esto en realidad no le compete solamente a Sidney porque es algo generalizado a nivel país. Resulta que aparentemente algún gracioso registró antes el nombre original en Australia (obviamente para sacar algún rédito económico cuando intentaran usarlo) y la famosa empresa de hamburguesas no tuvo más remedio que cambiarle el nombre. La realidad es que es lo único diferente, porque tanto el logo como la comida que ofrecen son la misma que en cualquier otro lugar del mundo.

Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (?)

Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (?)

 

12) Lo de “es una ciudad cara” es un mito: en Sidney también se puede viajar barato. Las alternativas para no gastar demasiado dinero son muchas. Como ya te conté en este, este y este otro post, podes conocer lo más importante de la ciudad simplemente caminando, sin desembolsar un centavo en transporte público. Pero, si algún día estás tan cansado que necesitas subirte a un colectivo y descansar un poco los pies, también tenes que saber que la ciudad cuenta con un bus gratuito que une Central St con Circular Quay, recorriendo todo a lo largo de George St, una de las avenidad principales de la ciudad.
Además de eso, si queres hacer alguna visita turística de esas que no están entre estas 10 cosas gratis para hacer en Sidney sino que implican poner algún que otro billete sobre la mesa, tené en cuenta que siempre está la posibilidad de encontrar algún Groupon con un super descuento para subir hasta lo más alto de la Torre de Sidney o ver algún espectáculo en la Opera House, por ejemplo. ¿Qué te pensabas, qué en Australia no existían estas páginas salvadoras que pueden conseguir cosas a mitad de precio?
Y si lo que te preocupa es cuanto vas a gastar por la conexión a internet porque juuuuusto el hostel que elegiste te cobra por horaminutosysegundos que usas (algo muy común, sobre todo en la zona de Central St), no te preocupes porque podes encontrar wifi gratis en cualquier Mc Donald’s, Hungry Jacks (están por todos lados), en la Biblioteca y hasta en la Aduana.
¿Y la comida? Acá viene la mejor parte. Si tenes una cocina disponible o aunque sea un microondas donde poder calentar alguna de las comidas ya preparadas o congelados, preparate para correr al supermercado vecino justo unos minutos antes de que cierre. En Australia tienen la costumbre de vender a precio ultra reducido todo lo fresco que no se vendió en el día y también esos productos que están por llegar a la fecha de vencimiento pero que a vos te sirven para hacerte un plato exquisito y super barato. ¡Voilá!

Todos van a usar el wifi de la Biblioteca

Todos van a usar el wifi de la Biblioteca

 

Y me olvidaba! No necesitas gastar plata en líquido, agua gratis por donde quieras!

Y me olvidaba! No necesitas gastar plata en líquido, agua gratis por donde quieras!

Mi primera vez con los canguros

Empecé a imaginar cómo sería estar frente a frente a un canguro desde antes de salir de Buenos Aires. Supongo que es algo que todos los que viajan a Australia tienen en la cabeza, por algo nos referimos a este lugar como “el país de los canguros”, ¿no? Unos días antes de partir, casi por casualidad, me enteré que había un parque, no muy lejos del centro de Sidney, en el que podías disfrutar de estos animalitos sin tener que pagar un centavo y, lo que es mejor, viéndolos completamente libres (la idea de ir a un zoológico sólo para poder verlos me parecía totalmente ridícula así que no estaba en nuestros planes).

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10 cosas gratis para hacer en Sidney

La computadora de mi último trabajo en Buenos Aires tenía una frase que me representaba y que, básicamente decía: “yo quiero todo lo que sea gratis”. Bueno, es verdad que puede dar lugar a que muchos piensen cosas un poco fuera de lugar, pero creo que ustedes, los viajeros que quieren ahorrar hasta el mínimo centavo porque eso significa que su viaje dure un poquito más, me van a entender. Porque si queremos ver todos los lugares que la Lonely Planet nos tilda como imperdibles, pero que exigen el pago de una entrada carísima, lo más probable es que nuestro presupuesto se vaya a la luna y terminemos quedándonos en rojo mucho antes de lo pensado.

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